El relanzamiento

Un capítulo aparte de la operación relanzamiento es la relación con los gobernadores justicialistas. Mantener este activo vigente es un resorte que el presidente se reserva para sí. Todavía se recuerda su inédita foto de familia rodeado por los mandatarios provinciales, apenas horas después de su llegada a la Casa Rosada.



Por Pablo Esteban Dávila

Mauricio Macri tiene una certeza: ha superado una crisis potencialmente grave. Más allá que los expertos hayan coincidido en que las recientes turbulencias económicas no fueron, en definitiva, tan serias (o al menos, no más peligrosas que las que se abatían periódicamente sobre la administración del kirchnerismo), lo cierto es que el gobierno nacional festejó como un triunfo el final de las fluctuaciones del dólar y la masiva compra de LEBACS por parte del mercado.
Esta percepción ha inducido al presidente a relanzar su gestión. En realidad, no lo ha dicho en forma explícita, pero sus recientes señales sugieren que este es el norte. Sin embargo, y desde una perspectiva desapasionada, no es una noticia estrictamente alentadora: detrás de todo relanzamiento existe una recaída previa que es preciso dejar en el olvido. Mejor sería no hacerlo en absoluto.
La gestualidad es explícita. Primero, una conferencia de prensa alejada de cualquier fatalismo; luego, la integración de una mesa política con viejos conocidos y, finalmente, una visita a Córdoba, su distrito electoral favorito, en donde gobierna su opositor preferido. Es un remake de los momentos fundacionales del gobierno de Cambiemos.
Su conferencia de prensa fue un acierto. Dejando de lado a algunos laderos bienintencionados, el presidente se resistió a apelar a la Cadena Nacional para comunicarse con el país: – “demasiado K”. Prefirió, en cambio, un diálogo con la prensa, al estilo de los que supo mantener a comienzos de su mandato.
La movida resultó acertada. Se mostró amable, claro en sus explicaciones y firme en sus propósitos. Logró que buena parte de los medios se mostraran empáticos con sus intenciones y su modo de comunicar lo ocurrido. Cayó bien, inclusive, que reconociera que su optimismo le había impedido informar adecuadamente sobre el desastre heredado, aunque no fueron estas sus estrictas palabras. No son conceptos que un presidente típico hubiera escogido, pero forman parte del estilo descontracturado con que Macri prefiere relacionarse con la opinión pública.
Otro elemento interesante, surgido también en las últimas horas, consistió en la resurrección de la mesa política presidencial. Meses antes y, especialmente, meses después de las elecciones legislativas, Macri había preferido limitar sus consejeros a los que le arrimaba Marcos Peña. ¿Para que molestarse con más gente si los resultados electorales hablaban por sí solos? Para un cartesiano como él, innovar sobre el asunto hubiera consistido en una pérdida de tiempo.
No obstante, la crisis cambiaria y el consiguiente desasosiego le enviaron un mensaje del tipo que no se olvidan: cuando las papas queman, la soledad se acentúa. Si la máxima del Martín Fierro respecto a que “siempre es bueno tener un palenque donde rascarse” es correcta, pues entonces el presidente advirtió que la cantidad de palenques a mano era un bien que tendía a la escasez, igual que el dólar. Y lo que es escaso se vuelve caro.
Esta certeza lo llevó a amnistiar a Emilio Monzó y recuperar a su viejo mentor y amigo, Ernesto Sanz. El exsenador fue presentado astutamente como un interlocutor radical de pura cepa, algo confirmado por el presidente de la UCR, el también mendocino Alfredo Cornejo. Sin embargo, es un hecho que Macri, en realidad, impuso un faitaccompli a sus socios políticos, seleccionando a su opción más obvia por sobre cualquiera que le hubiera aportado el radicalismo. Para ellos en un consuelo: algo es algo.
El rol y la efectividad de esta mesa política -que integra además Rogelio Frigerio, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Marcos Peña, entre otros- esta por verse. Por de pronto, es un intento por mantener contenida a la UCR y procurar cordones umbilicales con el PJ. Tanto Monzó como Frigerio, ambos de simpatías peronistas, serían los responsables de mantenerlos contra viento y marea y a pesar de las previsibles zozobras por venir.
Un capítulo aparte de la operación relanzamiento es la relación con los gobernadores justicialistas. Mantener este activo vigente es un resorte que el presidente se reserva para sí. Todavía se recuerda su inédita foto de familia rodeado por los mandatarios provinciales, apenas horas después de su llegada a la Casa Rosada. Es inevitable no asociarla con su más reciente instantánea con Juan Schiaretti, Gustavo Bordet, Juan Manzur, Domingo Peppo, Sergio Uñac, Hugo Passalacqua y Gerardo Zamora,todos convocados para analizar la crisis al más alto nivel.
De estos gobernadores, es el cordobés el que merece un trato especial. Schiaretti tiene la virtud, a juicio del gobierno, de decir siempre lo justo en los momentos más aciagos. Su reciente posición respecto a las intenciones opositoras de limitar los aumentos tarifarios es el ejemplo más claro de este atributo. Si a esto se le suma el hecho, tantas veces analizado, de que gobierna la provincia que lo hizo presidente, el resultado no es otro que una auténtica predilección institucional.
No sorprende, por lo tanto, que Macri haya visitado Córdoba luego de declarar que lo peor había pasado. Es el símbolo máximo del retorno a las fuentes originarias de su poder. Ayer su agenda estuvo particularmente llena de signos. Visita a Mar Chiquita con el gobernador, mate con un emprendedor de Agua de Oro cercano al padre Óberlin y, finalmente, reunión con los empresarios locales. Macrismo explícito, como para demostrar que nada de lo que ha sucedido lo apartará de su camino.
Alguien podría objetar que esta coreografía es una especie de pensamiento mágico destinado a conjurar maleficios, una auténtica superchería política. Puede ser. Pero también es una forma de mantenerse en movimiento, recostándose sobre sectores y referentes que lo sostienen a pesar de los tropiezos. Esto es particularmente importante, especialmente cuando el propio Macri está convencido de que los recientes sucesos lo han fortalecido antes que debilitado.
Es una sensación válida, apoyada en una especie de alivio general, aunque no debería abusarse de este tipo de salidas heroicas. El gobierno transita por el último año útil que tiene para tomar decisiones fuertes. El próximo será un período electoral, clausurado para gestas fundacionales o algaradas del estilo. Es por esta razón que el relanzamiento coincide con la necesidad de buscar socios para practicar el ajuste que tanto necesita llevar a cabo el Estado nacional.
2019 será el momento de las reelecciones, a todo nivel. Los gobernadores necesitarán un país estable, lo mismo que el presidente. Desde la Casa Rosada se ilusionan en convencerlos de trabajar, con el perfil más bajo posible y habida cuenta de esta coincidencia, en un presupuesto que diga lo que nadie se atreve a expresar en público: que habrá menos dinero para gastar. La ley de leyes debería ser, en este contexto, el acuerdo institucional de que el déficit será morigerado sin que sea necesario recurrir a la estridencia mediática ni culpar al FMI. Es un experimento político que nunca se ha intentado a semejantes escala; como otras innovaciones, puede terminar tanto en un sonoro fracaso o como hacer inolvidables a sus inventores.



1 Comentario

  1. Macri , al hacer ingresar a un jugador NUEVO como el FMI, SE condiciona y condiciona a la oposición. Ninguno con aspiraciones al PODER, va a querer HEREDAR un país ingobernable. Ya lo hicieron los farsantes que se fueron y dejaron, como decía el Nobel Joshep Stiglitz, un país con muchos problemas a causa de las MALAS politicas macroeconomicas desde 2011 (además de la corrupcción que según Hernan Brienza “se justificaría para hacer politica” Tieimpo Argentino Mayo 2016), y los “aspirantes” a la sucesión no quieren sorpresas , por lo que SI O SI deberán participar activamente en consensuar todo acuerdo con el FMI. Otra alternativa, sería dejar que Macri renueve en 2019 y haga todo el ajuste que se debe hacer para así luego capitalizar todo ese desgaste, con un panorama mas claro, INTERNAMENTE, ya sea porque la JUSTICIA se encargó de algunos competidores o la “biología” los sacó de competencia. “La FORTALEZA sin PRUDENCIA es AUDACIA” y esta se puede volver en contra. Por eso quizás amerite la disciplina oriental de la espera por sobre la ansiedad. China esperó 100 años para recuperar Hong Kong de manos de los Britanicos y desde1997 es 100% China

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