Gobierno y sindicalismo combativo, en lucha por las formas

Paritarias, acuerdo con FMI y devaluación hicieron explotar la agenda sindical en los medios, algo que el gobierno parece decidido a aprovechar.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Buenos Aires, 2020. Una epidemia ha arrasado la ciudad. No queda nada en pie, tan sólo unos viejos y desvencijados taxis que se resisten a abandonar sus tareas. Aunque ya no queden pasajeros, ellos seguirán luchando por mantenerse en circulación. Se sabe que los días más felices siempre fueron, son y serán peronistas.
Debajo de la superficie de la tierra ardiente, trashumando como los ejércitos malditos que traicionaron a su patria, los metrodelegados mantienen su dominio sobre la red de estaciones subterráneas que ya no tienen más artistas callejeros, que huyeron temerosos para no contradecir a los dueños del inframundo.
Todo vestigio de modernidad ha desaparecido. No existen casas de comida rápida, cajeros automáticos, espacios con wifi ni tolerancia a la disidencia. Sólo existen las hordas de sindicalistas que se han apropiado de los espacios públicos de la capital del país.
Como toda epidemia repentina, fue imposible establecer un perímetro de seguridad para poner en cuarentena a los infectados. Rápidamente el mal se extendió por todo el territorio patrio, dejando a los indefensos trabajadores a merced de las maras sindicalistas, obligándolos a abandonar un territorio que ya no les pertenece.
Aunque el relato distópico pueda ser una herramienta interesante para descargar los peores temores en un escenario altamente improbable, también es cierto que ayuda a tomar real dimensión del problema que afecta a parte de la población argentina.
Luego del reacomodamiento del tipo de cambio (y con una inflación que terminará superando la que tan ambiciosamente proyectaron antes del baño de realidad) los sindicatos decidieron recuperar parte de la iniciativa política.
La disconformidad con las negociaciones por paritarias -sumado al previsible ajuste que se pondrá en marcha tras el restablecimiento de negociaciones con el FMI- hicieron explotar la agenda sindical en los medios, algo que el gobierno parece decidido a aprovechar.
El caso de las bandas de taxistas anti-Uber en Buenos Aires (que ya registra preocupantes episodios de violencia), sumado a las escenas que se registraron ayer cuando se desalojó a los metrodelegados que impedían el libre funcionamiento de los subtes, el llamado a paro docente en Buenos Aires y Córdoba o el paro de los trabajadores de EPEC son un síntoma de la búsqueda de un tema que logre incomodar al gobierno.
La intencionalidad política de los hechos es innegable, pero la victimización del gobierno es incomprensible. Parte del cansancio o decepción que registran las encuestas que regularmente encarga el macrismo se puede explicar por la falta de convencimiento para atacar ciertos problemas con la firmeza de un gobierno legítimamente electo.
Si los sindicatos se movilizan, los partidos opositores fuerzan iniciativas en las cámaras, los gobernadores se plantan o los empresarios se quejan, todo eso corresponde al libre ejercicio de la política. No tiene sentido el llanto.
Que los responsables no puedan manejar con habilidad la situación no significa que haya un intento de desestabilización y golpismo, aunque claramente los que se movilizan se sentirían más cómodos bajo otro paraguas politico. Así funciona la política, lejos de las cenas y cócteles a los que acudían como empresarios. Se trabaja en el barro, incómodo.
Pese a todo, tras la detención de Segovia el gobierno parece decidido a escuchar a los sindicatos que hacen de interlocutores de los trabajadores comunes, los que entienden que los relatos con los que pretende seducirlos el sindicalismo combativo son tan irreales como aquel que inició el presente relato.



1 Comentario

  1. ¡Por algo, Alfonsin , cuando se le preguntó sobre si se habìa arrepentido de algo, dijo. “¡Si, de no haber trasladado la Capital a Viedma, aunque sea en una carpa me tendría que haber ido”!. Y es cierto, el hecho de que en la CABA esté la casa de gobierno, pareciera que TODO lo que sucede allá es ARGENTINA y vale para ser tomado en cuenta y tiene hasta repercusiones internacionales. Basta ver el caso del mediocre sindicalista Segovia del Subte y toda la trascendencia que tiene. En Còrdoba tuvimos el año pasado DIAS de tensión por la UTA, sin embargo aparecía como una nota de sociales. Tanto por subte en la CABA como en el transporte publico Cordobes, se equiparan la cantidad de pasajeros diarios, sin embargo, no se ocuparon con la misma dedicación en portales periodisticos ni programas con panelistas de los padeceres de los Cordobeses.

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