La última esperanza

Johnny Marr, el exguitarrista del grupo inglés The Smiths que viene enarbola una interesantísima carrera como solista, se apresuró a decirle a la revista estadounidense Rolling Stone que su próximo disco, que saldrá en junio de este año, no será conceptual… aunque lo parece.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

En determinado momento del ascenso del rock, surgió la idea de elaborar álbumes conceptuales, que consistían en pensar una idea dominante y trabajar la música y las letras en función de esa matriz. Era la etapa en que ese estilo atravesaba su fase progresiva, ese periodo muy fructífero en que se tenía la que convicción de que todo lo que venía sería mejor. Y el aporte de los músicos a ese mundo nuevo consistiría en avanzar sin denuedo en procura de llevar a sus creaciones a las cumbres de la creatividad, un proceso que implicaba desarrollar las simples características que habían dado origen al género, para llegar a través de ellas a una complejidad inspiradora.
Medio siglo más tarde, las pautas que rigen a la creación musical son completamente distintas. El mismo soporte del álbum se ha visto herido de muerte, sobre todo porque los discos en formato físico tienden a desaparecer. Y porque se ha impuesto definitivamente, mediante Youtube, una forma de consumir música que lleva mucho tiempo de vigencia, pero que se ha tornado imperativa: el videoclip. En la actualidad, son las canciones las que trascienden, sin que importe demasiado de qué álbum fueron extraídas, si es que existe tal origen.
Por eso, hablar hoy de álbumes conceptuales resulta tan anacrónico como hablar de dinosaurios o de dirigibles. Es más, probablemente las generaciones que crecieron después de los ochenta desconozcan en absoluto de qué se trata eso, porque fue en esa década cuando el pop se impuso por encima de todo y cuando arrancó la declinación de aquellos ideales del eterno progreso que habían habitado la cosmovisión juvenil. Como tantos otros inventos a los que se creía eternos, el del álbum conceptual también quedó en el camino, al lado de los discos en formato de magazine y de los radiograbadores a casete.
Johnny Marr, el exguitarrista del grupo inglés The Smiths que viene desarrollando una interesantísima carrera como solista, se apresuró a decirle a la revista estadounidense Rolling Stone que su próximo disco, que saldrá en junio de este año, no será conceptual. Sin embargo, al leer el artículo y descubrir cómo fue concebida esa obra, no cabe menos que dudar de su palabra, porque es evidente que se trata de un emprendimiento que se eleva por sobre la media de lo que venimos escuchando, para posar una mirada sobre la realidad mundial que se ubica en las antípodas de la misericordia.
Marr empezó a componer estas canciones en simultáneo con el plebiscito que finalmente fue favorable al Brexit, y con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, dos comicios cuyos resultados se hicieron imposibles de digerir para la sensibilidad de este artista oriundo de Manchester. Encerrado a ensayar junto a su banda en un enorme estudio presidido por una pantalla donde iban haciendo zapping entre canales de noticias y señales de documentales sobre la vida silvestre, el guitarrista ingresó en un trance creativo que tuvo como resultado el álbum “Call the Comet”, del que ya se ha conocido un single como adelanto, “The Tracers”.
El músico admite que hay un tema unificador a lo largo del disco: “La posibilidad de que la Tierra reciba una inteligencia diferente del cosmos para salvarnos de nuestra actual situación”. Muy pesimista debe ser la percepción que tiene Johnny Marr de la evolución que ha alcanzado la raza humana, para depositar su última esperanza en hipotéticos alienígenas que puedan venir a brindarnos una ayuda. Y esa mirada apocalíptica contrasta más que ninguna con aquella que, hace 50 años, le ponía todas sus fichas a un emergente hombre nuevo que tendría como mandato hacer de este mundo un paraíso.



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