Amado, el pobre

El pasado domingo el ex vicepresidente Amado Boudou le concedió una entrevista a Mauro Viale. En la misma realizó algunas declaraciones que no pasaron inadvertidas.

Por Javier Boher
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Amado Boudou es una de las caras más emparentadas con la gestión de Cristina Kirchner. Con un ascenso meteórico, pasó de su cargo en la ANSeS (desde donde administró los fondos de la estatización de las AFJP) al Ministerio de Economía (desde donde impulsó el canje de deuda), y finalmente a la vicepresidencia (donde explotó el escándalo Ciccone).
Caído en desgracia por la exposición que le dio a la corrupción kirchnerista tras el caso de la imprenta, entendió rápidamente que no debía sacar los pies del plato si pretendía sobrevivir y mantener el respaldo político de sus compañeros de gobierno. Quizás por eso su defensa de los años del kirchnerato es una de las más férreas entre los ex funcionarios, plegándose a la línea de que el macrismo persigue judicialmente a sus opositores.
Abrazado a D’Elía, Mariotto o Esteche, bajó su perfil “jet set” para apostar a lo “nacional y popular”. Tras su paso por el penal de Ezeiza -con aquellas polémicas fotos en las que estaba descalzo- fue liberado pocos días antes de ser padre de mellizos. Esos mellizos le cambiaron la vida.
En la entrevista que le concedió a Mauro Viale el último domingo, quien fuera uno de los máximos exponentes del buen vivir de los funcionarios públicos declaró que tras la paternidad vive “con dificultades”, en un departamento que le presta un amigo. Si existe el tantas veces mencionado karma, probablemente a Amado le vuelve el techo por aquella vez que le prestó su departamento a Vandenbroele.
El relato tocó en lo más profundo de los corazones más duros cuando aseguró que la gente le deja pañales en la puerta de su casa. ¿Quién se hubiese podido imaginar que se podía pasar de ser el dueño de la fábrica de billetes a tener que depender de la caridad de la gente?. Capaz que su domicilio en el médano no era una muestra de mala fe evasora, sino de que en realidad sus gustos de bon vivant eran una fachada para esconder una vida de carencias y precariedad.
Esas dificultades que sortea gracias a la generosidad de la gente se deben en parte a las demoras para cobrar su pensión como ex vicepresidente. Según su versión, este moderno Elpidio Gonzalez (que después de la vicepresidencia volvió a la vida humilde y se ganaba el pan como vendedor de anilinas) cumple con todos los requisitos legales para percibir el beneficio, pero que el duro gobierno macrista por algún motivo se lo niega.
Todos sabemos que los grandes líderes de masas suelen ser incomprendidos y demonizados por sus detractores. Boudou lo dejó bien en claro al compararse con San Martín y Perón, acosados por las fuerzas antipopulares de su tiempo. Su defensa de Néstor y Cristina (como personas y como dirigentes) contribuyó a dejar clara su posición política.
Aunque las nuevas tecnologías facilten el control popular, también es cierto que la sobreabundancia de información hace que rápidamente la gente se olvide de las historias pasadas. En estos tiempo de posverdad, no van a faltar los desprevenidos o apolíticos que decidan creer el relato de Boudou, incluso con la fantasía de que no puede llegar a fin de mes. Por eso, para la decadente estrella del cínico firmamento kirchnerista, todo relato es válido a la hora de intentar torcer su destino de presidiario.



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