Cristina y Mauricio renovaron sus votos

Con la mención expresa por parte del presidente y la oportuna respuesta de la ex mandataria, Mauricio y Cristina decidieron elegirse nuevamente como adversarios.

Por Javier Boher
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El tiempo corre y Cambiemos se va quedando sin opciones para evitar que la oposición sancione su proyecto para retrotraer las tarifas a un punto lejano en el tiempo y la inflación. La fragmentación del peronismo no se nota en las negociaciones que pusieron al gobierno contra las cuerdas.
Como cada vez que la cosa se ha hecho cuesta arriba, el presidente decidió poner el cuerpo y dar la pelea de manera frontal. Esta vez fue con un mensaje dirigido a los senadores que tendrán la misión de votar el proyecto en la sesión de mañana.
En dicho mensaje apeló a la sensatez del peronismo dialoguista, aquel en el que se ha recostado para destrabar leyes complicadas y para implementar políticas locales que antes dependían de burocracias reacias a la colaboración.
Pero eso no fue lo único que dijo. Aprovechó el momento para convocar a alguien con quien todavía no le ha tocado rivalizar de manera directa. Mencionó expresamente a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, endilgándole ser la que motoriza estas “locuras”.
Interpretando el papel que mejor le queda, la actual senadora reconvirtió los dichos de Macri y se presentó como víctima de violencia machista. “Tratar a la mujer de loca. Típico de machirulo” fue lo que tuiteó, haciendo delirar a la multitud de feministas que demandaban más contundencia en los pronunciamientos de la señora respecto a cuestiones centrales al movimiento.
Con la mención expresa por parte del presidente y la oportuna respuesta de la ex mandataria, todo resultó como ambos pretendían. Como esas parejas de película que renuevan sus votos en alguna playa caribeña, Mauricio y Cristina decidieron elegirse nuevamente como adversarios.
Aunque sus votos no destilen dulzura, retrotraen a más de uno a aquella ley de hierro de la escuela primaria que reza que “los que se pelean se aman”. Los dos saben que son su mejor opositor, por eso se estiran la mano.
La jugada de Macri sigue bastante clara, tratando de interceder en la interna peronista para separar la paja del trigo.
Por tal motivo recibió al gobernador Urtubey con los honores destinados a un mandatario extranjero. Lo considera el líder de un peronismo institucionalista, moderno y dialoguista, aunque lo ubicó estratégicamente a su derecha. Del otro lado, como en un malón de salvajes, Cristina y sus seguidores, a los que oportunamente relegó a su izquierda.
Al centro, dispuesto a juntar los que se desprenden de cada lado, Macri hace equilibrio como la opción que se diferencie de ambos polos, garantizando ser la cuña que evita que se acerquen.
La parada de mañana demostrará si el gobierno tiene la habilidad para torcer la votación o el coraje para vetar la ley. Para lo primero necesita a sus aliados del peronismo dialoguista. Para lo segundo, compartir el costo político señalando a un responsable.
Este escenario parece el más probable, por lo que seguramente estará preparando las cosas para hacer un veto propositivo, responsabilizando a Cristina, impulsando el proyecto oficialista y halagando la actitud de la oposición “madura”.
Independientemente del desenlace de la votación en el Senado, seguramente empezaremos a ver más seguido estas rencillas dialécticas entre Macri y Fernández de Kirchner, porque tanto él como ella sienten que la llave para la victoria está en identificar al otro como todo lo que ellos no son.



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