El sindicalismo nuestro de cada día

Ayer se produjo la detención de Marcelo Balcedo, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (SOEME). Así se alarga la lista de sindicalistas detenidos por problemas con la justicia.

Por Javier Boher
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Cuando el “Caballo” Suárez había copado la posta mediática al conocerse que le otorgaron el beneficio de prisión domiciliaria por ser “alcohólico crónico”, la detención de Balcedo removió la discusión sobre los vínculos entre el sindicalismo y la matriz de corrupción que dominó durante el kirchnerato.
Como en un relato calcado de cada sorpresivo operativo para detener a algún cómplice del desfalco de la “década ganada”, el sindicalista tenía armas y dólares en su poder, a la vez que podía ostentar una colección de autos imprtados en una casa en Punta del Este.
Los casos conocidos hasta ahora marcan una constante en el acionar de los gremios, con estructuras poco transparentes, con bajo ejercicio de la democracia interna, con aprietes a opositores y arreglos con patronales o simplemente aportando la estructura institucional de cada sindicato u obra social para desviar fondos o lavar dinero recaudado a través de actividades ilegales.
Cada uno de los detenidos puede exhibir un elevado nivel de vida, mientras los afiliados a sus gremios muchas veces deben peregrinar para conseguir que se defiendan sus derechos o se les cubra la prestación médica obligatoria que muchas veces las obras sociales sindicales les niegan.
Los nervios que demuestra parte del sindicalismo argentino tienen que ver con algo que parece haberse convertido en una constante en la política del gobierno actual, que es la voluntad de desarmar la estructura sindical corporativa que ha dominado en el país durante más de medio siglo.
Quizás sea por el origen empresarial de muchos de los miembros del gabinete nacional, o por el hartazgo de su masa de votantes, pero parece haber determinación en depurar una estructura que no ha sabido honrar la función que le fue encomendada.
A diferencia del idealismo con el que algunos radicales hablan de la frustrada Ley Mucci que impulsó Raúl Alfonsín en su mandato, parte del oficialismo nacional ha sabido entender que encarar una propuesta tan ambiciosa puede significar el impulso para la reunificación del movimiento obrero peronista. Por eso han optado por una guerra de desgaste, por focos, dividiendo a los protagonistas.
La baja cantidad de diputados sindicales (algo que Cambiemos debe agradecer a la falta de raigambre ortodoxa de las distintas versiones del peronismo que se han visto desde Menem hacia acá) pueden facilitar la negociación en las cámaras para terminar de dar el golpe de gracia que se necesita.
En un año que prevé tensiones por la negociación de paritarias y por la recisión de contratos en algunas dependencias públicas, si continúa la proliferación de noticias policiales en torno a las cabezas de los gremios seguramente el camino que elijan tomar los estrategas del gobierno va a encontrar menos resistencia que si pretenden ir al choque directamente.
El descrédito del sindicalismo es tan grande que no consiguen que el progresismo los incluya en su lista de “presos políticos”. Huérfanos de respaldo político, enfrentados en una terrible interna y resistidos por la mayor parte de la población, todo indica que esta vez su defensa será más difícil.



1 Comentario

  1. Sin una PROFUNDA REFORMA SINDICAL, este tipo de «dirigentes» seguiran aparaciendo. LA ALTERNANCIA, debería ser el EJE PRINCIPAL del GREMIALISMO ARGENTINO. TODOS se debería jubilar de la FUNCION LABORAL QUE OCUPAN. Tanto sindicalista que se llena la boca de «Agustín Tosco», pero no lo imitan TRABAJANDO A LA PAR DE SUS COMPAÑEROS, sin necesidad de acudir a la LICENCIA GREMIAL. Tosco, hasta que pasó a la clandestinidad, estuvo presente en EPEC Villa Revol. Días atrás veíamos al «jubilado» con la máxima categoría Municipal, Daniele VOLVER a su lugar de trabajo, ese que habìa dejado en 1984 ¡TREINTA Y TRES AÑOS habían pasado desde que hizo uso de la licencia gremial! ¿Ese es el ejemplo para «los trabajadores»? Por otra parte, está la derogación del decreto del dictador ONGANIA que les otorgó a los SINDICATOS los cuantiosos fondos de las Obras Sociales y que el Gral Perón en 1974 con el SISTEMA NACIONAL INTEGRADO DE SALUD, pretendía emular al sistema Británico de salud publica con las leye 20748 y 20749, que se financiaría con fondos del Estado mas los de las OBRAS SOCIALES. Era un modelo de salud PARA TODOS LOS ARGENTINOS. Obviamente HOY , afectaría ademàs de los sindicatos en su «poder economico» a las prepagas. Por ello no fuè casual que OTRA DICTADURA, derogará las «leyes del Gral». ¿Curioso que NINGUN PERONISTA y ni siquiera los «progresistas» que gobernaron hasta 2015 NO HAYAN REFLOTADO EL SISTEMA NACIONAL INTEGRADO DE SALUD (SNIS) y que NO SE HABLE DE ESTE PROYECTO elaborado por reconocidos médicos como Liotta, Aldo Neri, Canitrot,Testa entre otros Sanitaristas?

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