El Teniente Juez del Abrojal (Parte I)

En un confuso episodio policial en las calles de Córdoba, febrero de 1858, un grupo de ciudadanos se resistió a un piquete policial encabezado por la autoridad. La prensa fue la tribuna donde los actores expusieron versiones contrapuestas del hecho, y apelaron al juicio del público lector.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Viñeta sobre una riña callejera, a mediados del siglo XIX.

Una serie de publicaciones que ocupan espacio en sucesivas ediciones de El Imparcial -uno de los diarios cordobeses líderes de la década del cincuenta del siglo XIX- despliega ante los ojos del lector un hecho ocurrido una noche de febrero, en que una autoridad municipal al frente de una cuadrilla de agentes prendió a una persona, lo que a su vez dio pie a la reacción de otros ciudadanos presentes, quienes terminaron presos e incomunicados.
El interés del episodio reside, por una parte, como muestra de las frecuentas vindicaciones públicas que se publicaban en la prensa a cuenta del honor y el buen nombre de los ciudadanos acusados o acusadores en causas de repercusión pública. Tanto las acusaciones como los descargos tenían a la prensa como su medio de publicitarse; es decir que la prensa era tanto el veneno como el antídoto. Por otra parte, diarios mediante, los hechos y los argumentos convertidos en relatos buscaban la buena opinión de la sociedad, uno de los pilares del honor.
La exposición de los hechos, en el caso de marras, presenta dos versiones contrapuestas sobre el episodio aludido. La apelación al juicio favorable de los lectores aparece con la primera noticia, una Solicitada que firman dos ciudadanos privados de su libertad. Se publica el 6 de febrero de 1858:
“Sr. Redactor del Imparcial
Suplicamos a vdes. Tengan la bondad de publicar estos pocos renglones.
En la noche del día Viernes 30 de Enero, fuimos buscados por el Juez Pérez, para ponernos presos después de haber dado un informe enteramente falso en una causa que era el parte: y fuimos presos al día siguiente habiéndose presentado voluntariamente y a poner la queja D. Lauton Aguirre y D. Dionisio Torres y traídos por orden de Policía D. Marcial Ferreyra, R. Carranza, S. Rodríguez y José Barbosa. Suplicamos a todos los que sepan de nuestra prisión no anticipen el fallo sobre esto hasta que nosotros publiquemos nuestra causa, lo que tome informe el Sr. Juez del Crimen.
Los presos en la Policía:
Lauton Aguirre – Dionicio Torres – Marcial Ferreira – Segundo Rodríguez.”
Los firmantes solicitan de este modo que el juicio del Público (escrito con mayúscula) no se apresure a condenarlos hasta no conocer los hechos. Un parte de la Comisión de Seguridad municipal, que se incluía en la misma edición de El Imparcial, indicaba la situación en que se hallaban esas dos personas, y otras dos que también habían estado presentes en el hecho; informa que se encuentran “arrestados y en incomunicación D. Lautón Aguirre, D. Dionisio Torres, José Barbosa y Ramón Carranza, hasta que pueda levantarse una sumaria información del hecho y ponerlos a disposición de quien corresponda.”
La anunciada publicación de los hechos por parte de Torres y de Aguirre aparece el 14 de febrero en la forma de Solicitada, la que se acompaña de una certificación firmada por los mismos acusados, más otros testigos, en respaldo de esta versión de lo sucedido. Los dos firmantes retoman “la súplica que hicimos al Público y especialmente a las personas sensatas de que suspendiesen el fallo sobre nuestra prisión juzgando no nos sería favorable si se instruyeran por los partes publicados en su periódico y formados por personas o empleados amigos y parciales del Juez D. Benigno Páez”. El último era quien había detenido a los dos autores de la Solicitada. A continuación, Aguirre y Torres exponen la que sería primera versión de los hechos:
“Certificamos ser cierto que a las 11 de la noche del viernes 29 de Enero del presente venían a la Policía D. Lauton Aguirre y D. Dionisio Torres al lado del preso D. Marcial Ferreira, que lo habían estropeado y lo traía D. Benigno Páez, Teniente Juez del Abrojal, con varios celadores de ese cuartel.
El Sr. Juez Páez venía gritándole al preso insultos torpes amenazado pegarle haciendo acción para ello y los Sres. Aguirre y Torres suplicando e impidiendo dicho escándalo y abuso.
Frente de la casa del Sr. Torres recibió éste y el Sr. Aguirre un insulto torpe del Sr. Juez Páez por la súplica que hicieron los Sres. Aguirre, Torres y el preso de que lo llevase a este último a la Policía y no lo mandase solo con los celadores como iba a hacerlo; por dicho insulto hubo algunas voces entre el Sr. Torres y el Sr. Juez Páez y en ese momento un celador cachalote levantó el sable para descargarlo de filo sobre el Torres, Juez del cuartel en que sucedía este hecho; José Barbosa vecino y celador de ese cuartel suspendió dicho hachazo tomando el sable con las manos con ayuda del Sr. Torres. En ese acto el Sr. Juez Páez tomó con la mano izquierda el sable que tenía en la derecha y en ésta empuñó una pistola montada y con ella arremetió y corrió apuntándole al Sr. Torres hasta la puerta de su casa, el Sr. Aguirre se puso por medio a favorecer al Sr. Torres e impedir que el Sr. Juez Páez entrase a la casa y violase el domicilio y lo consigna poniendo a la vista un cuchillo que habíamos tenido tomando sandías en la plaza en la cuarta carreta en la fila de la derecha.
D. Juan Zapata dependiente del Sr. Torres avisó al Sr. Aguirre que su patrón iba a sacar armas para defenderse y temiendo que cometiese algún hecho entraron adentro a impedírselo y habiéndolo conseguido salieron a la puerta y vieron en medio de la calle al preso que lo habían dejado solo el Sr. Juez Páez y sus celadores.
Reuniéndose en la vereda los Sres. Aguirre, Torres y el preso esperaron como media hora volviese el Sr. Juez Páez a llevar al preso; visto que no volvía deliberaron ante nosotros por ser tarde e imposible hacerlo esa noche por el motivo de que no encontrarían a nadie, el presentarse al otro día al Sr. Gefe de Policía o al Sr, Juez del Crimen para quejarse de las torpezas cometidas por el Sr. Juez Páez y sus celadores.
Córdoba, Febrero 10 de 1858
Lauton Aguirre – Dionisio Torres – Juan B. Zapata – a ruego de José Barbosa, Juan Zapata – Ignacio Marquez – a ruego de Andrés Rodríguez, Martín Ferreyra – a ruego de Félix Gruos, Marcial Ferreyra.”
En la siguiente nota se incluirá una diferente versión de esta historia.



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