La prole de Amado

El ex vicepresidente Amado Boudou se convirtió ayer en padre por primera vez. Gozando de la libertad que le fue concedida la semana pasada, pudo recibir a sus mellizos en el hospital privado en el que su señora estaba internada.

Por Javier Boher
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Los recién llegados a este mundo recibieron sus nombres en homenaje a ciertos personajes históricos que han sido abrazados por los sectores afines al kirchnerismo en los últimos años. Los pequeños son Simón y León, en honor a Bolívar y a Trotsky. Libertador de américa y fundador del Ejército Rojo, respectivamente.

Quizás por ese endiosamiento que se ha dado en la última década es que los nombres que eligió el ex ministro de economía funcionan como un perfecto detector de progresismo. Según el buscador de nombres de la página http://nombres.historias.datos.gob.ar/ (que cuenta con información oficial obtenida del Registro de las Personas) ambos nombres están viviendo su momento de auge.

Con un pasado de relativa popularidad en la década del ’20, ambos nombres se identificaban con las luchas obreras. En el caso de León, también entonces en homenaje a Trotsky, por ser uno de los hombres fuertes de la Revolución Rusa en la que se referenciaban numerosos inmigrantes y revolucionarios.



Simón, sin embargo, no obedecía al sentimiento latinoamericanista actual, sino más bien a Simón Radowitzky, el anarquista ruso que fue encarcelado por el asesinato de Ramón Falcón, el jefe de policía responsable por la represión de la Semana Roja de 1909.

Pese a que los datos están actualizados a 2015, allí se puede observar la tendencia creciente en ambos nombres desde fines de los ’90, con una explosión desde 2007. Aunque Simón duplica en popularidad a León, casi tres de cada mil niños nacidos el último año de las estadísticas llevan alguno de los dos nombres.

Es llamativo ver adónde derivó la carrera política de Boudou. Desde su militancia ucedeísta ultraliberal hasta el populismo bolivariano. Desde militar en la juventud de los admiradores de Alsogaray hasta compartir espacio político con D’Elía o Esteche. En ese camino recorrido, acumulando poder a una gran velocidad, más que a un hombre dogmático se puede ver a un político pragmático.

Como cada retrato que se puede hacer es incompleto, basta con pensar en las situaciones en la que se lo ha visto: del glamour de la noche porteña al look linyera barbudo después de dejar la vicepresidencia. De andar en Harley a comer guiso con la gente de MILES, o de ser DJ en boliches de moda en Mar del Plata a tocar con los setentistas de La Mancha de Rolando. Lo suyo siempre fue el arte de la simulación.

Por eso no sería de extrañar que dentro de un par de años, cuando todo esto ya haya caído en el olvido, apele a su gusto por la música para decir que sus hijos se llaman así por Simon & Garfunkel y León Gieco. Porque el zorro puede perder el pelo, pero no las mañas.



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