Flaca administración de los sacramentos

Dos citas de “El Progreso” de la década de 1870 señalan el incumplimiento de un lego y de un sacerdote en asistir a enfermos graves en la ciudad de Córdoba

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Ilustración suiza sobre un cura recibiéndo óbolos de feligreses. 1845

Dos breves noticias con mirada crítica hacia el rol de los sacerdotes -o legos- que tenían el poder de interceder como administradores de la protección divina a la población laica, contribuyen con vistazos sobre desvíos del correcto cumplimiento de ese rol durante el siglo XIX en Córdoba. No son más que ejemplos aislados, y seguramente fueron objeto de comentario público a través de los diarios precisamente porque eran excepciones. Pero permiten al menos pensar la extensión de dichas excepciones y el lugar que ejercían los consagrados en la marcha cotidiana de aquella sociedad creyente.

En la fecha de ambas noticias ya se había disparado el proceso de disputa del liberalismo, que representaba una actitud de fisura respecto del lugar que tenía la iglesia en la sociedad, y que comenzaba a ejercer su tarea de minar el monopolio de la mentalidad religiosa en las decisiones del pueblo. No es casual que los dos textos que aquí se citan hayan sido publicados en la década de 1870 por El Progreso, un diario que encarnaba el punto de vista liberal, en oposición a otros periódicos netamente católicos que salían cada día a reafirmar y defender ante la población la preeminencia del lugar de la iglesia en la disputa.

Ambas citas destacan un llamado de atención dirigido tanto a la institución religiosa como a los fieles, sobre la impiedad con que se responde a la solicitud de intercesiones destinadas a aliviar el sufrimiento de un niño que agonizaba y de una enferma grave. Es indiscutible que dichas intercesiones se parecen bastante a acciones mágicas, sólo que estaban a cargo de lo que Pierre Bourdieu definiría como especialistas oficialmente legitimados, dotados de las competencias específicas y los saberes secretos para ejercer su función en el plano salvacional. De alguna forma, los conceptos del sociólogo francés para analizar el problema son una derivación a distancia del impulso liberal del siglo XIX y del XX temprano, concretamente relacionados a la sociología de Max Weber.

En el primero de los textos se trata de un “lego”, es decir alguien que estaba un escalón por debajo de la jerarquía eclesiástica, ya que no había recibido ninguna de las órdenes religiosas y por consiguiente no pertenecía al clero. Pero sí cumplía un rol que le había sido asignado y que sin embargo no respondía en la ocasión “como Dios manda”.

Las intercesiones mágicas de la iglesia estaban en competencia con otras ofertas menos calificadas, como podían ser las de curanderos, brujos, brujas y profetas que ofrecían sus servicios fuera de la institución eclesial, desde tiempos de la colonia. Como comenta el especialista mexicano Hugo José Suárez, en una introducción a la teoría de Bourdieu sobre la religión, “en sentido contrario a lo sucedido en Europa, en América Latina las formas de administración de los bienes de salvación han estado marcadas por figuras para eclesiales que –de manera abierta o disimulada, con tensiones o acuerdos–, han cuestionado la legitimidad de los agentes burocráticamente designados para tal función al interior del catolicismo”. Las fallas de los hombres de Dios en atender su rol darían probablemente motivo para volver la vista hacia otras ofertas.

De todas formas, no es ese el tema en las citas que se extraen de El Progreso, a distancia de tres años una de otra, las que se refieren concretamente a la función que estaban obligados a cumplir los consagrados –o representantes laicos- de la iglesia.

El primer caso, de marzo de 1871, es referido así por el diario cordobés:

La caridad a caballo

Voy a contaros una cosa que quizás os parezca inverosímil y que sin embargo es bastante verdadera.

Estando el Domingo en el templo de la Merced, presencié el siguiente caso:

En la portería de dicho templo había un lego, que por cierto tenía cara de muy poco caritativo. Se acercó una criatura con un frasco de aceite y pidióle que lo hiciera bendecir, diciéndole que era para un chico que estaba por morirse, pero él le contestó que se volviera a su casa a traer más, porque costaba mucho trabajo bendecir y para que quedase un poco allí por si buscaban de otra parte.

La criatura lagrimeaba diciendo que lo hiciera bendecir y que el chico ya expiraba; pero el lego no se conmovió por nada, y si no hubiera sido por dos jóvenes que estaban allí y le hiciera tomar el aceite para que lo hiciera bendecir, quizás el pobre chico hubiera muerto sin recibir auxilio por la pereza de un lego.”

Y si la condición no consagrada del hombre religioso referido podía servir de disculpa a la institución en el caso, no ocurre así en la otra cita, publicada por el mismo diario en marzo de 1874. No está claro, sin embargo, porqué el cura de marras quien, según el relato, se apersonó en el domicilio de la enferma a averiguar su estado, no le administró el sacramento de la eucaristía en ese mismo momento:

Indolencia

Con sentimiento hacemos una grave denuncia, respecto a la conducta que observó ayer cierto cura de esta Iglesia.

Ayer como a las 12, vimos pasar por esta imprenta como seis u ocho mocitos muy apurados hacia la Catedral.

Como volvieran en seguida, y muy tristes, le preguntamos a uno de los que iban y que conocíamos, en qué diligencias andaban.

Entonces fue cuando tuvimos el pesar de oír que habían ido a solicitar el viático para una enferma, y que les contestó el cura que no había carruaje y que no iba a pie.

Entonces, nos dicen, que se fue a la casa de la enferma a enterarse del estado de salud en que se hallaba para darle el viático por la tarde, a la hora tal vez, que hubiera carruaje.

Por Dios santo, hasta cuando se abusará del sagrado ministerio de la iglesia?

Cuándo se acabarán estos abusos!

Verdaderamente es una indolencia palpable el hacer esperar a un afligido enfermo, que con la fe del verdadero cristiano pide los auxilios espirituales.

Quiera el cielo que no tengamos ocasión de hacer otra denuncia igual a ésta.”



1 Comentario

  1. Aunque las conclusiones son tristes,en este caso, la nota no solo ilustra sino que resulta refrescante. El análisis,al incluir un punto de vista teórico para la situación, como el de Bourdieu, es un oasis para el lector.

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