Variaciones sobre gatos y cascabeles (Primera parte)

Se recuerda aquí una publicación periódica aparecida en Córdoba en 1871, “El Cascabel”, a través de menciones que ofrecían diarios ya asentados en el espectro periodístico local en esa época.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

En la segunda mitad del siglo XIX hubo una gran abundancia de diarios que circularon en Córdoba, y de muchas de esas publicaciones sólo nos quedan noticias que otros representantes de la prensa gráfica de la época incluyeron sobre ellas entre sus noticias cotidianas. A veces se trató de títulos que llegaron para quedarse durante años entre las ofertas noticiosas dominantes, y en otros casos de pequeños proyectos que aparecieron y desaparecieron en un lapso mediano o breve.
Sabemos que existieron, gracias a esas menciones, aunque lamentablemente no han quedado muestras de esos antiguos papeles en las bibliotecas y repositorios que atesoran ese tipo de material histórico. Es el caso de El Cascabel, periódico de carácter joco-serio aparecido hacia fines de marzo de 1871, según dato provisto por Pedro Grenón en su trabajo “Medio siglo de periodismo cordobés”, cuyos comentarios se basan en menciones recogidas del diario El Pueblo Católico. Por su parte, se encuentran también en el diario El Progreso referencias a aquella publicación, que señalan en cambio su aparición a comienzos del quinto mes de ese año y lo reseñan con ánimo entusiasta el 10 de mayo.
La metáfora encerrada en el nombre de El Cascabel remitía de inmediato a la fábula de los ratones que habían decidido en asamblea ponerle al gato de la casa un cascabel, con el objeto de ser alertados de la presencia de su peligroso enemigo; claro que no lograban ponerse de acuerdo sobre quién de ellos le colgaría el artefacto al cuello al sanguinario minino. Resultaba evidente la alusión a los “gatos” de la política cordobesa, encarnados en los enemigos del ideario liberal a que adhiere la publicación, y que es sin duda lo que complace al Progreso, enrolado en el mismo bando. Así, el cascabel representaba un retintín de advertencia a los lectores sobre sus enemigos ideológicos. El Cascabel era un sonido de denuncia, y sus editores y redactores los ratones resueltos a colgárselo al cuello al gato. Decía El Progreso:

“El Cascabel
Nos ha sorprendido este nuevo e interesante colega.
No debe ser cosa de esta vida, pues si lo fuese, cómo es que se les ha escapado a las beatas?
Sin embargo, a juzgar por su primer número debemos decir en obsequio de la verdad, que nuestro párvulo colega es interesantísimo, y que ha nacido hablando el lenguaje de la verdad y de la crítica más fina y agradable.
El diálogo entre el Siglo y el Claustro no ha dejado qué desear:
El nombre y el fin que se propone nuestro colega ha producido gran sensación en la raza felina de Córdoba, y con el natural temor que el «Cascabel» se les cuelgue, han desertado a los tejados, sin comprender, que por arriba que estén a cola siempre queda abajo.
El nuevo colega nos saluda y exento de hiel nosotros le devolvemos el saludo exento de vinagre.
Larga vida y muchos pesos son los deseos de vuestro vetusto amigo el «Progreso».”
Ese mismo día, agregaba El Progreso una segunda mención al periódico humorístico y crítico recién aparecido:

“El Cascabel
Este periódico nos ha pillado sin perros, ni siquiera ha metido bulla antes de salir, cosa tan natural, por su nombre.
Lo hemos leído y recorrido con gusto sus columnas; en ellas es tan marcadas el chiste, la crítica sublime y la gracia, todo todo él, demuestra que las personas que lo dirigen conocen la empresa en que se han propuesto.”
El Progreso prosigue dando cuenta de El Cascabel, y alentando a la joven publicación, siempre durante el mes de mayo. En la cita que sigue señala su aparición ese mismo mes, contradiciendo la afirmación de Grenon. También alude a su editor, de quién da las iniciales:
“Alcance a las Ocurrencias de anteayer
Pues Señoras, han de saber ustedes, que el domingo ppdo. apareció un nuevo periódico.
«El Cascabel» tal es el título del recién nacido.
¡Honor a él, porque está muy bien escrito!
¡Porque dejando a un lado todo lo que es cuestión personal se presenta con artículos chistosos de muy buen gusto, porque no se permite hacer bromas pesadas, porque su redactor en jefe es un hombre cuya pluma es muy bien tallada.
¡Honor a él, porque será el diario de las familias!
Saludo, pues, con entusiasmo a este joven hermano, deseándole larga vida, por lo demás ya sabe todo el mundo que «El Cascabel» hará pesetas, que no le faltará la PECUNIA pues que E.L. es el redactor en Jefe.

En las dos citas a continuación El Progreso comenta la llegada a manos de sus redactores de nuevas ediciones de El Cascabel. Ésta es del 13 de mayo:
“Hemos leído el segundo número de este periódico satírico y burlesco, él trata todas sus materias con bastante gracia y cultura, lleva la crítica a un grado sublime.
Si continúa de esa manera colega, le auguramos una vida larga y millares de lectores.”
Y el día 16 escribe:
“Nos ha visitado por tercera vez este interesante colega.
Campea en todas sus columnas el chiste, la gracia como exquisita altura.
Se comprende desde luego que sus redactores al mismo tiempo que se aprecian a sí mismos saben respetar al público para quien escriben.
Cuando se procede con tanta atura y dignidad, el resultado no puede ser sino favorable.
Nos alegramos de ello querido colega.”
Es oportuno recordar que en Córdoba había comenzado a publicarse, también en 1871, el “periódico jocoserio, burlesco y literario” La Carcajada, que con idas y vueltas seguiría saliendo hasta comienzos del siglo XX. Ese medio salió a la lid periodística con los botines de punta, molestando “a tirios y a troyanos” con su lanceta acuciante y burlona y un encuadramiento equidistante de liberales y católicos. Refiriéndose a La Carcajada, que despertaba quejas en muchos cordobeses escaldados por su pluma, El Progreso los comparaba y afirmaba que “este colega que representa el polo opuesto del «Cascabel» ha sabido el domingo como una descarga de una batería de ametralladoras, dejando en su impulso destructor gran número de víctimas”.
Hasta aquí la versión que daba de El Cascabel un periódico alineado en el liberalismo, de cuyas opiniones se hacían eco otras publicaciones argentinas de la época, como se verá en la nota siguiente.



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