Los exquisitos vinos “de la tierra”

En 1870 se había instalado en la ciudad de Córdoba un enorme depósito de vinos  mendocinos, sanjuaninos y riojanos, destinado a su distribución en el país.

Por Víctor Ramés
[email protected]

vinos
“Frutas y vino”, pintura de John F. Francis, 1856.

Si bien la provincia de Córdoba fue productora precoz de vinos durante la colonia, no cabe duda de que la bebida de elaboración nacional derivada de la vid que circuló aquí, como en otras regiones del país, en el siglo XIX, fue la que procedía de Mendoza, San Juan y La Rioja. Los especialistas sitúan en 1870 el inicio del proceso de modernización vitivinícola argentina, debido, entre otros factores de orden internacional, al arribo de inmigrantes mediterráneos que trajeron consigo conocimientos del cultivo de la vid y de la milenaria elaboración del vino. En Córdoba, ese era el año en que se anunciaba la inminencia de la primera Exposición Nacional, y fue entonces que se instaló en la capital de la provincia un gran depósito de vinos provenientes de La Rioja, San Juan y Mendoza, anunciado por el diario El Eco de Córdoba en septiembre de 1870 como “un vasto establecimiento de vinos del país, que tal vez y sin tal vez, es el más grande de la América del Sud”, el que tenía capacidad para abastecer “a todas las plazas del Litoral”.

Dicho emprendimiento era iniciativa de don Francisco Cordero, de quien se encuentra un interesante antecedente en El blog de vinos de Gustavo Choren, bajo el título Un legendario oporto argentino de la vieja guardia: “En 1867, Francisco Cordero comenzó  a comercializar un vino dulce al estilo de los  célebres licorosos europeos que tanta aceptación tenían en el mercado nacional. Eran los tiempos en que oportos, marsalas, jereces y moscateles resultaban casi indispensables para las buenas mesas argentinas”. El autor afirma que durante ocho décadas se mantuvo el siguiente slogan: “El Vino Cordero vigoriza y fortalece. Para postres, banquetes, tertulias, casamientos y bautizos. Por su pureza es un vino ideal, de sabor exquisito y aromático”.

Según informa la nota hallada en El Eco de Córdoba, que abajo se cita, el Sr, Cordero se preparaba con su emprendimiento en Córdoba para presentar los vinos en la Exposición Nacional.



El artículo del diario cordobés, al referirse a la bodega abierta por Francisco Cordero, sugiere que cierta soberanía vitivinícola empezaba a manifestarse. A contnuación algunos párrafos de esa publicación:

Vinos de La Rioja, San Juan y Mendoza. Gran depósito en Córdoba.

Cada día, cada hora, cada minuto sentimos un extraño movimiento, una nueva luz, como si dijéramos un relámpago entre la tempestad de progreso que se ha desencadenado sobre la República Argentina.

Los productos nacionales que hasta ayer eran mirados con desdén si no con desprecio, hoy tienen ya un valor, y cada día lo tendrán mayor, hasta que llegue el momento en que conociéndose su verdadera importancia, en cuanto a su legitimidad y calidad saludable, figurarán en primera escala, acrecentando la riqueza, enalteciendo a industria y dando nombre estruendoso a lo que antes no la tenía ni mediano.

Hablamos de los vinos de La Rioja, San Juan y Mendoza; vinos que hasta hace muy poco no eran conocidos, a causa del poco estímulo que ofrecía su venta a los preparadores de ese líquido.

Los vinos de Cuyo y de La Rioja eran llamados vulgarmente de la tierra, expresión en que se daba a entender la inferioridad de su clase.

Ellos estaban reducidos a servir en la mesa de los pobres por su baratura, y para curar ciertas enfermedades, lo recetaban las antiguas médicas, plaga que si bien hoy ha desaparecido en número, no se ha extinguido la raza.

Los que se dedicaban a su elaboración en San Juan, Mendoza y La Rioja, tenían que atravesar larguísimas distancias y estar expuestos a miles de contratiempos, para poder obtener su venta, que las más de las veces no alcanzaban su valor a cubrir los gastos.

Los vinos españoles y franceses, los de peor clase y condición, eran reputados exquisitos, comparativamente con el vino de la tierra.

(…) “Córdoba cuenta con un vasto establecimiento de vinos del país, que tal vez y sin tal vez, es el más grande de la América del Sud; establecimiento levantado merced a los esfuerzos de un honrado y laborioso argentino, que sin pedir ayuda ni protección de ningún género, a nadie, ha planteado un valioso depósito de vinos, del que fácilmente puede abastecer a todas las plazas del Litoral.

Con capital propio y haciendo grandes desembolsos con contar con un cálculo fijo; dedicándose y contrayéndose con la más constante asiduidad, el Dr. Dn. Francisco Cordero, que es a quien nos referimos, ha conseguido plantear un establecimiento que hace honor al país, en el cual se conocerá e rico y muy estimable producto con que cuenta la República Argentina, que a l riqueza de sus minerales, a la feracidad de su suelo y a la bondad de su clima, viene a agregarse la notabilidad de sus viñas.

El Sr. Cordero ha hecho no sólo esto que honra, como acabamos de decirlo, al país, sino que él ha venido a valorarla y estimular a sus elaboradores, no sólo a seguir sus faenas sino a aumentar prodigiosamente su número.

(…) “En cuanto a la calidad de los vinos, decimos con plena conciencia y sin temor de ser desmentidos que en el depósito del Sr, Cordero hay vinos tan exquisitos y aun más que el más renombrado champagne, jerez, madera y oporto. Ni en suavidad, gusto y pureza los hay más ricos ni más legítimos. No contienen mezclas ni ingredientes. Son solamente el jugo de la uva extraído con el esmero consiguiente, envasijado y conservado lo mismo.

El Sr, Cordero se prepara para presentarse en la Exposición Nacional con sus vinos y podemos asegurar, desde luego, que obtendrá el primer premio, porque es imposible poder ofrecer, no diremos un vino, un néctar más exquisito ni más agradable.

Bien, pues. Establecimientos como el que acabamos de hablar ligeramente, merecen la protección del público, y es de esperar que para cuanto dejamos consignado, ocurran al depósito del Sr. Cordero y ya verán si agregamos una palabra a la verdad y al mérito de los ricos y purísimos vinos de la Rioja, San Juan y Mendoza.

Probando se conocen las cosas.

Para buscar la salud o conservarla, como para hacer gustar el paladar, deben procurarse los vinos del gran depósito de la calle Constitución núm.91 y 93.”



Dejar respuesta