¿Cuál es el precio, Hugo?

La inuguración del hospital de Camioneros juntó a algunos referentes del gobierno con el ex titular del gremio. Pese a las flores y las chicanas, no quedó muy claro qué es lo que se traen entre manos.

Por Javier Boher
[email protected]

hugo-moyanoHugo Moyano sigue siendo un personaje importante en la política argentina. Aunque alejado del centro de la escena, su pasado como líder de la CGT tiene peso a la hora de las negociaciones con el poder político. Es sabido que muchos sindicalistas de primera línea lo escuchan a la hora de decidir un curso de acción a seguir.
No es extraño que algunos funcionarios del gobierno nacional -entre ellos el ministro de trabajo, Jorge Triaca- también lo consulten sobre temas vinculados a política sindical y la relación con los gremios. Por la estructura corporativa que tiene nuestro país es muy difícil que las políticas públicas se implementen con éxito si no cuentan con el aval de las corporaciones más poderosas.
En medio de los tironeos por la reforma laboral (puesta en espera por el gobierno), los casos de corrupción sindical, los escándalos en el fútbol y los vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero, Hugo Moyano aprovechó la inauguración del Sanatorio Antártida -que pertenece al gremio de Camioneros y es reinaugurado por tercera vez- para invitar a algunos personajes vinculados al gobierno y sentar su posición de cara a lo que viene.
En su discurso se refirió en general a la dirigencia gremial, anteponiendo al estereotipo fogoneado por el gobierno el estereotipo sostenido desde el peronismo: los delincuentes, corruptos, evasores y mafiosos serían una minoría comparados a los sensibles, populares y comprometidos dirigentes que caracterizan al sindicalismo argentino. Mientras lo primero es una exageración, lo segundo es una burla.
El patriarca del clan Moyano se situó del lado de los dirigentes “que hacen”, sosteniendo que la inauguración del Sanatorio era la prueba de que se pueden llevar adelante prácticas de cuidado de los afiliados. Triaca y Santilli (vicejefe del gobierno porteño) aplaudieron a Hugo por haber devuelto a los afiliados sus aportes en cobertura. Sería un “modelo exitoso”.
Pese al reconocimiento que los políticos cambiemitas hicieron al ahora dirigente del fútbol, la realidad es que el sistema de cobertura médica actual es profundamente deficitario, con mafias que se enriquecen y una contradicción central: ¿cómo se supone que los que tienen que defender para que se cumpla el derecho a la salud de los trabajadores pueden hacer que se cubra eficientemente ese derecho?.
El dinero que manejan las obras sociales (y que debería volver en prestación a los afiliados) es un gran botín para hacer política. Aquel premio que Onganía le entregó a los gremios para conseguir sus favores sólo logró darles la autonomía y fortaleza que Perón sabiamente les negó.
Es muy difícil que dichas organizaciones puedan mantener grandes estructuras (como hospitales o clínicas) que compitan contra estructuras públicas y privadas que se mantienen desde otra lógica. Así como los privados buscan ganar plata y los públicos brindar un servicio (que aunque sea deficitario puede ser cubierto por el Estado) las obras sociales se enuentran en un punto medio en el que aunque no pretendan ganar plata tampoco se pueden permitir perderla.
En la realidad, usando las obras sociales como caja política, buscan recaudar más dinero bajando prestaciones a los afiliados, todo para disponer de más fondos para hacer clientelismo. O para contratarse entre ellos, aumentando sus ganancias personales en lo que debería ser un servicio a los aportantes.
El sistema de aportes de los trabajadores a estas cajas negras de la política sólo encarece el servicio, empobrece la prestación y agrega “ruido” en las transferencias entre el afectado y el médico. Inflar el pecho con orgullo por un sistema de salud que era muy bueno hace 30 o 40 años pero que excluye a mucha gente en beneficio de un puñado de administradores, demuestra un desconocimiento profundo de la realidad.
Por eso, en lugar de aplaudir la gestión de la salud que hicieron los Camioneros, deberían sincerarse y decir que sólo quieren saber cuánto cuesta que Hugo mueva sus fichas para respaldar la reforma laboral. Porque si no nos va a salir más barato, vendría bien saber cuál es el servicio que estamos pagando.



2 Comentarios

  1. El dinero que manejan las obras sociales (y que debería volver en prestación a los afiliados) y pagos de honorarios médicos y gastos sanatoriales ,en tiempo y forma ,sin descuentos por parte de clínicas ,sanatorios ni gremios.

  2. La Nota de Javier Boher; Hay que leerla con cuidado y dos veces. enseña mucho – El sindicalismo fue y es una creación de las sociedades modernizadas para que se repeten y acrecienten los llamados «derechos sociales» y que en la Argentina surgieron y se legitimaron a principios del siglo XX – no los inventó Perón aunque éste les dió efectividad en muchos aspectos positivos, luego con la reforma constitucional se sancionó el art. 14-bis CN. una pieza esencialç Pero hay otra cara del sindicalismo; por motivos que sería largo incluir en este comentario,el sindicalismo se fusionó con la política (PJ y otros) y llegó a operar como verdadero «factor de poder» -eso le permitió influir fuertemente sobre la marcha de la economía nacional y todavía sigue sin aprobar la materia – Las «conquistas» sociales no se identifican con los intereses fundamentales de la sociedad nacional si, mentando a la «justicia social», le atamos las manos al desarrollo y a la independencia económica – Algo que se entiende en los ideólogos trotskystas pero nunca en quienes se dicen argentinos – JAR

Dejar respuesta