Atrapado en la telaraña de su codicia

El sindicato parece estar contra las cuerdas, víctima de sus errores no forzados. Es una chance sin precedentes para obligarlo a ingresar en la racionalidad, tal como lo hizo con la UTA luego del paro del año pasado.



Por Pablo Esteban Dávila

danieleA diferencia del SURRBAC, en donde Mauricio Saillén tiene un claro sucesor en su hijo Franco, en el SUOEM tal cosa no es posible. Durante décadas Rubén Daniele encabezó una monarquía sin herederos de sangre, una dinastía que se terminaba en él mismo. Por tal razón necesita imperiosamente regresar a la conducción gremial tras la ficción de su partida. La actual mandamás, Beatriz Biolatto, es apenas su vicaria. No quiere continuar al frente del sindicato ni nadie intenta convencerla para que se quede.
Daniele nunca quiso entregarle el poder, pero una maniobra de Ramón Javier Mestre lo sacó de la pista justo cuando se aprestaba a postularse para su decimosegundo mandato. A finales de julio del año pasado, el intendente firmó un decreto que ponía al histórico líder municipal en “estado de jubilación” lo cual, a efectos prácticos, significaba el fin de su carrera gremial. Sin embargo, Daniele apeló y una jueza, Sofía Keselman, hizo lugar a su planteo argumentando que sus fueros gremiales le conferían un privilegio cierto respecto a la edad jubilatoria.
La oportunidad de continuar parecía dorada, pero, ante la perspectiva de que la Municipalidad lograra sacarlo nuevamente del medio con otra presentación judicial, Daniele optó por colocar a una dirigente de su riñón para que ejecutara la farsa de una sucesión planificada. Fue así como Biolatto se hizo cargo del SUOEM el 3 de enero pasado, poniendo fin a 33 años de unicato gremial.
La maniobra, huelga decirlo, no tenía un ápice de institucionalidad. Tan pronto como la nueva secretaria general se hizo cargo de sus funciones, Daniele activó el operativo retorno. La estratagema era simple: tan pronto se definiera el día “D”, la Comisión Directiva en pleno debería renunciar y convocar a nuevas elecciones. El momento señalado era ayer, oportunidad en que se llevaría a cabo una asamblea extraordinaria para fijar el 29 de junio como la fecha para volver a las urnas. A mitad de año, Daniele podría hacerles pito catalán a las intenciones de Mestre de sacarlo del medio.
Pero algo no salió bien. El Ministerio de Trabajo de la Nación ordenó que no se llevara a cabo la asamblea hasta tanto analizara si los propósitos de la convocatoria no se encuentran reñidos con los estatutos gremiales. El sindicato, con una docilidad desacostumbrada, acató la orden. No hubo renunciamientos masivos ni se produjo el clamor plebiscitario reclamando el regreso del líder en el exilio. Un manto burocrático parece haber caído sobre los belicosos municipales.
Las razones de tanta prudencia son simples y, en rigor, habían sido ya adelantadas por algunos de sus dirigentes. Si el gremio quedas acéfalo por la renuncia de su conducción en pleno, el Ministerio de Trabajo podría disponer su intervención y, con ella, liquidar para siempre las intenciones de perpetuidad de Daniele. Mucho riesgo. Además, la Municipalidad parece tener su propio operativo armado, en este caso, el “interventor”, contrapuesto al urdido dentro del SUEOM.
Aunque desde el Palacio 6 de julio se lo niegue, no hay dudas de que Mestre se encuentra atento a cualquier metida de pata de los gremialistas. Cuenta con el apoyo -aunque recoleto y en apariencia ecuánime- del ministro Jorge Triacca. Daniele siempre fue una amenaza a cualquier gobernante, del signo que fuere. Esto galvaniza los ánimos de los funcionarios y mueve a solidaridades de clase. Triacca supone, como lo hace el intendente, que la Ciudad estaría mejor si aquél estuviese en su casa, tomando mate y convenientemente jubilado.
Lo cierto es que, culpa de las ambiciones papales de Rubén Daniele, el SUOEM vive hoy una encrucijada siniestra. Si la conducción renuncia, puede ser intervenido y quedar a merced de Triacca (es decir, de Mestre); si no lo hace, quedará en manos de una secretaria general que ejerce sus tareas a disgusto y sin poder real. En cualquiera de estas dos posibilidades, su histórico conductor ya no podría regresar. Con 66 años cumplidos los tiempos se le agotan, inclusive aquellos garantizados por su condición gremial. Ha quedado preso de la telaraña de su codicia política.
El intendente podría, en teoría, congratularse por esta situación. El sindicato parece estar contra las cuerdas, víctima de sus errores no forzados. Es una chance sin precedentes para obligarlo a ingresar en la racionalidad, tal como lo hizo con la UTA luego del paro del año pasado. Terminar su segundo mandato mostrando un hito semejante sería, claramente, un motivo de satisfacción. El SUOEM ha maltratado a la ciudad como ninguna otra peste; nadie podría quejarse de su domesticación.
Es probable, sin embargo, que las apariencias engañen. Sin Daniele -sea formalmente al frente como el conductor en las sombras- el gremio no tardaría en desnudar sus contradicciones internas. Desde esta columna se ha sostenido en más de una oportunidad que el SUOEM es, en realidad, una federación de delegados, unidos sólo por su liderazgo. Con Biolatto, consagrada definitivamente como primus inter pares por la fuerza de las circunstancias, las cosas podrían cambiar para peor. Liberados de la obediencia que, por temor o conveniencia, supieron profesar a Daniele, los delegados estarían tentados a maximizar sus posiciones mediante acciones directas, sin el paraguas gremial. En tal escenario, Mestre debería enfrentarse a una miríada de caciquejos expertos en emboscadas y escaramuzas exasperantes, multiplicando interlocutores y esfuerzos. No sería un buen augurio para sus últimos meses de mandato.
No obstante este riesgo, la situación táctica en que ha quedado Daniele mueve a sonrisas sardónicas puertas adentro del Departamento Ejecutivo. El hombre está empantanado en un limbo estatutario que no supo prever, cegado como lo estuvo por la provocación de Mestre. Se comportó como un chiquilín caprichoso en el preciso momento que debió echar mano a toda su experiencia y muñeca. “No hay edad para meter la pata” -dijo alguna vez un político ya entrado en años. Quien supo poner en jaque a intendentes y funcionarios por más de tres décadas está a un tris de hacer lo mismo con el SUOEM, convertido ahora en un frágil laboratorio de sus ambiciones personales.



2 Comentarios

  1. recuerden que el eficiente triaca ha hecho algo fuera de lo jurìdico por lo tanto habrà que esperar la decisiòn de la justicia al respecto y no largar suposiciones a veces medio delirantes

  2. Con el ejemplo del violento sindicalista del SUOEM es una prueba inobjetable de que tampoco Sailén debe progresar en su crecimiento extorsivo. Pretende parangonar a Hugo Moyano y en realidad los CIUDADANOS estamos HARTOS de estos AUTORITARIOS MANDONES que se escudan detrás de “la lucha por los DERECHOS de los trabajadores”, cuando en realidad LOS USAN para FINANCIAR sus ansias de PODER. ¿Hasta cuando van a intentar CONDICIONAR la POLITICA, excediendo sus facultades gremiales? ¡BASTA DE ABUSIVOS! Así como se identifican abusos contra persona (fisico,escolar,laboral,financiero,tecnologico,sexual…etc) debería incorporarse la de del “ABUSO A LA CIUDADANIA”, de parte de estos ACTORES PERSONALISTAS, que orientan a TODA SU ORGANIZACION para fines personales, cuando son PRESTADORES DE SERVICIOS A LOS CIUDADANOS.

Dejar respuesta