Mestre judicializa la campaña (y asume los riesgos)

El intendente Ramón Mestre anunció la semana pasada que recurrirá a la Justicia por el tema de los fondos coparticipables. Es la primera coincidencia con Juan Schiaretti en mucho tiempo: la provincia también lo hizo mediante una acción declarativa de certeza ante el Tribunal Superior de Córdoba.

Por Pablo Esteban Dávila

El intendente Ramón Mestre anunció la semana pasada que recurrirá a la Justicia por el tema de los fondos coparticipables. Es la primera coincidencia con Juan Schiaretti en mucho tiempo: la provincia también lo hizo mediante una acción declarativa de certeza ante el Tribunal Superior de Córdoba.
No es del todo claro si, en verdad, a Mestre le interesa la pronta resolución del asunto. Su negocio no es tanto incrementar la coparticipación en lo inmediato -aunque mal no le vendría- sino generar un casus belli para mantener un adecuado nivel de conflicto con la provincia durante todo el tiempo que le sea posible. Depende de tal cosa para mostrarse como el más resuelto de los precandidatos cambiemitas.
La decisión de judicializar la relación con el Centro Cívico se encuentra en línea con la política sustentada por Unión por Córdoba frente al gobierno nacional durante los años del kirchnerismo. Si la receta funcionó con De la Sota y Schiaretti, ¿por qué no habría de hacerlo también como Mestre? La gente siempre se pone del lado de las víctimas. El intendente intenta encontrar un INADI que tome su caso y lo eleve a la categoría de discriminación política.
El gobernador entiende como ninguno la estrategiadel intendente y, por tal motivo, confía en que la Justicia le dará la razón a sus propios planteos antes de que comience la campaña electoral. Su acción declarativa de certeza no busca otra cosa que lograr un aval para mantener la actual política económica frente a los municipios. Su necesidad, en este plano, es exactamente la opuesta a la de Mestre: cuanto antes se expida el Tribunal Superior de Justicia, tanto mejor será.
No es su intención, probablemente, que el intendente muerda el polvo por sus recientes ataques, sino simbolizar en Mestre el nivel de amateurismo que, sostiene, campea sobre la oposición provincial antes de que la campaña permita decir cualquier cosa. Confía en que la Justicia le dará la razón antes que el planteo del municipio capitalino tenga alguna chance en los Tribunales. Sería una oportunidad dorada para afirmar que, a pesar de las dos décadas de Unión por Córdoba en el poder, Cambiemos no tiene otro recurso que inventar un falso agravio para tratar de mostrarse como una alternativa de mínima seriedad.
¿Cuán lejos está el gobernador de lograr tal cosa? Si se repara en los recientes antecedentes, no demasiado. La Comisión Federal de Impuestos-un organismo prestigioso integrado por las todas las provincias- sostuvo recientemente que los fondos que reclama Mestre no deben coparticiparse. El ministro de Finanzas, Osvaldo Giordano, dio por cerrado el asunto: “pretender prolongar un debate inconducente no tiene ningún tipo de sustento”. Aunque, por fuerza, el municipio deberá relativizar esta afirmación, el partido parece haber comenzado en desventaja para el Palacio 6 de Julio.
Tampoco parece claro que el resto de los intendentes se encuentren convencidos de las demandas mestristas. Salvo el funcional Foro que orienta el radicalismo, no son muchos los que se encolumnan detrás del municipio capitalino. ¿Tendrá algo que ver el anuncio, formulado la provincia, sobre que los envíos por coparticipación tuvieron un incremento interanual nominal del 58,9% en el último año? En este caso, la apatía tendría un fundamento racional. Pelear una batalla ajena contra un gobierno al que no sienten como un adversariolos pondría del lado del sinsentido político.
Un ejemplo de esta ambivalencia es Esteban Avilés, el lord mayor de Carlos Paz. Avilés no tiene una trayectoria particularmente lineal en lo político. Fue sucesivamente radical, juecista e independiente, aunque los radicales lo reivindiquen como un exponente de su diáspora partidaria. Sin embargo, no parece estar próximo a los reclamos de Mestre, a pesar de que la villa serrana tendría mucho que ganar con un eventual robustecimiento de sus remesas coparticipables. Por el contrario, sus últimos movimientos políticos lo sitúan próximo a Schiaretti, el supuesto verdugo del municipalismo, lo que arroja más dudas sobre la supuesta universalidad de aquellas pretensiones.
Es todavía más extraño que Mestre se encuentre confiando su estrategia a un tema en el que tendría muchas chances de perder y en el que, contra todo pronóstico, haya dejado pasar de lado el asunto de la reforma electoral que, en soledad, el oficialismo hizo aprobar veinte días atrás. Su silencio contrastó contra la decidida oposición de Mario Negri, su competencia interna, que hizo del asunto una bandera que enarbolará todas las veces que sea necesaria. Puestos a disputar la candidatura a gobernador dentro de Cambiemos, el actual diputado nacional siempre podrá reclamarle su pasividad frente a un asunto de supuesta importancia institucional.
¿Cuál sería la posición del intendente frente a una decisión judicial contraria a sus pretensiones? La eventualidad lo dejaría en una situación incómoda, como un apostador que colocó todas las fichas a un número equivocado. Para empeorar las cosas, habría consumido buena parte de su capital político en una causa con fecha de vencimiento. Debilitaría sus chances internas (ni que decir frente a Mauricio Macri), al tiempo que fortalecería la imagen de Schiaretti como un mandatario respetuoso de la ley. Ha tomado un riesgo con costos importantes por detrás.
Ahora bien, de triunfar en el litigio, recibiría más dinero en el corto plazo y un diploma de justiciero municipal, pero ambos logros se diluirían en el tecnicismo del tema a menos que pudiera, en el mismo momento, convencer al electorado de que el gobernador haya sido, durante todo este tiempo, un lobo con piel de cordero que, en forma adrede y mecánica, hubo de quedarse con recursos de los gobiernos locales. Es, a todas luces, una empresa improbable, de resultados dudosos.
Así son las cosas cuando el intendente decide jugar sus cartas. La sensación es que el momento de Schiaretti ya se terminó (el famoso fin de ciclo), pero que el de Mestre todavía no empezó. ¿Qué hay en el medio? La incógnita tardará en despejarse, a menos que algún tapado de Cambiemos decida mostrar -y convencer- de que el cambio es posible en una provincia en la que aún no está claro si desea mudar, efectivamente, su actual orden de cosas.