Razones para estar contento

David Byrne, quien fuera cantante del grupo Talking Heads y desde hace casi 30 años ha emprendido un trayecto en solitario, llega a la Argentina para presentar su flamante disco “American Utopia”, en el que transmite un mensaje esperanzador para un público desencantado.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

A partir de la asunción de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos y del voto a favor del Brexit en Inglaterra, hubo una ola de pesimismo generalizado en la colonia artística de ambos países, que es como decir los dos núcleos centrales del rocanrol. Prendió entre la mayoría de los músicos un sentimiento apocalíptico que, necesariamente, se tradujo en sus obras. Sobre todo, entre los veteranos de la edad dorada del rock, que lucharon por un mundo mejor y que, ante semejante panorama, no podían sino experimentar una frustración indisimulable, que fue expresada de manera militante en los conciertos, en la prensa y en las redes.
La reacción era lógica. En ambos casos, se trató de fenómenos sorpresivos, que dieron por tierra con la idea de un avance de la civilización hacia una convivencia en términos de solidaridad y bienestar. Por el contrario, la mayor parte de los ciudadanos coincidieron en percibir que era el momento de replegarse sobre sí mismos y de resaltar las diferencias por encima de las coincidencias. Quienes predicaban desde hace 50 años su fe en el futuro, empezaron a dudar de esa creencia, devastados ante un presente que les cerraba la puerta en las narices.
Sobre esta base, podría pensarse que quien se muestre optimista en este momento, dentro del amplísimo espectro de la cultura rock, es porque comulga con las ideas conservadoras y proteccionistas que prevalecen en las potencias a ambos lados del Atlántico. El preconcepto sindica a quien piense que vamos por el buen camino como un insensible, un egoísta que se contenta con su propia bonanza, sin contemplar al resto de los ciudadanos de un planeta que se degrada minuto a minuto y que se insensibiliza ante los horrores de la guerra, del hambre y de la inmigración forzada de millones de personas.
Sin embargo, quien ha mostrado esta vez que confía en que todo irá mejor es uno de los más lúcidos artistas que ha dado la movida rockera del siglo veinte. Una de las mentes geniales que desde los inicios de los años setenta empezó a transitar el costado vanguardista de la cultura, hasta que diez años después su banda se transformó en sinónimo de prestigio. Y otra década más tarde se lanzó como solista a recorrer los márgenes de un medio sonoro que, muchas veces, le resultaba escaso para manifestar sus creaciones, por lo que apeló a lo visual y lo actoral para completarlo.
Quien se ha confesado optimista no es otro que David Byrne, el mismo que fuera cantante del grupo Talking Heads y que desde hace casi 30 años ha emprendido un trayecto en solitario. Como parte de un proyecto más abarcador, llamado “Reasons To Be Cheerful” (Razones para estar contento), Byrne ha publicado este mes su disco “American Utopia”, bajo producción de Brian Eno y con un discurso, créase o no, que inspira buena onda. Aunque comparte un diagnóstico negativo sobre la situación actual, el músico se ha preocupado por mostrar ejemplos de cómo, a pesar de todo, la buena gente dista mucho de haberse extinguido.
Detrás de esta consigna, David Byrne se encuentra en el medio de una gira mundial que lo trae a Buenos Aires, donde se presentará el próximo domingo en el marco del festival Lollapalooza, en tanto que al día siguiente ofrecerá un show en el teatro Gran Rex. Menuda tarea la que se ha propuesto el artista, quien después de 14 años sin novedades en el mercado discográfico, sale justo ahora a tallar con un álbum que transmite un mensaje esperanzador a un público sumido en el desencanto. Como indican los preceptos del rock: siempre contra la corriente.



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