Arrancó Cristina

Después de dos faltazos, finalmente se presentó para comenzar su nuevo mandato en la cámara alta.

Por Javier Boher
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CristinaEl martes se esperaba el debut legislativo de la flamante senadora por la minoría de la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernandez de Kirchner. Después de su frustrada participación la semana pasada, millones de votantes bonaerenses esperaban la aparición de su líder.
No pudo ser.
Había gran expectativa por el encuentro cara a cara que iba a tener en la comisión de presupuesto con el ministro de economía. Siendo la conductora de un proceso político que tenía al “vivir con lo nuestro” como bandera nadie imaginó que iba a desperdiciar la oportunidad de enfrentarse a uno de los artífices de la política económica del nuevo gobierno.
Sin embargo, optó por no mostrarse. Quizás sus ausencias tuvieron más que ver con la posibilidad de un intercambio directo, casi personal con interlocutores preparados, capaces de refutar con argumentos contundentes sus afirmaciones al estilo slogan.
Por eso esperó a la sesión de ayer en el recinto, donde las réplicas son virtualmente inexistentes (o donde al menos no se suelen iniciar careos intensos), para presentarse como líder de la oposición.
Su regreso al recinto fue contradiciendo las reglas de la duración de los discursos, atacando de manera directa a todos aquellos que considera que están en la vereda de enfrente. Sus dardos más fuertes fueron contra el oficialismo, pero también contra sus antiguos esbirros.
La actitud de la ex presidenta de no asistir a las reuniones de comisión, pero asistir a las del recinto, deja en claro su intención de actuar su papel de abanderada de los humildes. Busca secuencias televisibles, fragmentos noticiables. No le interesa la labor parlamentaria.
Cuando la semana pasada se oponía la calle a la democracia representativa se demostraba esto mismo pero por otros medios. Para ella el parlamento es la vidriera donde se muestra la torta, no la cocina en la que se la hornea.
Algunas encuestas marcan un repunte en su imagen en contraste con la situación de los líderes del oficialismo, desgastados tras las dos últimas semanas. Pero eso solo no alcanza para reconstruir un peronismo fragmentado, conducido formalmente por caras de transición.
Al rever su idea de desaparecer, demostró la iniciativa de domar al potro justicialista que hoy corre desbocado en provincia de Buenos Aires, carente de un liderazgo claro. Por su bajo techo electoral, unificar al peronismo nacional es -por ahora- sólo un sueño.
Pero dicen que todos los sueños merecen ser soñados. Cristina lo sabe, por eso apunta a lo único que la puede ayudar a quedar impune.