La misma partitura

Si las expresiones artísticas clásicas empiezan a ser miradas desde los nuevos paradigmas sobre cuestiones de género, también es de suponer que existen otro tipo de manifestaciones vernáculas a las que resultará complicado sincronizar con las tendencias actuales. Y el humor es justamente una de ellas.

Por J.C. Maraddón
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géneroQue muchos paradigmas vigentes durante siglos están cambiando, es algo que a esta altura no se puede negar. Que el objetivo de esos cambios, es decir, el reconocimiento de derechos a enormes sectores de la población sobre los que se ejercía un tratamiento indigno, tampoco debería ser cuestionado en sí mismo, aunque haya quienes opongan resistencia porque eso implica ceder posiciones de privilegio a las que no se quiere renunciar. Y que se trata de un fenómeno irreversible es una aseveración que de ninguna manera se contradice con las pruebas empíricas que día tras día demuestran un avance de los cuestionamientos al viejo orden.
Lo que todavía no está demasiado claro es cómo se aplica en algunos hechos concretos esta nueva cosmovisión, para que no entre en colisión con derechos fundamentales como el de la libertad de pensamiento y el de la libertad de expresión. Por supuesto, de lo que se trata aquí es de preservar la vida; y frente a eso, no hay argumentos lo suficientemente fuertes como para contraponerse a semejante propósito. De todas formas, las polémicas distan mucho de acallarse y existe un clima deliberativo a escala mundial que, ya de por sí, es un logro importante, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta ahora había verdades absolutas que no se discutían.
Uno de los puntos más alejados del consenso tiene que ver con los hechos que ocurrieron en tiempos pretéritos. Por supuesto, existen acciones criminales que han sido condenadas desde siempre. Pero también es cierto que hay obras de arte (libros, cuadros, canciones, películas) que siguen siendo consideradas claves en la historia de la cultura y que, sin embargo, no respetan la mirada que se tiene hoy sobre cuestiones de género. No está claro aún qué hacer en estos casos, ni mucho menos cómo evaluar a sus autores.
Por supuesto, no se pueden realizar juicios retroactivos y, por lo tanto, no hay forma de sancionar a quienes vulneraron hace muchos años los patrones de conducta vigentes en la actualidad. ¿Qué corresponde hacer entonces? ¿Bajar esas piezas de los museos, impedir que se proyecten esos filmes, negarse a escuchar esas músicas y a leer esos libros? Es muy difícil la tarea de readecuar los tiempos antiguos a los tiempos modernos, especialmente porque aquello duró una eternidad y esto lleva unos pocos años; cabe pensar entonces que tampoco será inmediata la puesta a punto mediante ese proceso.
Si esto ocurre con las expresiones artísticas a las que la humanidad ha señalado como clásicas, también es de suponer que existen otro tipo de manifestaciones vernáculas a las que resultará complicado sincronizar con las tendencias actuales. Y el humor es justamente una de ellas. Córdoba, que se jacta de su proliferación de humoristas, no podía estar ajena a esta discusión planetaria. Y la presentación del Negro Álvarez en el escenario del Festival de Cosquín, donde relató los mismos cuentos que se oyen en cualquiera de sus espectáculos, fue la piedra de un escándalo que dista mucho de acallarse.
Lo que ha hecho el cómico es repetir una partitura idéntica a la que le ha rendido sus frutos a lo largo de los últimos 40 años. Sin embargo, leídos desde el presente, muchos de aquellos chistes que eran valorados como la cordobesidad más representativa, hoy reciben en las redes sociales una descalificación furiosa. Las expresiones a favor y en contra, siempre que se encuadren fuera de los insultos y los agravios, serán el caldo de cultivo para empezar a bajar a tierra esas reivindicaciones milenarias y para evitar que detrás de sus loables consignas se oculte el fantasma de la censura.



1 Comentario

  1. ¡Que nadie se acuerde de Olmedo y Porcel, porque merecerían la silla electrica por el USO que hicieron de las fèminas durante años y encima HOY, siguen considerando a Olmedo como uno de los íconos Argentos del humor!

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