Estacionamiento descontrolado

Mestre tiene un verdadero desafío que afrontar, y deberá hacerlo con autoridad. Está en juego, nada menos, que una política urbana de primer orden que, lamentablemente, ha sido la cenicienta municipal durante mucho tiempo.



Por Pablo Esteban Dávila

Entre las múltiples desventuras que sufre la ciudad de Córdoba se encuentra la de su sistema de estacionamiento medido y pago. A pocos meses de haber implementado un nuevo sistema basado en tecnologías móviles y teléfonos celulares, un grupo de naranjitas se encuentra empeñado en invadir el área de concesión de Movypark (la nueva prestataria del servicio) y vandalizar su señalética. Noel Quinteros, líder de los rebeldes, lo ha dicho claramente: “es el inicio de la recuperación de nuestra fuente de trabajo. Los trabajadores no nos vamos a ir; se va a tener que ir Movypark. Nosotros no estamos cometiendo ningún delito, así que vamos a seguir avanzando hacia otras zonas”. A más claro, echarle agua.
Estos naranjitas, verdaderos Atilas del nuevo sistema, repiten una letanía conocida: que el estacionamiento medido tiene una función social. Nada más inexacto ni mentiroso que esto. Las ciudades necesitan de sistemas de estacionamiento eficientes para articular el tránsito con las políticas de movilidad urbana, no para sacar del desempleo a determinado número de personas ni para procurarles un ingreso supuestamente digno. Esto forma parte de la demagogia y el desconocimiento que múltiples administraciones municipales, en Córdoba y en otras ciudades del país, han adoptado históricamente respecto al asunto.
La de nuestra ciudad es una historia particularmente deprimente. Veinticuatro años atrás, el ex intendente Rubén Martí concesionó a Ciucor SA la operación de 4.600 parquímetros monederos en el micro y macro centro. Los inspectores municipales debían evitar la evasión e infraccionar a los conductores que no cumplieran con el pago de la tarifa. Esto, por supuesto, no sucedió y la concesionaria se fue a la quiebra. Diez años después, y ya durante la gestión de Luis Juez, la Municipalidad estatizó el servicio, agravando la crisis. Es un hecho que, desde mediados de la década pasada, los espacios originariamente destinados al sistema fueron ocupados, sin prisa pero sin pausa, por los naranjitas, un eufemismo cromático para referirse a verdaderos apropiadores del espacio público.
La decadencia de la política del estacionamiento medido atravesó a todo el arco político cordobés. Desde Germán Kammerath hasta Ramón Javier Mestre, pasando por los gobiernos de Juez y Daniel Giacomino, la Municipalidad se mostró entre impotente e improvisada al momento de abordar el tema con la debida seriedad. No fue, por lo tanto, una cuestión de ideologías, sino de estricta priorización dentro de la agenda de políticas públicas. A ninguno pareció importarle demasiado que el servicio languideciera en manos de los inspectores y con parquímetros que no atemorizaban a nadie. Fue –lo sigue siendo– un estacionamiento descontrolado.
Al actual intendente le llevó años tomar decisiones concretas y, cuando lo hizo, la licitación que sus funcionarios diseñaron no fue, precisamente, un modelo de competencia. De las múltiples empresas y entidades que brindan este tipo de servicios en el país sólo una, Movypark, decidió asumir el riesgo.
El riesgo es, precisamente, lo que parece definir la aventura del nuevo concesionario. Cuando ni siquiera se han comenzado a labrar multas por la falta de pago y la App muestra que todavía debe evolucionar, las zonas que le han sido asignadas sufren el acoso permanente de naranjitas que se sienten víctimas de la discriminación laboral y cosas por el estilo. Si a esto se le suma que el control se encuentra en manos de los inspectores municipales, tal como lo fue en la época de Ciucor, sus perspectivas no parecen ser demasiado halagüeñas.
Este conjunto de incertidumbres hace que los conductores se tomen a la ligera tanto al nuevo sistema como la promesa de sanciones por su potencial incumplimiento. Estacionar a través de una aplicación móvil es, en cierta manera, un acto de fe tecnológica. Uno ocupa un lugar, realiza una transacción a través del teléfono inteligente y se marcha, dejando a su automóvil sin ningún comprobante a la vista. Si, por el motivo que fuese, un usuario sospecha que nadie controlará que haya pagado o que la zona en donde estacionó se encuentra dentro de una “tierra de nadie” normativa, pues el primer impulso será tantear al destino. Si la primera vez nada sucede, ni tampoco la segunda, nunca más pagará. Habrá miles que sospechen lo mismo y procederán de igual manera. El resultado será el que actualmente se verifica en la calles de la ciudad: caos de tránsito y sin lugares libres para estacionar.
Frente al desafío de Quinteros y su “partisanos”, la Municipalidad apuesta a dos viejos conocidos: el diálogo y la denuncia judicial. El primero tiene un pronóstico reservado: hay cooperativas de naranjitas legales y una (o varias, dependiendo la flexibilidad de los funcionarios) que desean su porción de la vía pública. Es difícil consensuar con personas que desconocen abiertamente el contrato que se ha firmado con Movypark y la seguridad jurídica en general. Tampoco puede asumirse que los “legales” respalden al orden público. Key Massaccesi, de la cooperativa CVA, ya expresó su apoyo a los colegas rebeldes. La amenaza de balcanización del sistema de estacionamiento se encuentra a la vuelta de la esquina.
El segundo recurso es aún menos promisorio. Involucrar a los fiscales es una vía muerta. El Ministerio Público se ha mostrado renuente a desalojar calles y puentes en momentos aciagos y no se advierte porqué cambiaría su tradicional parsimonia para garantizar una política que, en rigor de verdad, es competencia del Palacio 6 de Julio. Judicializar el conflicto en ciernes sólo servirá para victimizar a los apropiadores de las calles.
Mestre tiene un verdadero desafío que afrontar, y deberá hacerlo con autoridad. Está en juego, nada menos, que una política urbana de primer orden que, lamentablemente, ha sido la cenicienta municipal durante mucho tiempo. Si los naranjitas de Quinteros se salen con la suya, canibalizando espacios destinados al operador privado, tendrá que despedirse de la oportunidad, quizá la última, de ordenar el tránsito y hacer más dinámica la circulación en los sectores más congestionados de Córdoba.
Nunca hay que olvidarse que el espacio bajo las ruedas de los automóviles es el más caro de la ciudad. No por nada tienen una demanda prácticamente infinita. La única forma de ponerle coto es con tarifas y controles adecuados. No hay otra. Esto sólo puede ser logrado con una férrea política destinada a hacer cumplir las normas establecidas, algo que jamás será posible con naranjitas, cooperativas o ensayos similares. Y, lo que es más importante, ha llegado el momento de devolver la calle a sus legítimos propietarios, esto es, las autoridades que representan a los vecinos de la ciudad, sin apropiaciones de facto ni argumentos “sociales”, ajenos por completo a un sistema de estacionamiento sustentable.



1 Comentario

  1. El problema no está en la tecnología, parquimetros o movipark, sino en el factor HUMANO. En Córdoba, este factor viene siendo determinante, tanto a que suele dudarse sobre si sobre los SERVICIOS que recibe el vecino Cordobés lo determina EL INTENDENTE de turno o los EMPLEADOS del Municipio, sumados, los sectores “protegidos” por algún concejal o sector partidario. Vemos como naranajitas,carreros,limpiavidrios, vienen IMPONIENDOSE sobre las sucesivas administraciones, bajo el argumento de que “son la consecuencia de un problema social”. ¡Y ahí se queda todo! Tanto los naranjitas como los limpiavidrios no realizan TRABAJOS, sino son expresiones MENDICANTES. Los carreros, terminan siendo funcionales a los intereses de las empresas PRIVADAS que deben realizar la limpieza de los “basureros a cielo abierto”, muchos de ellos en zonas residenciales, por lo que su frecuencia es mas necesaria y…¡COSTOSA!. ¡Hay que tomar la cuestión del estacionamiento con LA LEY EN UNA MANO y PROPUESTAS DE CAPACITACION LABORAL CONCRETA en la otra! Esas mismas Cooperativas de naranjitas podrían ser mas productivas para la sociedad. Desde realizar tareas de mantenimiento los 7 días de la semana y durante las 24 hs del día en espacios públicos ya sea como jardineros parquizadores como de vigias complementando la acción policial para que en la noche no sean refugios de narcos y delincuentes. ¡SI SE QUIERE SE HACE!

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