Sólo una obra maestra

Hace exactamente diez años, un dúo estadounidense con nombre de proteína, MGMT, publicaba en CD su primer álbum, “Oracular Spectacular”, que iba a ganar adeptos velozmente en la escena alternativa de su país, para después escalar en los charts de ventas gracias a algunos hits muy pegadizos.

Por J.C. Maraddón

Aunque no fue prolífica en novedades, la primera década de este siglo nos sorprendió con grandes lanzamientos discográficos y con la aparición de bandas que desde su mismísimo álbum debut prometían salir del molde y arrancar con una carrera a la que no se le veía límites. The Strokes, Arctic Monkeys, Franz Ferdinand y Kasabian, por sólo nombrar cuatro, sirven como ejemplos de ese ímpetu con el que el rock inició el tercer milenio, a través de formaciones que sacudieron el panorama en su debut y que lograron sostener en el tiempo la furia con la que se habían dado a conocer.

Pero fueron varios los nombres que saltaron a la palestra con una fuerza indetenible y que, a poco de andar, decayeron en el envión y pasaron a integrar el enorme tropel de grupos que tuvieron un gran éxito inicial y que no lograron pasar en limpio el potencial creativo que se les adjudicaba. Un caso extremo de esa categoría de artistas en los dos mil podría ser el de la banda inglesa The Music, que en 2002 se dio a conocer con un disco largamente elogiado y que terminó separándose nueve años después sin haber conseguido jamás superar aquella obra.

The Music fue uno de los tantos intentos que hubo en esa época de mixturar el rock con la música electrónica, un estilo que por esos años llegaba a su más alto nivel de popularidad y que influenciaba al resto de los géneros por la simple extensión de su reinado. Obviamente, el grupo inglés no fue el único que incursionó en ese sendero. De hecho, se abrió un subgénero al que la crítica llamó “electro clash”, en el que se agrupaban aquellos que imprimían colores de la new wave y el pop ochentoso sobre la fría superficie de la electrónica.



En enero de 2008, hace exactamente diez años, un dúo estadounidense con nombre de proteína, MGMT, publicaba en CD su primer álbum, “Oracular Spectacular”, que iba a ganar adeptos velozmente en la escena alternativa de su país, para después escalar en los charts de ventas gracias a algunos hits muy pegadizos. «Time to Pretend», «Electric Feel» y «Kids» fueron los caballitos de batalla de una obra que fue recibida con una avalancha de elogios por parte de la prensa especializada y que resultó una preponderante influencia para quienes estaban buscando en ese momento un sonido hacia el cual orientar sus pasos.

Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser eran los típicos representantes de esa cultura universitaria que tan buenos dividendos le rindió al rock a lo largo de las décadas. Iniciados en ese circuito, se propusieron experimentar en el electro rock, aunque no escatimaron una dosis de psicodelia para que esa poción tuviera un efecto poderoso. El sello Columbia vio que allí había una chispa incendiaria cuando firmó contrato con ellos. Y con la aparición de “Oracular Spectacular” pareció que esos presagios se confirmaban de manera plena, hasta tal punto que la revista Rolling Stone lo incluyó en 2012 entre los 500 más grandes álbumes de todos los tiempos.

A diez años de esa hazaña, la dupla sigue en pie y se apresta a publicar en 2018 su cuarto álbum, “Little Dark Age”, del que ya ha trascendido alguno que otro adelanto. Sin embargo, no hubo forma de que MGMT revalidara aquel debut que, en pocos meses, los situó en la cresta de la ola y los catapultó como banda soporte de artistas consagrados como Radiohead y Beck. Quizás la caligrafía que eligieron para plasmar sus canciones haya sido demasiado efímera. O tal vez estaban predestinados a parir sólo una obra maestra… lo que no es poco.



Dejar respuesta