Moyano calienta motores rumbo al paro del jueves

Su convocatoria demuestra que ya no es el líder fuerte que supo ser, aunque esté preparando el terreno para chocar con un gobierno que no parece muy interesado en evitarlo.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Hugo Moyano sabe que el tiempo se acaba para sus ambiciones políticas. Aunque maneja los hilos de un sindicato clave para el país, el gradualismo político y económico puesto en marcha por el gobierno lo ha puesto en una situación compleja. Aunque el aumento del tráfico ferroviario y portuario le quita peso a la actividad del transporte en camiones, todo queda en esa provocación que por sí sola no justifica una reacción.
El avance de algunas causas judiciales y la probable reelección de Macri le muestran un futuro sombrío, en el que ya no hay lugar para dirigentes como él, formados en otros tiempos de la historia.
Su convocatoria al paro del jueves próximo demuestra que ya no es el líder fuerte que supo ser, necesitado del efecto arrastre del comienzo del Mundial para tratar de conseguir adhesiones. No parece el mismo que lograba concesiones del poder político por bloquear las plantas de los diarios o los supermercados, ni el que amenazaba con despejar las rutas en aquel lejano conflicto del campo.
El gobierno sabe que todavía lo necesita, por ser el máximo exponente del aparato de base que permitió la expansión de la matriz de corrupción encarnada por el kirchnerismo, esa imagen que hoy despierta el rechazo de gran parte del electorado urbano que debió sufrir en carne propia los excesos de sindicatos y organizaciones sociales.
Ese perfil es el que trata de explotar la ministra de seguridad Patricia Bullrich cuando asegura que no van a permitir la actitud pendenciera de los que dominaron las calles hasta ahora, movilizando a las fuerzas del Estado para que se respeten todos los derechos.
Por eso el domingo, al ser entrevistado en C5N, Moyano salió a plantarse en defensa del paro del jueves. Desde allí, decorado con un muy prudente #SeVieneElEstallido con el que el canal buscaba impacto en las redes, lanzaba amenazante que si eran reprimidos se podía desatar una ola de protestas como las de Brasil, que sufrió el desabastecimiento por los bloqueos de los camioneros.
La ministra chicaneó al dirigente pidiéndole que no corte rutas, así se ve realmente la capacidad de movilización. Golpe bajo para el orgullo de alguien que probó las mieles de hablar ante una Plaza de Mayo llena.
Aunque no podemos saber a ciencia cierta qué va a pasar el 14, todo indica que ambos contendientes prefieren no iniciar la pelea, aunque la darían con fuerza si se desatara. Unos y otros siguen tensando la cuerda, esperando a que se corte o a que su contrincante trastabille.
Al líder camionero lo beneficiaría frente a los suyos si ante los desmanes -o un bloqueo- la justicia ordenara su detención. Le ayudaría a jugar la carta del preso político con la que el kirchnerismo intenta ocultar lo que el resto de los ciudadanos ve con claridad.
Al gobierno, en su intento por sostener su relato, un enfrentamiento similar al que tuvo Mestre con los colectiveros lo posicionaría en un espacio muy específico en la consideración popular. Un conflicto desgastante con uno de los dirigentes de peor imagen en la escena política nacional parece difícil de perder, aún llegando a una situación de desabastecimiento.
Aunque Macri y los suyos se caractericen por el ejercicio de la práctica política parsimoniosa, quizás estén buscando una buena zamarreada para acomodar a los que todavía tratan de construir un discurso que rompa con la dicotomía que tan bien les sienta al gobierno y al kirchnerismo.
Tal vez el jueves Patricia Bullrich tenga razón y se vea el verdadero poder de Hugo Moyano.
Será cuestión de esperar para saber si el gobierno acertó en el diagnóstico o si subestimó las capacidades de la figura más inquieta del arco sindical.



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