El peronismo apela a la maña del jugador experimentado

El peronismo cordobés ha decidido arriesgarse pensando en las elecciones del año próximo. Con el cambio evidencia que ya está sintiendo que le falta un poco el aire.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

El ambiente está crispado. La reforma electoral impulsada por el oficialismo provincial sigue distanciando a los futuros contendientes.
El peronismo cordobés ha decidido arriesgarse pensando en las elecciones del año próximo. El cambio de reglas pese a los reclamos de todo el arco opositor ha hecho tambalear los grandes acuerdos de institucionalidad que se aceptaron tras la polémica elección a gobernador de 2007.
Pese a que aquella reforma fue insuficiente en algunos aspectos, se había logrado alcanzar ciertos consensos fundamentales. La decisión unilateral de modificar el reglamento es una señal de que algo no funciona.
El primero de estos cambios, la imposición de la doble candidatura, probablemente opere como un elemento de polarización más que de fragmentación. En ese escenario, el 17% que obtuvo Eduardo Accastello es el objetivo que se trazará el oficialismo provincial.
Suena ambicioso pensar que el voto kirchnerista inorgánico se puede decantar por acompañar a los que gobiernan la provincia desde hace dos décadas. Para el hincha, siempre hay algunas banderas que no se resignan.
Así como en las legislativas del año pasado la centroizquierda se referenció en el kirchnerismo, si éste evitara tener un candidato propio por su alianza con el peronismo seguramente una gran parte de los votos emigrarían hacia alguna opción progresista.
Pese a las críticas, quienes impulsaron la modificación del cronograma electoral saben que es una herramienta que le puede resultar muy útil al gobernador. En un año cargado de elecciones (que mínimamente podrían ser dos, pero probablemente sean cuatro), el manejo del “fixture” siempre termina favoreciendo al local.
El gobierno está herido y lo sabe. A eso se agregarque el recambio dirigencial no se muestra, porque las figuras jóvenes están eclipsadas por los dirigentes que hace rato pasaron la edad jubilatoria, aunque se resistan a abandonar las canchas.
Como los jugadores que están llegando a la edad de colgar los botines, un peronismo cansado recurre a las mañas que le permitan sacar esa luz de ventaja que lo ayude a poder salir victorioso del campo dejuego, a la espera de la próxima cita.
Sin embargo, pese a la solvencia del jugador experimentado, el gobierno está mostrando algo que siempre logró esconder muy bien. Su empecinamiento por sacar la reforma demuestra que siente temor.
Es que, tal como ocurre con aquellos jugadores, una derrota en una final cuando ya se tienen tantas temporadas en primera conlleva la elevada posibilidad de que esta vez no haya revancha.



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