Ser pionero tiene premio

El grupo inglés Moody Blues tuvo hace pocas semanas una noticia que esperaba hace mucho tiempo: su incorporación al Salón de la Fama del Rock & Roll. Aunque muchos toman a la ligera a este halago, ellos se sentían menospreciados por no haberlo recibido aún, después de más de cinco décadas de trayectoria.

Por J.C. Maraddón
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Si cabe mencionar un año en el que el rock alcanzó su adultez, ese sería 1967. Porque, si bien el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club band” de los Beatles es el mayor exponente de ese proceso, en ese año fueron varios los lanzamientos discográficos en los que las bandas se atrevían a ir mucho más allá de las simples canciones de amor que poblaban el universo del pop. Se publicaron álbumes conceptuales, en los que se pretendía contar historias ejemplificadoras; o se trabajaba sobre determinadas temáticas, a las que se abordaba desde distintos puntos de vista, sobre una base sonora que rezumaba psicodelia.
Entre esos emprendimientos que cumplieron medio siglo el año pasado, es imposible no mencionar a “Days of Future Passed”, un disco que en noviembre de 1967 sacudió la escena del rock inglés, que ya venía bastante movida en ese año. La sorpresa la dio el grupo Moody Blues, que hasta ese momento era una más de las bandas británicas que abrevaban en la música negra estadounidense (como los Rolling Stones o The Animals) y que se destapó con un disco conceptual que estaba destinado a perpetuarse como su mayor aporte al repertorio de la música contemporánea universal.
En 1966, con la partida de dos de sus miembros originales por la escasa repercusión que tenían sus canciones, los Moody Blues se encontraban al borde del abismo. Pero justo en ese trance les apareció una propuesta de una subsidiaria del sello Decca, que estaba interesada en lanzar un nuevo formato de sonido estereofónico y necesitaba un grupo que grabara un disco bajo esas condiciones. La banda, con una nueva formación, desarrolló entonces un proyecto en el que se proponía relevar musicalmente el transcurrir de un día hasta la noche, utilizando arreglos orquestales que cambiaban de manera radical su estilo.
Acompañados por los músicos de The London Festival Orchestra, bajo la batuta del maestro Peter Knight, los Moody Blues no sólo redondearon una obra maestra, sino que además la cerraron con la esplendorosa “Nights in White Satin”, una pieza compuesta por una de las por entonces flamantes incorporaciones en su formación, el guitarrista y cantante Justin Hayward. La canción, a pesar de sus casi siete minutos y medio de duración, resultó un éxito rotundo y se transformó en un clásico de los años sesenta, que ha sido largamente utilizado como banda sonora por películas que se ambientan en esos años.
En noviembre de 2017, los Moody Blues celebraron el cincuentenario de “Days of Future Passed” con una presentación en un especial televisivo, donde aprovecharon para anunciar una gira a través de los Estados Unidos, que se está realizando por estos días. Con el aporte de las nuevas tecnologías, el grupo puede recrear hoy en vivo el sonido sinfónico de aquel álbum, algo que en la segunda mitad de los años sesenta resultaba imposible de concretar. Baste recordar que, justamente por un idéntico motivo (entre otros), los mismos Beatles dejaron de realizar conciertos en directo a partir de mediados de 1966.
Tras este regreso con gloria, los Moody Blues tuvieron hace pocas semanas una noticia que esperaban hace mucho tiempo: su incorporación al Salón de la Fama del Rock & Roll. Aunque muchos toman a la ligera a este halago, el grupo británico se sentía menospreciado por no haberlo recibido aún, después de más de cinco décadas de trayectoria. Pioneros en la evolución del rock que en los años setenta llegó a su punto culminante con la entronización de la música progresiva, los Moody Blues se ganaron un lugar especial en la historia del género más popular del último medio siglo.



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