Agustín Druetta lanza La Mala Palabra, su nuevo disco

Agustín Druetta deslumbra con un disco contundente que invita a dar un paseo por varias estaciones anímicas, eso sí, hay que ponerse el cinturón de seguridad.

Hay que salir del agujero interior



Por Santiago Pfleiderer
spflei.prensa@gmail.com

Hay horas en las que un mate y un whisky dan lo mismo. Fumar un pucho con el sahumerio prendido, la penumbra de una habitación repleta de papeles, libros y discos, una guitarra sin funda.
Las tardes del otoño cordobés se tiñen de sepia cuando el sol se acuesta perpendicular en el poniente y el aire fresco busca lanas.
Hay horas en las que se extraña una salamandra, un hogar con leñas prendidas, el olor del humo pegado en la ropa. El ruido de la pava. Mate o café. Whisky o ginebra. El pan con manteca. Un chocolate. La olla de guiso.
El sol dormido de occidente, el perfume de la yerba, una computadora tecleando, los parlantes sonando. El otoño invita a magias para la introspección, para los naufragios mentales, ideas flotando en lagunas de aguas oscuras. El periodismo junto al arte resulta un maridaje perfecto para saborear las delicias que ofrece una ciudad con sus manjares escondidos en la alacena. Por suerte la tecnología y las redes nos ayudan a descubrir y a disfrutar de propuestas que nos devuelven un soplo de aire entre tanto desconcierto y mareo, entre tanto bombardeo de informaciones indigeribles. Y en ciertos climas de tensión y acartonamiento en los que muchas veces nos vemos inmersos, incluso los periodistas y quienes hacemos un uso “profesional” de la palabra, es necesario romper un poco los moldes y las estructuras, dejarse llevar un poco, no dejarnos vencer por la moral que muchas veces es aliada de la hipocresía.
Entre mates y tecleos, escucho el nuevo disco de Agustín Druetta titulado La Mala Palabra. Y se me vienen algunas reflexiones en torno al uso estético y político de algo ajustado al dedo acusador de la moral y las buenas costumbres.
En el Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en la localidad de Rosario el 17 de noviembre de 2004, el dibujante y escritor rosarino Roberto Fontanarrosa disertó en torno a la discusión del uso de las malas palabras. “¿Por qué son malas las palabras? ¿Les pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras? Las malas palabras reflejan una expresividad y una fuerza que difícilmente las haga intrascendentes. Cuidemos de ellas, integrémoslas al lenguaje, porque las vamos a necesitar”, convidó el rosarino haciendo una defensa de las palabrotas en un discurso lleno de inteligencia y humor. Quizá el valor de esa apuesta resida en el hecho de justicia artística, poética y política de que, al fin y al cabo, las malas no son las palabras sino las intenciones.
Y en ese plano vengo escuchando el nuevo disco de Agustín “Drupi” Druetta, un talentoso músico cordobés nacido en julio de 1988. El tipo en cuestión ha realizado estudios en composición en la música popular en la Universidad Nacional de Villa María, ha sido conductor radiofónico en la emisora de la misma Universidad y también en Radio Gigante. Como músico ha desarrollado una intensa carrera como guitarrista y cantante del grupo de rock local Ole Blando! junto a una tropa de tremendos músicos como Julián Fanzini (guitarra y voz), Lorena Deza y Sofía Bonessi (voz y coros), Santiago “Planta” Viale (bajo y coros), Mathi Molina (saxo), Jorge Martínez y Lucas Ninci (teclados), y José “El Negro” Gómez (batería). Ole Blando! lanzó un disco homónimo en el 2011 y otro titulado “S_/_D” en el 2013.
Luego de un largo período de inactividad de la banda, Druetta conformó en el 2015 otro proyecto musical con amplia llegada llamado Los Primos de la Bigornia con el cual presentaron temas como “Todo mal, boló” y “Acaba de ser papá y está de caravana”. A esta altura el Drupi ya derrochaba un aura artística completa con condimentos de intelectualidad, bohemia, humor, trova y rock and roll; una mezcla perfecta entre Tom Waits y Leonard Cohen, entre Silvio Rodríguez y Zambayonny. Un artista con el cual a cualquier hora da para charlar y pasar de la amigable rusticidad del mate a la melancolía madrugadora del whisky, sin escalas.
En marzo de 2017, en el acto por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, Agustín Druetta debutó con la agrupación Doctos, un supergrupo conformado por músicos y poetas como Carlos Salinas, Claudio Sarmiento, Enrico Barbizi, Marcos Luc, Edgardo Contizanetti, y otros.
Este 2018, Drupi deslumbra con un nuevo trabajo discográfico, su primer laburo solista titulado La Mala Palabra, un disco contundente y hermoso de 11 canciones que invitan a dar un paseo por varias estaciones anímicas, eso sí, hay que ponerse el cinturón de seguridad.
El disco cuenta con una variedad interesante de registros musicales pasando por el rock crudo, baladas, valsecitos, canciones latinas y coqueteos con diversos géneros. La poesía se plasma en una letrística despojada, en busca de una ingenuidad que transmita paz, en busca de la sorpresa, lo impulsivo y pasional, con bronca adolescente. Canciones que van al hueso de las situaciones, que rompen el desencanto con ironía y humor, con compromiso y sangre.
En el álbum participan Agustín Druetta (voz y guitarras), Sofía Bonessi y Agustín Lasa (coros), José “El Negro” Gómez (batería y percusión), y Nacho Ramia (bajo). Además hay invitados como Marcos Porras (bajo), Chelko Pajón (bandoneón), Diego Bravo (teclados), Sebastián Bergallo (bajo), Antú Bratosevich (quena), y Papi Chimi Romero (voz).
El material se grabó entre julio y diciembre de 2017 en Desdémona Estudio bajo la tutela profesional de Martín y Sebastián Bergallo.
La Mala Palabra funciona como una provocación, como una actitud punk que invita a revolear una piña contra lo acartonado, almidonado y lo estructurado. El arte como una puteada salvadora y necesaria. Si total, las malas son las intenciones.



Dejar respuesta