Refresca mejor

Mediante un repertorio de 13 canciones, El Viejo Hombre de los Andes (EVHA), un colectivo ecuatoriano que en octubre del año pasado publicó un disco homónimo a través del sello ZZK Records, consigue el prodigio de sacarle una gota más de jugo a la fusión de folklore y electrónica.

Por J.C. Maraddón
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refrescaCuando la electrónica se postuló como la sucesora del rock en el panorama de la música global, empezó a realizar prácticas que el imperialismo rocanrolero había incorporado a lo largo de su evolución a partir de comienzos de los años cincuenta. Por ejemplo, la cooptación de otras músicas de origen étnico, folklórico o regional, a las que les raptaba algo de sus formas y les adosaba el sonido característico de ese género camaleónico que se hizo masivo en el paso de un siglo a otro y que tuvo en los deejays a sus principales animadores, en detrimento de antiguas estructuras en las que cantantes y guitarristas eran las estrellas.
Desde los árabes hasta los indios y desde los jamaiquinos hasta los rusos, pasando por la madre África, todos y en todas partes se dieron a experimentar con la vertiente electro, que se ofrecía generosa a aceptar cualquier tipo de condimento, siempre y cuando el eje de la creación artística pasara por la consola y los bits antes que por la tracción a sangre. Se dieron así fusiones memorables, que dotaron de una calidez y un colorido inusitados a un estilo que hasta ese momento había sido criticado por su supuesta frialdad.
En la música argentina, ese efecto se verificó primero en el amplio espectro de la música ciudadana, donde proyectos mitad importados y mitad nacionales, como Bajofondo o Gotan Project, gozaron de una cierta popularidad a comienzos de la década pasada. Como una natural evolución, la posta pasó luego al folklore, cuando aventuras como las de Tremor y Tonolec abrieron la senda del electrofolk, que no llegó a perforar la coraza tradicionalista que protege al panorama de los sones nativos, pero sí habilitó un espacio diferente en el que los deejays podían cohabitar un escenario junto a voces e instrumentos folklóricos.
La estandarización de la EDM (electronic dance music) como una variante más del universo pop y el nuevo estatus de astros musicales con el que fueron ungidos los DJs, provocaron un efecto domesticador sobre las ansias vanguardistas que alguna vez pudo tener la electrónica. Cualquier tipo de innovación estaba supeditada a dotar de mejor ritmo y de un punch irresistible a las canciones, que por su duración y formato volvían a parecerse bastante a lo que históricamente habían sido los hits de radio. Promediando la década actual, se podía ya anticipar que difícilmente la factoría electro podría sorprendernos con algo fuera de serie.
Sin embargo, ahí anda la crítica cultural europea deslumbrada por El Viejo Hombre de los Andes (EVHA), un colectivo ecuatoriano que en octubre del año pasado publicó un disco homónimo a través del sello ZZK Records y que, mediante un repertorio de 13 canciones, consigue el prodigio de sacarle una gota más de jugo a esa fruta que ya parecía seca. Porque utiliza la vistosa y sutil paleta del folklore andino para, armado de las herramientas de la electrónica, obtener un resultado prometedor, que recuerda a aquellos antiguos proyectos de fusión folklórica de los años setenta.
EVHA es la más reciente apuesta de Mateo Kingman, un artista nacido en la región cercana a Quito que ha venido coqueteando con la electrónica y el hip hop, y que ahora decidió mezclar esos géneros con la herencia cultural que recibió de pequeño cuando vivió junto a sus padres en la región amazónica de Ecuador. Pero, además, Kingman recupera en El Viejo Hombre de los Andes gran parte de la sonoridad del folklore de toda Latinoamérica, aplicándole una actualización que ha refrescado su vigencia y que, por el momento, ha cautivado mucho más a los melómanos del hemisferio norte que a los de esta parte del planeta.



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