La “guerra del tomate” que derivó en la reunión entre Gobierno y UIA

El tono de la pelea subió en los medios de comunicación. Para calmar los ánimos se hace el encuentro. El jueves arriba el FMI que no confía en que las metas fiscales de Cambiemos se cumplan en los tiempos previstos.



Por Gabriela Origlia

tomate
Francisco Cabrera y Mauricio Macri

Hoy el Gobierno nacional y la cúpula de la Unión Industrial Argentina intentarán acercar posiciones después del que fue el primer cruce fuerte entre ambas partes desde la asunción de Mauricio Macri. La “guerra del tomate” –el reclamo era por el salto que pegaron sus importaciones – fue escalando por los medios después de que el ministro Francisco Cabrera recomendara a los industriales que “dejaran de llorar” y desde el otro lado les advirtieran que no les gustan “las bravuconadas”.
El Presidente avaló el nuevo tono de sus funcionarios y hay quienes, por detrás, ven la recomendación de sus marketineros: pelearse con los empresarios suele tener buen impacto en la opinión pública en general. En este mismo espacio, hace una semana, se advirtió sobre las derivaciones que tendrían los dichos de Cabrera. Pero la sangre quedó lejos de llegar al río; la UIA fue convocada a una reunión y hoy se intentará una salida “razonable”.
Las expectativas políticas apuntan, una vez más, a que los empresarios ratifiquen el apoyo al rumbo sobre todo en un momento en el que volvieron las críticas de algunos economistas sobre los resultados del gradualismo fiscal. Claro que si el apoyo viene sin inversiones y generación de empleo, no alcanza. Y hasta que la mejora de la competitividad no llegue es probable que los capitales sigan viniendo en cuentagotas.
La agenda no tiene grandes cambios respecto a unos meses atrás. Los industriales piden baja de los costos laborales no salariales, más reducción de la presión tributaria y financiamiento en pesos a tasas accesibles. El tipo de cambio, es obvio, mejoró con las subas de los últimos meses.
Los funcionarios insistirán en que la suba del dólar mejoró la inserción de los productos argentinos en el mundo y en que las subas de tarifas son imprescindibles para avanzar en la reducción del déficit. Pasa que lo que el Estado ahorrará en subsidios (que ahora pagan los clientes en la tarifa final) se trasladará al déficit financiero. Lo dijo Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación.
La conversación con los empresarios será 72 horas antes de la llegada de la presidenta del FMI, organismo que desconfía que las metas fiscales sean cumplidas. La deuda creciente en dólares requiere cada vez más pesos del Tesoro, con la consecuente devaluación del peso.
Aunque hay una leve mejora de las exportaciones el déficit comercial es muy significativo y requiere que el país debe echar mano a los dólares financieros para pagar sus compromisos. La rueda gira y gira.
Macri siempre acusó al “círculo rojo” de no jugar para él y de querer vivir a expensas del Estado, pidiéndole plata. Sin embargo esa cuestión está lejos de ser el quid de la pelea. La recuperación de la competitividad es más lenta de lo previsto; después del pacto fiscal y de la reforma tributaria anunciada en 2017 los efectos todavía no se sienten; los impuestos todavía no bajaron y financiarse en pesos en una utopía. Ese mix convive con un consumo masivo que no arranca.
Para mejorar el tipo de cambio, el Gobierno aceptó “algo más” de inflación en el primer semestre. En el segundo todo se irá frenando y en 2019, año electoral, seguramente no habrá subas de tarifas y al dólar se lo intentará contener.
Encima el escenario económico internacional cambia por semana; a la suba de tasas en la que estaba concentrada la atención hace 10 días ahora se agregó la decisión de Donald Trump de avanzar en una guerra comercial con China y Europa. Argentina tratará de salir lo mejor parada posible en ese terreno minado. La fijación de aranceles al acero y el aluminio de Estados Unidos fue un hachazo que alcanzó a los locales.
El temario económico argentino parece anclado siempre en el mismo punto, con apenas vaivenes. Se avanzan unos pasos pero es tanto el camino a recorrer que no alcanza y, cuando se pide más, el que hizo algo se siente decepcionado y critica a los que critican. Una historia de nunca acabar más allá de que las formas y los tonos difieran.



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