Enero: desarmado y sin pileta

La noticia de la no apertura del natatorio del club en este verano cayó fuerte en el ánimo del socio de Instituto. Sumada a la salida de Videla y la venta de Mainero, el proyecto deportivo se desmantela. Un 2018 con desafíos

Por Federico Jelic

institutoUn verano muy especial, con temperaturas invernales y ráfagas de vientos indomables es parte del pronóstico del tiempo en Alta Córdoba, con un Instituto que recibió el 2018 con las peores noticias. Bueno, entre buenas y malas, en realidad, pero lejos queda ahora el proyecto con ambiciones de ascenso con ocho bajas en el plantel profesional. Entre ellos, el mejor jugador del club y el referente que nunca fue tal. Y si encima se le agrega que la Escuela de Verano no funcionará este enero ya que no quedó habilitada la pileta del club, queda en evidencia que los frentes a cubrir por el presidente Gastón Defagot son amplios y difíciles de solucionar en el corto plazo.
Por eso podemos afirmar que el año del Centenario no empezó de la manera más deseada por la dirigencia. Ni en lo deportivo, ni en los social. Tampoco es para dramatizar ni ser extremistas, pero que llaman la atención algunos pasos en falso que podrían tener consecuencias a futuro a nivel imagen.

Sin pileta

Llamó la atención, viniendo del club social por excelencia en Córdoba, que se jactó durante décadas de ser la entidad con mayor cantidad de disciplinas deportivas y con una masa societaria concurrente y sólida. Hoy Instituto no cuenta con disponibilidad en su pileta olímpica de 50 metros para este verano, decisión desde lo dirigencial y también con apremios legales por decirlo de alguna manera.
La pileta era un emblema de todas las gestiones, por el tamaño y por la convocatoria, aunque con el paso de los años, fue mermando la cantidad de participantes y abrirla hoy en día representa casi una perdida. Por eso se justifica su clausura, según dicen desde adentro.
Lo que ocurrió fue que existió una demanda y una medida cautelar dictada por la justicia a instancia de los padres de un niño que sufrió golpes y heridas en la pileta, sin contar con la mejor asistencia. De todas maneras, los números fueron mermando demasiado: el año pasado apenas 253 socios-pileta se inscribieron en el club, cifra declarada insuficiente por la dirigencia como para ir a pérdida en un año de convocatoria de acreedores.
Esto trajo una serie de rumores: está latente la construcción y ampliación de aulas para la escuela primaria y jardín. Y rumores señalaban la necesidad de la dirigencia de ocupar la totalidad o parte de la pileta, que solo tiene actividad tres veces al año, para apostar a la ampliación del establecimiento educativo. Y que la sed de la pileta y del veraneo sea saciada con la pileta climatizada, de 25 metros, que funciona todo el año.
Aunque para muchos la pileta representaba un motivo de orgullo institucional, hoy parece ser más redituable tener más aulas. Esto es parte de un proyecto que generó algunas rispideces en el ánimo del socio.



Sin Videla ni Mainero

Pero lo peor para el presidente Defagot es la diáspora apresurada a la hora de depurar el plantel a mitad de torneo, con la salida intempestiva del referente Ezequiel Videla, y la venta de su máximo activo de las inferiores. Guido Mainero abandonó Alta Córdoba a cambio de 500 mil dólares por el 80 por ciento de su ficha económica, con destino a Vélez Sarsfield. El  negocio no es malo, pero desprenderse de su mejor futbolista con medio campeonato por disputarse dificulta la ilusión del ascenso.  Este plantel, que comenzó con el DT Gabriel Gómez, que apenas duró seis partidos, ahora tendrá que remar contra viento y marea, disminuido, si quiere aspirar a llegar a la máxima elite nacional.
Para colmo de males, Videla denunció amenazas de muerte, armó las valijas y de manera polémica emigró rumbo a Paraguay. Abandonó el barco, casi literalmente, por lo que ahora se hacen sentir las rescisiones innecesarias de contratos de futbolistas como Javier Fernández, Franco Olego, Germán Lesman, Ricardo Blanco y Gorgerino. El plantel quedó muy corto para afrontar el desafío de soñar, y hasta de mantener la categoría. Porque la B Nacional sigue siendo clemente en los promedios con Instituto, pero una racha negativa volvería a traer esos dolores de cabeza que se creían superados para el hincha. Atención.

Reestructurando

¿Esto en cuanto afecta la imagen de la gestión de Defagot? Mientras que el “partido” institucional se está ganando, con el pago del concurso preventivo acomodado y sin amenazas de quiebras, todo el polvorín queda concentrado en la faceta deportiva. Nadie recordará las negociaciones con los acreedores si el equipo no despega y, por el contrario, termina zambulléndose en el fondo de la tabla. Y tampoco mantendrán recuerdos para criticar con respecto a la pileta, porque dos goles o tres partidos ganados al hilo provocarán amnesia total con esa situación “edilicia”, y el natatorio será historia.
Pero el DT Darío Franco sabe que no tiene margen, y apunta a conseguir dos refuerzos de fuste que hagan olvidar a Videla y Mainero. Para colmo, desde Grecia solicitan condiciones para llevarse a Ignacio Antonio, otro valor surgido de la cantera cuyo contrato vence ahora en junio. El panorama es complicado. El ascenso en el Centenario y el súper equipo para esa meta quedó desmantelado. Peor, nunca fue tal. El 2018 trae obstáculos, pero Instituto sabe de estos dilemas, que lo afectaron casi desde siempre. Será cuestión de que Defagot y sus asesores encuentren estabilidad para que el siglo de vida no tenga un brindis amargo.



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