La tribalización política y la amenaza al progreso

El fenómeno Trump ha dado respaldo a los estudios sobre la tribalización de la política, una amenaza real a la democracia global y a los avances sociales en Argentina.



Por Javier Boher
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trumpEl mundo sigue desconcertado ante el fenómeno Trump, que con tres cuartas partes de su mandato por delante permanece como una incógnita. El reciente “shutdown” del gobierno -por el cual se cortan los fondos para que funcionen las instituciones federales- ha revelado lo imprevisible del gobierno republicano, por ser la primera vez que quien controla ambas cámaras legislativas no logra aprobar el presupuesto.
Con esta acción Trump ha logrado descolocar a la oposición demócrata, a la que culpa de no querer aprobar el presupuesto para la construcción del muro en el que basó su campaña. El comportamiento estratégico del presidente norteamericano es imposible de interpretar desde los parámetros habituales, porque ha puesto en duda todos los acuerdos y costumbres sobre los que se funda la práctica política estadounidense. Esta actitud es el resultado de la “tribalización”, un fenómeno cada vez extendido en las democracias occidentales.
En un contexto social atravesado por profundos cambios tecnológicos, las viejas instituciones que regulaban la vida de las personas se muestran insuficientes para dar contención y forjar lazos perdurables entre individuos. El ritmo de trabajo, el tipo de ocupación o el desarraigo en la búsqueda de oportunidades de desarrollo personal se complementan con la ilusión de proximidad que fomentan las nuevas tecnologías. De este modo la soledad se convierte en un factor determinante -y predominante- para los individuos.
La identidad colectiva que se formaba por actividades en común pasa a depender de frías consignas virtuales que refuerzan nuestro sistema de valores. Se empiezan a agotar las vivencias colectivas para pasar a ser una sumatoria de experiencias individuales agrupadas bajo una misma bandera.
Esta nueva situación social abrió las puertas para que distintas identidades políticas vayan convirtiéndose en las nuevas tribus que le dan sentido a las interacciones que las personas tienen en el mundo virtual. El riesgo es que -al igual que en las sociedades tribales- todo aquel que no esté unido por esos lazos de fidelidad profunda pase de ser un adversario a ser un enemigo. Las identidades tribales se consolidan sobre la negación del otro, o al menos de su capacidad de aportar algo válido para la construcción de consensos.
La gran atomización de identidades en el primer mundo es vista con preocupación. Regímenes que llevan más de un siglo en democracia se encuentran hoy en una situación en la que se ha ido estableciendo un consenso de que la democracia no es la solución a los problemas. Si el mundo debe ser como cada uno quiere, la existencia de “disidentes” a esa idea lo hace impracticable. Por lo tanto, si esos no pudieran opinar, ese mundo ideal sería posible. Totalitarismo en estado puro.
La conformación de un discurso único sobre lo políticamente correcto genera las bases para la aparición de liderazgos que saquen a la luz las corrientes que permanecen invisibilizadas por la policía del pensamiento. La polémica por los chistes del Negro Álvarez, los dichos de Cacho Castaña o de Facundo Arana son una muestra más de la intolerancia con la que algunas personas han encarado la problemática. Desde chistes de dudosa gracia como los que contó el primero, pasando por una frase muy común de hace 30 años en boca de un hombre de 75, hasta una cuestión inofensiva que comentó el último, todo despertó el repudio y el rechazo del feminismo extremo.
La actitud inquisidora de algunas señoritas las ha llevado a negar la posibilidad de ser feministas a los hombres heterosexuales, o de que existan mujeres que no se sientan cómodas con las que pintan consignas como “muerte al macho”. Esto, a la luz de la tribalización de la sociedad, conlleva el riesgo de que algún apologeta de la violencia de género se convierta en líder de masas aprovechando esos sentimientos que permanecen reprimidos por mucha gente, que pueden encontrar en esa persona la voz que no pudieron tener durante tanto tiempo.
No importa lo que dicte la realidad. Apelar a las emociones para movilizar voluntades es un mecanismo que en el mundo de la soledad va a ser cada vez más importante. Así como Trump -fiel exponente del tipo de persona que tiene más ventajas en la sociedad norteamericana- pudo ser la voz de los “excluidos”, en la sociedad argentina de la corrección política no falta tanto para que muchos de los logros de la agenda sociopolítica del kirchnerismo sean heridos de muerte por las mismas flechas de las tribus que los defienden. Porque cuestionando los progresos de la civilización democrática, la tribalización es sólo otra forma de barbarie.



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