Sencillez y sentimientos

Dentro de una línea de cantautoras que se ha sostenido en el tiempo, la que resulta promovida ahora por la prensa como la futura gran artista del momento es la inglesa Jade Bird, quien con apenas 20 años acaba de lanzar el single “Lottery”, preludio de la aparición de su primer disco.

Por J.C. Maraddón
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Hay una tradición de cantautoras que está muy enraizada en la historia del rock y que se remonta hasta la pionera Joan Baez, quien tuvo la valentía de pararse a la par de Bob Dylan en tiempos en que la supremacía masculina no debía ser discutida. Desde entonces, el folk y el country han provisto, cada tanto, de nuevos nombres que engrosan la lista de voces femeninas que han sabido decir lo suyo con las palabras precisas y sin remilgos. Artistas como Patti Smith, que marcaron un camino y que hoy merecen ser reivindicadas porque precedieron con sus canciones a una tendencia que por estos días encuentra un eco universal.
Pasada la mitad de los años ochenta, mientras nombres como los de Madonna y Whitney Houston se mostraban predominantes en los charts de ventas, una intérprete con voz de trueno y letras que planteaban cuestiones de género hizo su irrupción en el panorama de la música internacional. Tracy Chapman asomó, apenas acompañada de su guitarra, cuando nadie la esperaba, en un momento en que el hip hop experimentaba un viraje contestatario y la música house comenzaba a adueñarse de las discotecas. Nadie se imaginaba que, en semejante instancia, pudiese brotar desde el folk una nueva estrella musical.
Sin embargo, los meandros de la moda a veces siguen direcciones imprevistas y el tono lastimero, pero la verba potente, de Tracy Chapman invadió las emisoras de frecuencia modulada, sembrando de mensajes de compromiso político a esas emisoras en las que más bien se acostumbraba a difundir música pasatista. El tinte melódico de su repertorio no disimulaba la intención de la cantante, cuya fuerza interpretativa no requería de más que una instrumentación sobria para provocar un efecto conmovedor en aquellos que prestaban oídos a esas piezas que retrataban tragedias y epopeyas de la vida cotidiana.
Poco antes de la eclosión folk que promovió Tracy Chapman, la que había pateado el tablero había sido Suzanne Vega, una californiana residente en Nueva York que recuperó la mística del Greenwich Village y entró en los rankings de los favoritos del gran público a través de un estilo que dotaba de contenido a la cáscara muchas veces vacía del pop. Con su canción “Luka”, acerca del maltrato infantil, obtuvo una consagración global que no le impidió seguir siendo fiel a sus principios. Por el contrario, la fama la impulsó a practicar experimentos sonoros que no siempre fueron comprendidos por sus fans.
Dentro de una línea que se ha sostenido en el tiempo, la cantautora que es presentada ahora como la futura gran artista del momento es la inglesa Jade Bird, quien con apenas 20 años acaba de lanzar el single “Lottery”, como preludio de la aparición de su primer disco. El año pasado, Bird sorprendió con un EP que ya había capturado la atención de la crítica, pero en estas semanas los sensores de la industria detectan que allí se puede abrir una veta interesante, porque el atractivo de las canciones de esta aspirante a figura musical radican tanto en su sencillez como en su punch sentimental.
En un momento en que el reggaetón y el hip hop dan señales de mantener un dominio casi monopólico del gusto de las mayorías, otra vez vuelve a ocurrir que una cantautora (en este caso, tal vez más country que folk) rompe con la homogeneidad y plantea una nueva forma de encarar los vínculos amorosos, según los usos y costumbres del siglo veintiuno. Sin duda, el esperado álbum de Jade Bird será una de las notas discordantes en un año que, como sucedió en 2017, no deja vislumbrar una oposición seria al reinado de los estilos colectores del rhythm and blues.



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