La inflación no se deja convencer por el gobierno

No importa cuánto lo repitan, la inflación no les quiere hacer caso y se resiste a frenarse. Dejadas atrás las metas irrealistas, el equipo parece confirmar eso de que “se carece de lo que se declama”.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Buen día, amigo lector. Otra semana más con dardos, flechas, palos, rumores y trascendidos para jugar en cada interna, tironeo, desplante, operación, actuación y acusación que se arma para definir candidaturas.

Estuvimos todos tan pendientes de los berrinches políticos y de la visión de Novaresio o Griselda Siciliani sobre el aborto que se nos pasó por alto el tema de la inflación.

“La meta es del 15% anual” dijeron para cerrar paritarias. Parece que a su ábaco le falta una columna, porque en tres meses ya llegamos al 7%. Ya sabíamos que aquella meta había quedado atrás, pero la abandonaron con la misma velocidad con la que el municipal a dieta abandona su promesa de sólo un criollo cada mañana.

A los que entendemos menos de economía por ahí nos parece que la toma de decisiones en el área no está muy aceitada. Capaz sea que esto de armar un “equipo económico” pensado como una máquina precisa al estilo del seleccionado holandés de los ’70 no está dando los resultados esperados.

A juzgar por el desempeño, lejos de emular a la “naranja mecánica”, da la sensación de que el equipo amarillo es más un “limón con tracción a sangre” o una “banana que te pistonea”. Por el orden con el que trabajan parecen más a tono con la línea de tres que le gusta a Sampalobby que con el “mejor equipo de los últimos 50 años”.

Estoy seguro que coincidimos en que no es fácil desarmar la bomba que dejó el gobierno anterior, pero ese argumento se va pinchando, igual que el entusiasmo de la gente.

Imagine que un señor que se escapa con los amigos a tomar porrón le diga a su señora que va a reducir progresivamente de a un cuarto de litro por mes hasta dejar de ir. ¿Cuánto tiempo le mujer va a creer ese cuento?.

Por eso se la pasan hablando de que hay que dar muestras de que se está en el camino. Repiten que “lo importante es la credibilidad”, mientras increíblemente siguen habilitando aumentos.

Sabemos que al no ser año electoral es ahora el momento del ajuste, como cuando te pasas enero comiendo menú de olla popular porque estás pagando la pasada de rosca de las fiestas de diciembre. Para evitar eso, cuando el peceto está caro al vitel toné lo hacés con lengua, Dujovne.

“La inflación es la misma que la del kirchnerismo, pero ahora no hay cepo, el precio del combustible está liberado, no hay retenciones, se recortan subsidios y la economía se va liberando. No es lo mismo”. Ajá. Ahora decime de qué me sirve poder comprar dos millones de dólares si meto más promociones que Belgrano para poder comprar barato, porque para el que no cobra como los de EPEC o la muni la cosa es más o menos la misma.

Todavía tienen suerte de que del otro lado, para rebatirles los argumentos están el economista que gobernó a lo Sandro -el que usaba patillas y dejó al país con el respirador de sus últimos años- o los troskos de derecha -esos libertarios que si los ponés a manejar no saben ni arrancar el auto, aunque te puedan contar el despiece íntegro del motor-.

Para colmo de males, el ministro Arancurren sigue con la suba de tarifas. Después del desafío que le planteó el gobernador Cornejo, insistió con su estrategia: que le liben un dídimo. A su entender, la eliminación de subsidios es parte necesaria del ajuste. Ya redujo más de la mitad, aunque el estado sigue gastando con la racionalidad de la gordita del Galicia.

Lo que todavía no queda muy claro es a quién creerle en todo esto. Porque mientras el responsable de energía dice que van a seguir subiendo las tarifas, vienen otros por atrás a decir que lo peor ya pasó. Hay que darle litio al coordinador, porque se contradicen más que Zuckerberg declarando en el congreso.

Si con cada ajuste que hace el funcionario favorito de Miauri nos damos cuenta de que todavía no salimos ni nos recuperamos, ¿por qué hay que creerles a los de perfil alto que esta vez sí es el último?. Es como cuando en la secundaria alguno te pedía una hoja: siempre era la última, pero para cuando llegabas a fin de año ya le habías prestado una resma entera.

Le digo más o menos lo que yo veo, amigo lector. Estos muchachos pensaron que administrar el país era como ser jefe de familia en una sociedad protestante del frío norte europeo, con una economía más o menos equilibrada, hijos responsables y trabajadores y en el que tus vecinos te respetan e incluso te dan una mano cuando te hace falta. Un poco de ética protestante weberiana.

Una vez en el poder, se dieron cuenta de que se parece más a hacerse cargo de una familia en la que uno de los hijos tiene problemas con el juego, otro es un mantenido que no te da una mano ni para cortar el pasto y los vecinos están dispuestos a saltarte la tapia para estar con tu esposa o para robarte la comida del perro, todo mientras vos estás en un trabajo en el que te pagan dos monedas para comprar cosas cada vez más caras.

Como los hogares de tanta gente que no entiende las explicaciones que les dan para decirles lo bien que se vive y lo bien que se está.



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