Luz y Fuerza, el Suoem de Schiaretti

Las consecuencias de sus ensoñaciones revolucionarias (pero con bolsillos burgueses) han sido nefastas para los intereses de los contribuyentes, financistas últimos e involuntarios de sus pasiones combativas.



Por Pablo Esteban Dávila

Luz y FuerzaLuz y Fuerza es una verdadera oligarquía gremial. Lleno de privilegios, el sindicato ha colonizado EPEC desde tiempos inmemoriales. Sus reclamos exceden las cuestiones estrictamente laborales, condicionando decisivamente la política energética de la provincia de Córdoba. Debido a sus presiones, la compañía estatal ha debido mantener un esquema integrado de generación, transporte y distribución de energía eléctrica que pertenece al pasado. El resultado es que nadie sabe exactamente cuánto cuesta mantener sus estructuras, ni que áreas son deficitarias o cuáles las eficientes. Como ocurre en este tipo de empresas, las pérdidas son de nosotros y las ventajas son ajenas.
Cualquier cordobés sabe que los trabajadores de EPEC cuentan con prerrogativas exóticas, propias de la era feudal. Esto no constituye una novedad especial. Sin embargo, y cada vez que el tema sale a la palestra, asombra la desproporción de sus privilegios. Ningún trabajador en el sector privado cuenta con tamaños beneficios. Analícese sólo las que han salido a la luz en los últimos días: no pagan la energía en sus hogares hasta 200 kilovatios, cobran por dos días adicionales cuando se van de vacaciones a más de 100 kilómetros, pueden enfermarse y gozar de sus haberes hasta por dos años sin ir a trabajar, y cuentan con una Bonificación Anual por Eficiencia (BAE) que se paga a cualquiera, a la usanza de otro salario.
Mientras la energía estuvo subsidiada por las delirantes políticas kirchneristas, estas “conquistas laborales” -un eufemismo que oculta la imposibilidad del Estado para resistir eficazmente las presiones de sus empleados- se mantuvieron dentro de las irritantes inconsistencias del sector público. Pero la situación es ahora distinta. Las tarifas eléctricas se encuentran en pleno proceso de sinceramiento, impactando duramente sobre los bolsillos de los usuarios. Durante el mes pasado hubo protestas, algunas virulentas, debido a los montos de las facturas recibidas.
Esta es una limitación política que debe afrontar el gobierno provincial, el nominal dueño de la empresa. Juan Schiaretti sabe que nada puede hacer frente al incremento de la energía (es, en definitiva, un resorte del ministro Juan José Aranguren), pero que una parte no desdeñable del precio final que reciben los clientes de EPEC es producto de los costos internos de la empresa, muy por encima de sus homólogas en el resto del país.
La distorsión que implica el factor Luz y Fuerza es lo suficientemente importante como para que el Centro Cívico haya decido convertirlo en el SUOEM de Schiaretti. No en vano sus capitostes, Gabriel Suárez y Rubén Daniele, han funcionado en tándem durante los últimos años. Ambos sindicatos son las manifestaciones vivas del atraso y de la falta de solidaridad con el resto de los trabajadores, tanto los públicos como los privados. Las consecuencias de sus ensoñaciones revolucionarias (pero con bolsillos burgueses) han sido nefastas para los intereses de los contribuyentes, financistas últimos e involuntarios de sus pasiones combativas.
A diferencia de los que suele ocurrir con el municipio capitalino, generalmente asediado por el SUOEM con reclamos dinerarios, la provincia tiene una agenda limitada con Luz y Fuerza. No se pretenden reajustes salariales, ni despidos, ni cambios en la estabilidad laboral absoluta de la que gozan sus trabajadores. Tampoco retiros voluntarios o modificaciones en la integración vertical de EPEC, que tanto desvela al sindicato. Todas las pretensiones del Centro Cívico lucen razonables y de sentido común. ¿A quién se le ocurre, en pleno siglo XXI, que alguien pueda tener dos días más de vacaciones por viajar a más de 100 kilómetros de distancia de su hogar? ¿Cómo podría oponerse a que, previo otorgarse la Bonificación Anual por Eficiencia, se evaluara si tal condición se ha cumplido efectivamente? ¿Puede alguien no pagar por la energía que recibe sólo por su condición de empleado?
Son tan básicas estas cuestiones que, de sólo escuchar al señor Suárez decir que jamás serán negociadas, ofrece motivos ciertos para la vergüenza y la indignación. Porque, es necesario insistir en este punto, si estos fueran beneficios de una Sociedad Anónima que compite en el mercado y gana mucha plata, no habría nada que discutir. Pero se trata de una empresa estatal que provee un servicio público monopólico que deben pagar los ciudadanos, les guste mucho o poco la calidad de lo que reciben a cambio de su dinero, y esto exige mucha prudencia en quienes deben brindarlo.
Tal cosa, por supuesto, no ocurre. No ha existido jamás prudencia en Luz y Fuerza, como tampoco la hay en el SUOEM. Las destempladas reacciones frente a las pretensiones de la provincia así lo demuestran. ¿Cómo hacer, por lo tanto, para razonar con gente que ha perdido toda noción sobre lo que está bien y lo que está mal?
Este es un problema verdadero. El Estado no tiene muchas herramientas para negociar, si es que los lucifuercistas no quieren hacerlo. No puede despedirlos, no puede privatizar (palabra prohibida, como si las empresas estatales fueran tan ejemplares) y, lo más importante, no tiene un plan B ante un interminable plan de lucha que pudiera degradar el servicio. Y, sin embargo, si no hace nada para reducir los costos de funcionamiento de la empresa, los problemas serán políticos y, por consiguiente, del propio gobernador. A nadie le gusta ver cacerolas en la calle culpa del precio de la luz. Aunque buena parte de la población comprende que había que terminar con los subsidios antes de que se terminase la energía, decirlo es más fácil que pagarlo.
Es probable que, apelando a la docencia popular, el Centro Cívico pueda forzar al sindicato a sentarse en la mesa. En rigor, esto nunca se ha verificado -Rubén Daniele sabe bien que, pese a que es detestado por toda la opinión pública, ésta nunca fue en apoyo del intendente de turno- pero el expediente es el único que el gobernador podría tener a mano. Aunque es difícil imaginarse a manifestaciones de usuarios frente a EPEC requiriendo el fin de los privilegios de sus empleados, una buena dosis de presión popular en los medios y en la calle podría ayudar a este propósito.
Pero esta suposición tropieza con una secreta ilusión cordobesa: terminar como empleado de la EPEC. Aunque nadie probablemente lo logre jamás (sus cargos son hereditarios), éste es el sueño de la enorme mayoría de los asalariados. Y aquí reside el gran problema: en la Argentina, trabajar en el Estado siempre es mejor que en el sector privado. Menos horas, más sueldo, más privilegios. ¿Vale la pena protestar tanto por algo que, en el fondo, es un objeto de deseo, una meta aspiracional? El problema es tanto energético como cultural. Lo primero se soluciona con racionalidad; lo segundo es mucho más grave, porque revela la pasión estatista de los argentinos, algo mucho más difícil de cambiar.



3 Comentarios

  1. Señores del diario alfil, parece q Uds también están en sintonía con el diario la voz, yo pense q Uds tenian un pensamiento independiente pero me equivoque, Uds tb responden al gobierno nacional y provincial

  2. Estimado periodista, le hago una aclaración importante. La energía no se iba a acabar si continuaban subsidiadas las tarifas. Lo q ocurría y ocurre es q el déficit fiscal iba en aumento y sigue así por desacertadas medidas q desfinancian el estado y aumentan los costos, como por ejemplo la quita o baja de retenciones a distintas actividades

  3. No se comprende como EPEC siendo una EMPRESA DEL ESTADO, es decir se supone que está brindar prestaciones mas BARATAS que una EMPRESA PRIVADA que DEBE GENERAR RENTABILIDAD SI O SI, no sea mas barata para los USUARIOS, mas cuando EPEC tiene las tres etapas: Generación, Transporte y Distribución. ¿Cuál es el sentido de que una EMPRESA SEA ESTATAL? ¿Para BENEFICIO EXCLUSIVO DE SUS EMPLEADOS O DE LOS CIUDADANOS CORDOBESES QUE HABITAMOS ESTE BENDITO SUELO? ¿Què es eso de OBTENER PRIVILEGIOS A COSTA DE LOS CONCIUDADANOS? Encima NI CUIDAN EL SISTEMA.Antes hacían inspecciones para verificar colgados, ahora ni siquiera atienden las denuncias anonimas por mail y eliminaron las denuncias telefónicas, ni las observan cuando toman lecturas o cortan la luz por atraso en el pago? ¿Son ciegos que no ven los puentes o cables manipulados?

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