Vinos provincianos en lo de Cordero

Un depósito instalado en Córdoba distribuía y exportaba vinos de La Rioja, San Juan y Mendoza en la década del setenta del siglo XIX.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Naturaleza muerta y vino del artista inglés contemporáneo Raymond Campbell.

Ya figuró en esta sección el nombre de Francisco Cordero, un comerciante que abrió en la ciudad de Córdoba un gran depósito de vinos de La Rioja, San Juan y Mendoza, en 1870. Se encuentran menciones sobre ese establecimiento en diversos diarios de esa época, debido a la calidad de los vinos y al volumen que vendía Cordero no sólo en Córdoba sino en otras plazas. Su depósito centralizaba la oferta de una producción de vinos conocidos entonces como “de la tierra”, por oposición a los que llegaban importados de Europa. Se trata de una producción temprana que adquirió impulso en esos años en que se iniciaba la especialización vitivinícola cuyana y la modernización agrícola ganadera de la zona pampeana, con la inestimable ayuda de los ferrocarriles ingleses. A este respecto ilustra un artículo del diario El Eco de Córdoba de septiembre de 1870, encomiando el depósito de Cordero, donde recordaba la situación previa de la industria del vino provinciana: “Los que se dedicaban a su elaboración en San Juan, Mendoza y La Rioja, tenían que atravesar larguísimas distancias y estar expuestos a miles de contratiempos, para poder obtener su venta, que las más de las veces no alcanzaban su valor a cubrir los gastos.”
En este mismo diario local, el 8 de noviembre de 1870 se encuentra una referencia a aquella bodega en que daba una idea de la distribución que se hacía desde el centro del país:
“Los vinos notables
El que siembra buena semilla, recoge excelente fruto.
Esto lo aplicamos al Depósito de vinos del Sr. D. Francisco Cordero, que cada día gana en popularidad, no sólo aquí, sino en Buenos Aires, Montevideo y otras partes.
Casi no hay día en que no se haga una remesa de vinos, perfectamente encajonados y en la cantidad que se pide.
En Montevideo, como en Buenos Aires, se han hecho apuestas por gruesas sumas, desafiando los vinos del Depósito del Sr. Cordero a los mejores que dizque vienen de Europa.
El éxito no es dudoso: ¡ganarán los vinos argentinos y serán saludados como los más exquisitos de las cinco partes del mundo, entre una estruendosa lluvia de aplausos!!!
La canela, de que tanto nos han hablado los andaluces, hasta ayer era un secreto, pero ha dejado de serlo desde el momento en que se conocieron los vinos del Depósito del Sr. Francisco Cordero.
Garantimos esta gran verdad.”
La proximidad de la Exposición de artes y productos Nacionales (cuya apertura se había anunciado para el 17 de abril de 1870, pero que sería inaugurada recién en octubre de 1871) posiblemente tuvo algo que ver con la instalación del depósito de vinos. Lo cierto es que desde un principio estuvo prevista la participación de la producción vitivinícola “de la tierra” en la Exposición, y el diario El Eco había comentado en la publicación antecitada, ladel mes de septiembre de 1870, que “el Sr, Cordero se prepara para presentarse en la Exposición Nacional con sus vinos y podemos asegurar, desde luego, que obtendrá el primer premio, porque es imposible poder ofrecer, no diremos un vino, un néctar más exquisito ni más agradable.”
Se puede encontrar algunos otros flashes de Cordero y de sus vinos en anotaciones que sacaba el semanario La Carcajada en 1871, en los días previos a la inminente apertura de la Exposición Nacional. Por ejemplo, unos meses antes, el 18 de junio,se lee:
“No se crea que es bombo, ni mucho menos bombo pagado. Los vinos de Cordero serán excelentes por SeculaSeculorum.
No sabemos de qué se vale este diablo de hombre para conservarlos en un estado que son capaces de gustarle al mismo gobierno.
Hago moción por que se le nombre inspector general de vinos.”

Y en el tono propio de la publicación satírica cordobesa, hay otras menciones que apuntan a señalar defectos en las estrategias de atracción que ideaba el Sr. Cordero para su negocio, como se puede ver en la siguiente cita:
“El reverendo padre Fray Francisco Cordero, de la orden Vinera, se le ha metido en la cabeza y no hay quien lo haga desistir, que para hacer más notables sus vinos de San Juan y La Rioja, es necesario poner un espantajo en el medio de la calle.
Si lo que no haga este Fray Cordero, ni D. Belindo es capaz de hacerlo.”
Puede imaginarse que el espantajo fuese un muñeco o algún cartel llamando al público. El caso es que las chicanas de La Carcajada se manifiestan de nuevo ya en octubre, mes de apertura de la Exposición. Claro, a un año y medio de postergación del evento, se notaban los efectos del paso del tiempo:
“Si los vinos que tiene el cura Cordero son de la calidad del género que ha ocupado para la bandera, de seguro que no sirven para maldita la cosa; pues de azul y blanca que era aquella, ha quedado convertida probablemente en bandera ranquelina.
Sr. Presbítero, tenga la bondad de cambiar de bandera, si no quiere dar lugar a conjeturas. “

Y por fin abre la Exposición, toda la ansiedad contenida se manifiesta, así como las decepciones y entretanto, con el correr de los días, don Francisco Cordero es otra vez el foco de atención del semanario joco-serio, a mediados de noviembre. El motivo, la honrosa participación de sus vinos entre los productos nacionales que se mostraban en Córdoba. Tal como lo había profetizado El Eco de Córdoba, sea por certeza o por chauvinismo. El relato de La Carcajada no oculta su alegría por ese triunfo, y tampoco oculta su mangueo a don Francisco Cordero:
“Che Cordero, cómo te has estirado tanto en estos días?Diablos! Desde que hablaste con Sarmiento te has vuelto más grande:
Cómo te ríes, bribonzuelo!
Que es ello!
Por qué saltas, brincas y bailas?
Por qué convidas con tantas copas y botellas?
Oh! sorpresa, estáis con una medalla de oro y con un talego de patacones, Canarios!
Y de dónde?
Venta de vinos? – No.
Obsequio de algún inglés? – No.
Premio sacado? – Sí, sí, siiiiii!
Hombre, te felicito; al cabo la burra había de salir de parto.
¡Viva Cordero Francisco!
Vivaaaaaaaaa!
¡Vivan los vinos de Cordero!
Vivaaaaaaaaan!
(Entre paréntesis – mándame algunas botellas, che! Francisco, y no te hagas el sordo, ya sabes quién soy.)”



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