¿Dónde está la poesía?

El músico Daniel Melero, en la charla que brindó el viernes pasado en el marco de la sexta edición del Festival de Poesía de Córdoba, arriesgó opiniones que no resultan descabelladas ni demasiado novedosas, pero que asoman como atrevidas por el ámbito en que fueron desarrolladas.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

En estos tiempos de Netflix, Spotify, teléfonos inteligentes y mensajería instantánea, estamos todos demasiado ocupados en otra cosa para que nos quede tiempo para actividades tan arcaicas e inútiles como la poesía. Muy difícilmente se encuentre el nombre de un poeta entre las listas de bestsellers y, para colmo, tampoco cabe la posibilidad de que un poema inspire la realización de una película o una serie, como sí ocurre con las novelas que, a partir de su traducción al lenguaje audiovisual, pasan a convertirse en un fenómeno de ventas. Parece no haber manera de que el gran público repare en ese género literario.
Cuando la Academia Sueca consagró a Bob Dylan con el Nobel, bendijo una forma antiquísima de circulación de la poesía, a través de canciones. Por más que estén imbricados con la música, esos versos tienen vida y significados propios que estimulan en quienes los escuchan una sensación de goce estético que fue reconocida a través de esta distinción. De todas formas, la creación poética tradicional no detiene su declive, aunque puedan verse sus trazos tanto en la lírica de muchos cantautores como en las rimas que improvisan algunos de los más conspicuos representantes de la música de rap.
Quizás la popularidad del consumo de poesía a través de piezas musicales haya contribuido a esclerosar el antiguo formato del libro de poemas. Pero también puede ocurrir que haya otros ámbitos que estén tomando ese lugar, despertando en la gente común una ensoñación, una emoción o un placer equivalente al que alguna vez estuvo reservado al arte de los poetas. Tal vez sea entonces pertinente preguntarse dónde habita la poesía en la actualidad, teniendo en cuenta que su existencia responde a una necesidad íntima de las personas y que su forma tradicional de manifestación (el libro) está en crisis.
El músico Daniel Melero, en la charla que brindó el viernes pasado en el marco de la sexta edición del Festival de Poesía de Córdoba, arriesgó una opinión que no resulta descabellada ni demasiado novedosa, pero que asoma como atrevida por el ámbito en el que fue desarrollada. Melero manifestó su impresión de que los avances científicos, al obligarnos al uso de metáforas y otras figuras literarias para explicar en qué consisten, transforman a su divulgación en una expresión poética, cuyas imágenes provocan un efecto extático en muchos aspectos similar o superior al de un texto surgido de la pluma del más inspirado de los vates.
Y la naturaleza misma, que motiva a los biólogos a poner en palabras los resultados de sus investigaciones, brinda ejemplos de este fenómeno según el cual la popularidad que de la que goza la ciencia por estos días tiene mucho que ver con el sentimiento que despiertan sus hallazgos entre los legos. Al mismo tiempo, esta evolución vertiginosa que se verifica en campos del conocimiento más vinculados a las ciencias exactas que a la creación artística, alientan reflexiones de una profundidad asombrosa, que presuponen un cuestionamiento con respecto a verdades que hasta no hace mucho eran consideradas absolutas.
En una exposición en la que muy pocas veces hizo alusión a su condición de músico, Melero (autor, entre muchas otras piezas, del tema “Trátame suavemente”, que se hizo conocido en versión de Soda Stéreo) dejó al auditorio completamente desorientado, lo que es muy probable que haya sido su propósito. A ese público predispuesto a que le hablen sobre poesía, lo apabulló con información sobre los parásitos que habitan dentro de los grillos o sobre los peligros que trae aparejados la hiperconectividad. Lo suyo, más que una charla, fue una invitación a buscar la poesía que, pareciera, ya no está donde antes la íbamos a buscar.



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