Acuerdo con el FMI: ¿Por dónde vendrán los recortes de las provincias?

Las transferencias no automáticas es una de las partidas que la Nación ajustará. Incluyen, por ejemplo, financiación de obras que ejecutan los gobernadores o programas como el del incentivo docente.

Por Gabriela Origlia

FMIDespués de la definición del acuerdo entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional por US$50.000 millones, llegan las negociaciones de cara al presupuesto 2019, sobre dónde deberá ponerse el acento para cumplir con la meta de déficit de 1,3% del Producto. Claro que el programa de recortes tendrá impacto también en las provincias.
Los márgenes para ajustar que tiene la Nación son bastante limitados ya que buena parte del gasto es inflexible. Según el Iaraf, las partidas más expuestas son subsidios (0,8% del PBI van a transporte y 0,7% a electricidad); las transferencias corrientes no automáticas a las provincias (1,5% del Producto) y el gasto de capital (1,5%). De ese 3,8% debería lograrse el ahorro de entre $170.000 millones y $200.000 millones que se requieren para 2019.
Los recortes no tienen por qué ser parejos; el viernes el ministro Nicolás Dujovne, por ejemplo, sostuvo que la política de quita de subsidios continuará como estaba programada, lo que implica que del total asignado el año que viene debe achicarse 18,5% en transporte y lo mismo en electricidad.
Las provincias afrontan el ajuste que viene en mejores condiciones que en años anteriores; las deficitarias son pocas y los giros por coparticipación vienen creciendo en términos reales y lo continuarán haciendo a buen ritmo en 2019 cuando –salvo San Luis, Córdoba y Santa Fe que ya cobran- la pre coparticipación subirá tres puntos más por los fondos que ya no se giran a Anses.
Un trabajo de los economistas del Ieral Marcelo Capello, Luis Laguinge y Lucía Iglesias describe que los sueldos son el principal componente del gasto público provincial: más del 46% del total de erogaciones del consolidado provincial está explicada por este concepto. El resto tiene una participación relativamente inferior; las transferencias totales (corrientes y de capital) representan más del 20% del total (incluyen regímenes de transferencias a sus municipios), las prestaciones previsionales más de un 12% (la mitad de las provincias no transfirieron sus cajas previsionales a la Nación), la inversión pública un 9,3%, y el resto de erogaciones (incluido los intereses) un 12%.
Las partidas para el funcionamiento del consolidado provincial pasaron del 6,7% del PIB en 2005 al 10,1% en 2015 (+3,5 puntos porcentuales) fundamentalmente por el aumento del gasto en salarios, que en términos del Producto fue de 3,3 puntos porcentuales en 15 años.
Entre 2005 y 2015,la planta de personal ocupada en el sector público provincial se incrementó casi cuatro veces más que el aumento de la población en ese período. De todos modos, es impensable que en épocas de enfriamiento de la economía privado el Estado expulse gente; lo probable es que el salario de los estatales se actualice a menor escala de lo que fue en los últimos años.
La obra pública en las provincias sufrirá seguramente el recorte de partidas nacionales, por lo que los gobernadores –si no quieren perderla- deberán hacerse cargo de aquellas que eran financiadas por la administración central o, si mejoran las condiciones de financiamiento, conseguir privados interesados en invertir.
Por el lado de la deuda, en los últimos dos años, los gobiernos provinciales salieron al mercado externo de capitales en busca de financiamiento. En esos dos años, el consolidado provincial emitió deuda por más de USD 11.000 millones, a una tasa promedio del 8%.
La devaluación -cerca de 50% desde noviembre de 2017- afectará en mayor medida a las provincias que este año deban destinar un mayor porcentaje de sus ingresos corrientes al pago de servicios de deuda. En esa lista, al tope se encuentran Chubut (7,3%), Buenos Aires (5,8%), Neuquén (5,1%) y Mendoza (4,5%). Al igual que la Nación deberán frenar la colocación de deuda afuera hasta que no cambien nuevamente las condiciones externas, una proyección que –por ahora- no se da.