¡Vade retro, mujeres periodistas! (Primera parte)

El anuncio de un diario religioso escrito por mujeres en 1871, produce un mosaico de actitudes en el mundo periodístico y masculino cordobés. Aquí se cita en particular la reacción del periódico “La Carcajada”.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Mujeres produciendo un periódico, ilustración inglesa del siglo XIX.

En marzo de 1871 se anunciaba la aparición del periódico cordobés La Religión, escrito por un grupo de mujeres. La novedad era recibida con diversas actitudes en la ciudad, ya que a la vez que reforzaba una perspectiva y una temática de corte conservador, representaba un acto progresista como era la participación femenina en el bastión masculino que era hasta entonces el periodismo. Los diarios del ala religiosa en la ciudad celebraron en general la incorporación de una nueva voz a favor de la iglesia; pero no faltaron desde el costado “laico” críticas al atrevimiento de las señoritas Leocadia Ferreyra y las hermanas Rosario y María Eugenia Echenique, jóvenes de la sociedad cordobesa, al emprender ese proyecto que, en definitiva, duró muy poco.
Aquí se hace hincapié en las referencias que ofrece sobre aquel proyecto el diario “jocoserio” de la ciudad, siempre erizado de críticas mordaces e hirientes: La Carcajada, también aparecido aquel año 1871.
El diario de Armengol Tecera dedicaba unas críticas a la aparición de La Religión y a sus redactoras. En el contexto de la época, la perorata suponía cierto “simpático” paternalismo, aunque la lectura hoy revela más claramente opiniones lanzadas por los “ocupantes legítimos” de la esfera pública y advirtiendo a las mujeres sobre sus pretensiones de incorporarse a ésta. Por otra parte, La Carcajada pretende poner en tensión al proyecto periodístico de las jóvenes cordobesas con los diarios católicos de factura masculina que ya circulaban en la ciudad, sugiriendo que éstos no le dispensarían una amable recepción a La Religión.
Apela también La Carcajada al exceso de periódicos que ya circulan, a la ruina del bolsillo de los suscriptores, e incluso a la conveniencia de que ninguno de estos diarios religiosos circulase en definitiva en Córdoba. También reafirma el “verdadero” rol que les cabe a las mujeres, y echa mano a ejemplos de otros países donde, afirma, los hombres, reyes del mundo, no han dado su venia para que las mujeres ocupen puestos en los periódicos. La lectura del artículo publicado por La Carcajada a fines de mayo de 1871, dejará apreciar mejor las operaciones discursivas del diario cordobés.

“Otro periódico, y religioso!
¡Válganos San Críspulo y la paciencia del pacientísimo Job!
¡Dónde vamos a dar con tal inundación de periódicos?
¡Qué va a ser de esta pobre sociedad?
¡Qué va a ser el bolsillo del público para sostener tanto diario y papeluchos tantos?
O el día del juicio final está muy cercano, o yo soy un tonto de capirote, que me asusto de lo mismo que otros se alegran y complacen.
Otro periódico más y religioso… Señores, esto es como para tomar los campos.
¡Y lo peor es que ese periódico va a ser redactado por hijas de Eva!
Atájen me, lectores, pues me dan impulsos de arrojarme de cabeza en la noria de la huerta de San Francisco.
¡Es nada lo del ojo!
¡Las mujeres de redactoras y de un periódico serio y que va a tratar cuestiones tan arduas y más trilladas que una parva de trigo de la era!
Guay! Estamos locos o cuerdos? Soñamos o estamos despiertos?
Pero si apenas puedo creen en esto, como en la Senaturía de don Félix el ex.
Esto es decir a las claras que las mujeres nos quieren poner el gorro, digo el de la lectura!
Pero esto es inaudito y atentatoriamente atentatorio de los derechos del hombre.
Dios no hizo a la mujer para que fuera Redactora de periódicos.
Los Ingleses y Yankees conceden a las mujeres el derecho de votar de presentarse y arengar en los clubs y en las populares asambleas.
Está muy bien.
Pero no les han concedido ni por pienso el permiso para que sean Redactoras.
Entonces se podría decir que el mundo marchaba al revés.
¡Las mujeres en la oficina de un diario!
Hombre! Si esto es más portentoso que las alfombras de Santiago y los ponchos catamarqueños presentados en la Exposición.
¿Pero, cómo esas niñas o Señoras se atreven a ponerse en quintas con el «Pueblo Católico»?
Este religioso y místico colega, no puede menos de sentirse, y con razón, pues el bofetón que se les da, anunciando otro periódico religioso, es decirle implícita y explícitamente QUE NO SIRVE!
Y todo puede decírsele al «Pueblo Católico», menos que no sirve.
En la casa del ahorcado no se habla de la soga.
¿Han debido las redactoras de «La Religión» hacer ese gratuito agravio al Sr. «Pueblo Católico»?
No. Las niñas, a fuer de tales, le han tendido una red como de ELLAS, y el pobrecillo que no es de los que Cupido puede hacer cambiar por medio de un lancetazo, porque es célibe, como el Sr. D. Martín de las Casas Blancas, no tomará la broma como tal sino como un punzante epigrama con que han insultado sus canas!…
No llores, «Pueblo Católico», reprime tu sentimiento y apura la amarga copa. Con paciencia se gana el cielo… Tú bien lo sabes.
Ya sabes que la mujer puede hacer cera y pabilo del hombre: mucho más de un anciano, a quien fácilmente se engaña con falsas caricias, como lo vemos diariamente en el teatro social, no de Fran Gerundio, sino de Fray Córdoba.
Ahora, pues, de estas dos candelas, una tiene que apagarse para que viva otra.
¿Cuál de ellas vivirá?
¿La de ELLOS o la de ELLAS?
Francamente, no sé por cual decidirme, pero si me instan mucho diría que las dos deben morir. ¡«Tolle, tolle, crucifige eum»!
Por nuestras leyes, ambos dos deben desaparecer, que para lo que es regenerar el mundo, basta con la ilustración de la «Carcajada», y con las memorables operaciones físicas y metálicas que hace el Comendador de la Bena, ¡el Venerable de las logias masónicas! (Santígüense las beatas y vayan a tomar agua bendita!)
Con que, colega mujeril: mal vienes corazón, vuélvete.
El anciano «Pueblo Católico» no cederá el campo y como sería fácil un choque, lo queremos evitar; pues nos basta con los escándalos políticos y sociales que a cada momento estamos presenciando.
Las niñas deben contraerse a la aguja, a hacer los remiendos y zurcir bien las medias.
Este es un consejo que les damos, y suspendemos la risa para que sea bien recibido si les place.”
(Continuará)



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