Los codiciosos no quieren escuchar al presidente

Por su naturalización de la codicia, ni la ex presidenta, ni los empleados de EPEC ni los jueces se deben haber sentido aludidos cuando ayer el presidente llamó a terminar con los privilegios.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

La voracidad con la que algunos personajes se vuelcan a los fondos públicos es llamativa. Lejos de actuar guiados por una pulsión solidaria o desinteresada -poniendo el interés general antes del interés particular- actúan maximizando beneficios siguiendo al pie de la letra los supuestos de la teoría económica.
Separados por cientos de kilómetros, pero con pocos días de diferencia, Luz y Fuerza y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner demostraron que la codicia es un mal que se extiende hasta niveles insospechados.
Aunque lógicamente los trabajadores de EPEC pretenden mantener sus beneficios (logrados por un sindicato históricamente fuerte), las escenas que se vieron en la toma de la sede central no se corresponden con el nivel de civilidad que cabría esperar de parte de la aristocracia laboral cordobesa.
Sin embargo, y pese a la barbarie, si algún vocero de Luz y Fuerza se preguntara sobre los privilegios que tiene el Poder Judicial -que todos evitan tocar- prácticamente nadie podría justificar que unos los tengan y otros no. Con un presupuesto que cuadruplica al del Poder Legislativo, los responsables de impartir justicia según criterios de igualdad ante la ley demuestran que son iguales en su voracidad por los fondos públicos.
Lo que más despierta la ira entre los trabajadores mejor remunerados es algo sobre lo que ya se ha hablado mucho, y es el hecho de que los jueces no pagan Impuesto a las Ganancias. Casualmente lo mismo que sucede con la pensión que percibe la ex presidenta.
La actual senadora por la provincia de Buenos Aires recibe, como viuda de un ex presidente, alrededor de $180.000. Como vivir en Recoleta y viajar a Santa Cruz no es económico (pese al plus por desarraigo y gasto de representación que percibe actualmente), su lucha es por que le restituyan su ingreso como ex mandataria, que es virtualmente el mismo que el que hoy percibe.
Por sus doce años al servicio de la patria como Jefa de Estado o Primera Dama, pretende recibir en la mano y libre de impuestos $360.000. Un auto de gama media por mes y de por vida.
En su visita a Miramar el presidente Macri volvió a repetir que en Argentina se tienen que terminar los privilegios. Aunque él no pueda presumir de su origen humilde, su propuesta puede prender rápidamente por el hastío que sienten los contribuyentes cuando ven o escuchan cosas como las de la ex presidenta o los empleados de EPEC.
Aunque a muchos la situación socioeconómica del presidente los lleva a descargar fuertes críticas -mayormente clasistas- es difícil negar que la rapacidad de los que olfatean las arcas públicas es considerablemente peor que la riqueza de cuna de la que puede presumir Macri.
Cuando disfrutan sus elevados ingresos a costa de los contribuyentes, mientras cuestionan o ridiculizan a los empresarios para aparentar una identidad popular, exhiben su peor cara.
Porque además de la codicia, se florean luciendo su terrible hipocresía.



Dejar respuesta