La corrupción sindical y la presión de las audiencias

Las noticias del género sindical-policial se encuentran en auge. Con la detención de toda la cúpula de la UOCRA de Bahía Blanca se suma otro evento a los cada vez menos sorprendentes procedimientos contra las mafias sindicales.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Bahia Blanca: Continúa el operativo de allanamiento en la Uocra por la causa en la que se investigan delitos de asociación ilícita en concurso real con más de 30 hechos de extorsión.

Aunque cada tanto aparezca algún elemento novedoso que concentra nuestra atención, hay una constante detrás de cada uno de los operativos policiales que involucran a sindicalistas. Dinero, drogas, armas, autos, mansiones, todo se suma en un blend específico de corrupción, narcotráfico y sindicalismo.

Mientras se mantenga la curiosidad por conocer cómo es el zoológico ilegal de animales exóticos que poseía Balcedo o la historia de las misteriosas cajas de seguridad que algunos se proponen perseguir como si se tratara una búsqueda del tesoro, la cobertura mediática no va a peligrar. Aunque sea por el morbo de saber hasta dónde ha penetrado la estética narco centroamericana en estas bandas que usan a los gremios como fachada, el interés de la gente se va a sostener.

El miércoles Luis Barrionuevo lanzó una amenaza solapada al gobierno con su habitual exhuberancia oral, alegando que Alfonsín y De la Rúa también se quisieron meter con los sindicatos y no lograron terminar sus mandatos. Cada vez queda más claro el perverso juego político que se jugó detrás de las peores jornadas desde el regreso de la democracia, con un rol fundamental de los sindicatos en la logística del caos.

Con cada nuevo caso, los gremialistas están siendo demonizados y eso pone nerviosos a Barrionuevo y a sus compañeros. Sin embargo, es sabido que en el imaginario colectivo persiste esa imagen romántica del sindicalista que defiende a sus afiliados frente al patrón abusivo, aunque en la práctica el segundo arriesgue su capital y su tranquilidad frente al primero que está dispuesto a entregar a sus afiliados por algún negociado que lo favorezca.

Por eso la pregunta que se empieza a imponer después de todos estos casos es hasta cuándo va a durar el interés de la gente por los mismos. Eso es lo único que garantiza la cobertura mediática, la que en última instancia es el escudo protector de los sectores minoritarios que desde el poder judicial intentan poner fin a la red de corruptelas que ha embebido el funcionamiento de las estructuras estatales y paraestatales por años.

Todo indicaría que quedan dos caminos posibles para sostener el interés popular en los resonantes casos de corrupción. El primero -el más simple- estaría en revolver en los vínculos de los que ya han sido detenidos, sus conexiones con las mafias o el poder político. Eso garantizaría el revuelo al menos por un tiempo.

El segundo escenario es más complejo, pero a la larga va a ser lo único que se revele efectivo: seguir subiendo en las jerarquías, buscando perfiles cada vez más destacados. Cuando ya no sea noticiable la detención de algún ignoto desconocido por las masas, no quedará más opción que seguir por aquellos que son caras familiares. Para eso hay que ir “hasta el hueso”, tratando de perforar las capas más duras de connivencia política, lo que puede afectar los intereses del mismo gobierno.

La actitud de los ciudadanos frente a estos temas será crucial para ver hasta qué extremo llega la voluntad del oficialismo para sostener esta guerra fría que se ha abierto con las mafias de la política. Si la gente realmente ha elevado la vara, aunque en algún momento el gobierno pueda intentar ponerle un freno para obtener algún beneficio de dichas redes, se encontrará con una oposición que se lo impida. Si sólo fue un reflejo por “indigestión”, no demorará en reaparecer la figura de la CGT que se plante a defender los derechos de los argentinos, sólo para arrancar con todo otra vez.



Dejar respuesta