El debate sobre el aborto, ¿una Caja de Pandora para Macri?

¿Ha destapado Macri una Caja de Pandora? ¿Ha sido esta cooptación feminista una maniobra realista? ¿Podría volverse en su contra, cualquiera fuere el resultado y a despecho de su encomiable voluntad de hablar frontalmente sobre el asunto?

Por Pablo Esteban Dávila

Luego de prolongadas exposiciones en comisión, entre las que hubo que escuchar, incluso, que tales políticas son promovidas por el FMI, el tema de la despenalización del aborto llegará en los próximos días al recinto de la Cámara de Diputados para ser tratado sobre tablas.
Será un debate memorable que, es de esperarse, tendrá un interesante vuelo intelectual y científico. Si la política de audiencias públicas promovida desde Diputados ha tenido algún mérito, este ha sido el poder escuchar a todo aquél que tuviera algo para decir al respecto, sin otra limitación que es respeto y más allá de los famosos que fueron privilegiados en la retransmisión mediática. Hacía mucho que un tema de tanta envergadura no tenía un tratamiento condigno en el Congreso.
Los pronósticos sobre lo que podría ocurrir en la votación son cerrados. La posición antiabortista tendría una leve mayoría, pero todavía hay muchos diputados que permanecen indecisos. Algunos de ellos puede que tengan reales problemas de conciencia, pero otros se encuentran reflexionando desde el punto de vista del cálculo político. ¿Qué es lo que conviene hacer? El tema no admite ninguna clase de gris redentor en el cual refugiarse. Cuando haya que votar se develarán todas las posiciones y habrá que hacerse cargo de las consecuencias.
La despenalización del aborto es una cuestión transversal. Cosecha apoyos y rechazos a derecha e izquierda del espectro político, y no ha sido extraño advertir la convergencia entre funcionarios del gobierno y furiosos opositores, sea a favor o sea en contra de la iniciativa. El solo comprender que diputados de Cambiemos votarán juntos a otros de Unidad Ciudadana mueve a sorpresa.
Esto generalmente sucede cuando se trata de un asunto de conciencia, pero no debería ser un fenómeno limitado a ello. Las democracias maduras (y la de nuestro país no califica en tal atributo) suelen debatir sobre cuestiones en las que las diferencias ideológicas se difuminan y las fronteras entre los partidos dejan de ser tan nítidas. Es bueno que así ocurra; en el fondo, significa que pueden existir espacios de cohabitación programática, exentos de la lógica oficialismo – oposición que, llevada a extremos, resulta disfuncional para la supervivencia del sistema.
Esta transversalidad ha traído, no obstantesu previsibilidad, ciertos dolores de cabeza. La migraña es especialmente notoria enre los funcionarios de Mauricio Macri. Aunque el propio presidente sentó su posición “a favor de la vida” al momento de habilitar el debate, muchos de sus colaboradores se vienen manifestando a favor de la despenalización. Ayer, un nutrido grupo de legisladores y militantes oficialistas se sacaron una foto frente al Congreso ostentando los pañuelos verdes que caracterizan a esta corriente de opinión.
El grupo no es particularmente numeroso dentro de Cambiemos (64 diputados se oponen y 34 apoyan el proyecto) pero, como ocurre con quienes defienden la iniciativa abortista, se muestran más intensos que los demás. Es un hecho que, quienes prefieren el estatus quo, se escudan detrás del pacto de convivencia establecido por la coalición: nada de militancia interna por los votos. El acuerdo parece naufragar a las vísperas del debate.
Tratándose del oficialismo y de su particular estilo, puede que, al final, las discrepancias puedan ser manejadas en forma civilizada (más allá de la algarada que se comenta), pero esto no es posible de garantizaren el resto de las posiciones políticas. No obstante que la votación podría favorecer a cualquiera de las dos posturas en pugna, las reacciones que pudiera provocar la aprobación o el rechazo del proyecto serían bien distinta según el sector.
Si se rechazara, quienes detentan posiciones despenalizadoras continuarían manifestándose ruidosamente por un largo tiempo, en tanto que, de aprobarse, los sectores antiabortistas fatigarían los tribunales procurando su inconstitucionalidad hasta llegar a la Corte Suprema. ¿Hasta qué punto complicaría la vida política del presidente cualquiera de estas posibilidades? ¿Sería neutro para sus ambiciones, contento como lo está de haber habilitado la discusión de un tema que, hasta ahora, se había barrido bajo la alfombra?
Las perspectivas indican que la neutralidad, aunque deseable, bien podría no verificarse. De sancionarla Diputados, la iniciativa pasaría al Senado de la Nación, donde el expediente no se trataría con la celeridad de la Cámara Baja. Es altamente probable, incluso, que su tratamiento se difiriesepara el próximo período legislativo que, como cualquiera puede adivinar, caerá en un año eminentemente político.
Las consecuencias son predecibles. Un tema como el aborto teñiría cualquier campaña, diluyendo los apoyos y sumando una emotividad diferente a la campaña. Los candidatos a legisladores, con más razón quienes se postulasen por primera vez, serían escrutados públicamente sobre su posición personal, y es seguro que esta sería una de las varas con la que la opinión pública calibraría sus simpatías. El combo podría resultar sorprendente, y no siempre del agrado del presidente.
¿Ha destapado Macri una Caja de Pandora? ¿Ha sido esta cooptación feminista una maniobra realista? ¿Podría volverse en su contra, cualquiera fuere el resultado y a despecho de su encomiable voluntad de hablar frontalmente sobre el asunto?
Todo dependerá de lo que ocurra en adelante. Si Diputados lo rechaza, probablemente haya un período de agitación, siempre peligroso para un gobierno que no las tiene todas consigo, pero que tal vez no dure mucho tiempo. Ahora bien, si es finalmente aprobado, el debate continuará, seguramente in crescendo. De llegar a 2019 sin resolverse, formará parte de una campaña electoral anticipada, postergando asuntos tan centrales para la coyuntura como el gasto público, la inflación o la herencia K. Lo que es seguro, y no puede reclamarse méritos de prestidigitador por señalar tal cosa, es que el tema no se detendrá hasta llegar a la Corte. Al final, serán los supremos los máximos legisladores, el símbolo más exacto de un país que se resiste a aceptar lo que decidan las mayorías parlamentarias pese a que, en este caso, la transversalidad haya perforado las ideologías y los partidos.



1 Comentario

  1. Para Macri no es ninguna Caja de Pandora, pues el habilitar el tratamiento del tema no lo convierte en RESPONSABLE DEL RESULTADO. Mas cuando el personalmente ha tomado posición. Además demuestra la convivencia democratica entre sus funcionarios y legisladores que tienen posiciones antagonicas frente al tema, respetandose civilizadamente su forma de pensar. Tampoco lo habría sido si Cristina Fernández hubiese habilitado el tema, tal como lo hizo al permitir que una extrapartidaria como Patricia Walsh presentara y obtuviera la votación favorable a la cuestion de genero, de incidencia social tan grave como esta. Si sale negativa la votación, tiene a su favor de que fué el HABILITANTE y enfrentó hasta cierto malestar de la Iglesia por ser permisivo. No especuló ni siquiera con la relación con el Papa Argentino, tal como habìa acaecido con CFK. Ahora, si el FEMINISMO DE IZQUIERDA quiere ir CONTRA Macri, lo hara cualquiera sea el resultado. Es mas, las pro aborto, tendrían que enarbolar banderas en favor al G-20, pues en la cumbre de mujeres del G-20 recomendaban al gobierno Argentino a no penalizar el aborto. Asimismo deberían llevar banderas del FMI, pues según el cura Pepe, el FMI apoya al aborto. ¿En que quedamos? ¡La izquierdas y el establishment COINCIDEN!

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