Magnicidio brasilero materializa miedos argentinos

El asesinato de la concejal Marielle Franco volvió a poner en el centro de la escena a la violencia política. Con esta nueva mártir la izquierda criolla acaba de encontrar otra bandera para envalentonarse.

Por Javier Boher
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Cada tanto ocurre algo que altera la relativa tranquilidad de la convivencia política. Más allá de las diferencias, la existencia de una democracia de décadas nos tranquiliza sobre lo que nos puede ocurrir por no pensar igual que el resto.
Pero en Brasil algunos decidieron cruzar ese límite. El asesinato de la concejal Marielle Franco volvió a poner en el centro de la escena a la violencia política.
No es algo de lo que hayamos estado exentos durante todos estos años, pero no parece haber sensibilizado a los políticos en Argentina. Incluso se podría decir que pasó prácticamente inadvertido.
Los que sí alzaron la voz fueron los de siempre. Capaz por eso nadie los escuchó: o están en algún tipo de afonía política de tanto quejarse o les vuelve a pasar como al pastorcito mentiroso.
Las sospechas –y las pocas evidencias disponibles- señalan a la policía. Es que la víctima tuvo un rol activo denunciando los abusos del ejército por su ocupación de las favelas para frenar el narcotráfico.
Aunque las pericias sobre las balas apunten a la policía, es sabido el nivel de penetración que las mafias tienen sobre las fuerzas de seguridad. Por eso no hay certezas de que los proyectiles nunca hayan salido del control de las fuerzas de seguridad.
Para ilustrarlo vale pensar en el robo en el arsenal de la policía de Córdoba o en las armas, municiones y hasta un misil sustraídos en la gestión del ex ministro de Defensa Agustín Rossi. Un poco por connivencia, otro poco por impericia, hoy no se sabe dónde están.
La concejala reunía todas las características para incomodar al orden establecido y para enorgullecer al progresismo latinoamericano. De cuna pobre, negra, mujer y lesbiana, defensora de pobres. Estudió, salió y volvió para ayudar.
Si un tatuador de vida irregular se pudo convertir (accidentalmente) en sujeto político, la izquierda acaba de encontrar una nueva bandera para envalentonarse.
El gobierno argentino debe estar alerta sobre estas cosas. Aunque sólo debe hacerse responsable de sus acciones, no puede desentenderse de lo que la gente interprete de las mismas.
No debería extrañar que haya gente que ante el brutal asesinato de la concejala ya piense que en América Latina se está poniendo en marcha un nuevo Plan Cóndor, que los motive a luchar de diversas formas contra el orden constitucional.
Aunque sean pocos, igual puedan ser revoltosos y funcionales a los inescrupulosos. He allí el riesgo de que Hebe de Bonafini salga a decir que Macri “si no te puede callar, te acribilla a balazos”.
Por eso, con algo de sentido común e instinto de preservación, bien harían algunas figuras del gobierno en salir a preguntarse sobre este hecho.
Aunque no lo hagan por solidaridad, al menos lo podrían hacer para exhibir algo de humanidad que descomprima a los que no tienen miedo de atacar la democracia justificándose en que hay otros que la ponen en riesgo.



1 Comentario

  1. La Izquierda criolla no necesita motivos para hacer kilombo. En 1970, los pobres eran 5 % de la población y la violencuia fue brutal.. Hoy con ellos asociados al peronismo, lograron 30 % de pobreza. Siempre inventan motivos.

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