Gobierno debilita al sindicalismo antes de las paritarias

En un contexto económico complejo, y postergado el tratamiento de la reforma laboral, Macri prepara el terreno para la negociación de paritarias con los gremios.

Por Felipe Osman

sindicalismo
Humberto Monteros, ex titular de la Uocra Bahía Blanca.

La cruzada del Gobierno contra las llamadas “mafias sindicales” no se detiene. Apenas una semana después de la detención de Marcelo Balcedo, titular del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (Soeme) en La Plata, trascendió ayer el arresto de Humberto Monteros, ex titular de la Uocra Bahía Blanca. Acusado de liderar una asociación ilícita dedicada a extorsionar empresarios de la construcción, Monteros se habría valido de amenazas de paralizar obras para exigir la sub-contratación de empresas propias o de sus allegados, o para conseguir el pago de sumas en beneficio propio y de sus asociados. Modus operandi similar al de Juan Pablo “Pata” Medina.
Junto a Medina, Balcedo y “Caballo” Suárez, Monteros es el cuarto gremialista detenido por corrupción durante la era Macri. Y otro nombre lleva la delantera para unirse al “club”: Víctor Santamaría, titular del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh) desde hace 12 años, sospechado de haber blanqueado sumas millonarias.
Al momento de su detención, más de cinco millones de pesos y 100 mil dólares fueron encontrados en el domicilio de Monteros. El dinero se encontraba en bolsos y bolsas de nylon, con lo cual probablemente sólo se trate de “efectivo en movimiento”, de la “caja chica” del sindicalista. En otros allanamientos realizador en simultáneo por la Policía Bonaerense se encontraron armas y drogas. Algunos de los colaboradores de Monteros se encuentran aún prófugos. Entre ellos, Guillermo Molina, ex secretario de finanzas del gremio, y ex candidato a concejal por Unidad Ciudadana en las últimas elecciones.
Pero existen otras vinculaciones muchos más comprometedoras entre estos cabecillas de la corrupción sindical y el kirchnerismo. Balcedo, por ejemplo, fue uno de los financistas de la campaña de Unidad Ciudadana en La Plata. Vestigios de la “década ganada”.
La seguidilla de detenciones incomodó a Luis Barrionuevo, que espetó: “no sigan pisando la cola al león (…) De la Rúa y Alfonsín atacaron a los sindicatos y no terminaron su mandato”. Jorge Triaca prefirió no recoger el guante, y en declaraciones radiales dijo entender que se trató de “una frase desafortunada”.
El Gobierno llega a la antesala de las negociaciones paritarias ejerciendo una gran presión sobre el sindicalismo. Debe tenerse en cuenta, además de estas detenciones e investigaciones, el tenso pulso que sostiene Macri con el clan Moyano. Pablo Moyano, “heredero” de Camioneros, desbarató momentáneamente la reforma laboral al denunciar, de manera tangencial, que habrían existido coimas para lograr el apoyo de la CGT al proyecto (que responde a Hugo, su padre). Macri, a su vez, tiene en su poder una carta fuerte: renovar o no a OCA la licencia para seguir operando. La empresa, que muchos sindican como perteneciente a los Moyano, debe una cifra sideral a la AFIP. Hace una semana, en un guiño a Moyano, el Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones) prorrogó la licencia por 40 días a OCA. Resta ver si esto significará un acercamiento entre el Gobierno y la CGT.
Además, Macri prepara una auditoría exhaustiva sobre las principales cajas de los sindicatos: las obras sociales. Y días atrás se reavivó la posibilidad de impulsar una reforma a la Ley de Asociaciones Sindicales, para limitar la reelección de las conducciones gremiales.
De esta forma el oficialismo se alista para entrar en una etapa de negociación de paritarias clave. Luego del cambio de rumbo económico planteado por el Gobierno, con la devaluación producto de la disminución de las tasas de interés pagadas por los Lebacs y la postergación por un año de las metas inflacionarias, Macri necesita pactar aumentos bajos, para que no exista un corrimiento de los precios que licue la ventaja comparativa lograda por la devaluación. En otras palabras, necesita que la inflación no se “coma” a la devaluación.



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