Nuevas aventuras del señor Gratis

Se ofrece otro acercamiento al personaje creado por el cronista Zurriago en 1870, un tipo cordobés tal vez modelado en base a personas reales de su entorno, en la provinciana Córdoba.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Ilustración de Honoré de Daumier, “Intervalo en la función de teatro”, 1865.

En una noticia anterior tuvimos el gusto de presentar la caricatura nacida de la pluma de un cronista de periódico cordobés a fines de 1870, apodado o apellidado Zurriago, que aportaba el perfil de un tipo humano cordobés de carácter universal: el señor Gratis. Este personaje aparece unas cuantas veces en El Progreso y su carácter, además de resaltar con nitidez en el fondo de la época, provee un acercamiento irónico al ámbito social en que se desenvolvía la vida cotidiana cordobesa de entonces. Es un hallazgo de Zurriago, y también un descubrimiento fresco y jocoso para lectores y lectoras de hoy, ya que el tipo del que se procura algún beneficio gratuito, y por contrasentido lo hace “a toda costa”, es pariente de los pícaros de todas las épocas, así como de los pobres infelices de siempre, debido a su inclinación compulsiva.
Como se ve en la continuación de las historias que definen a esta creación genial del boletinero de El Progreso, el personaje no tiene problema en pagar para lograr cierta ventaja. El señor Gratis invierte lo que sea, y en definitiva resulta un mal negocio, ya que como ha dicho el mismo cronista que lo retrata el señor Gratis puede gastar en su plan más que lo que en definitiva obtiene. La psicología del señor Gratis es similar a la del jugador compulsivo, que pierde muchas veces más dinero que el que finalmente una vez, a las cansadas, gana con su apuesta; pero la inmensa satisfacción de ese solo triunfo parece compensarlo de la pérdida monetaria y le alegra el alma de un modo que a un no jugador le parecería insensato. Como expresaba el filósofo francés Blas Pascal, en el siglo XVII, la emoción de jugar es más importante que el dinero. Más exactamente, decía Pascal en sus Pensamientos que el principal atractivo del juego consiste en la excitación ante la posibilidad de obtener un beneficio: “Un hombre pasa su vida sin aburrirse jugando todos los días un poco. Dadle todas las mañanas el dinero que puede ganar cada día, con la condición de que no juegue: le haréis desgraciado. Se dirá tal vez que lo que busca es la diversión del juego y no la ganancia. Hacedle, pues, jugar sin apostar; no se encenderá y se aburrirá. No es, pues, la simple diversión lo que busca: una diversión lánguida y sin pasión le aburrirá. Es menester que se encienda y se pille a sí mismo, imaginándose que sería feliz ganando lo que no quisiera que se le diera, a condición de no jugar, con el fin de que se forme un motivo de pasión, y que con él excite su deseo, su cólera, su temor, por el objeto que se ha formado, como los niños se asustan de la cara que se han embadurnado”, afirma el siempre lúcido filósofo.
Del mismo modo, el señor Gratis obtiene su satisfacción de urdir un plan, invertir en él, manipular a las personas con su intriga y obtener finalmente un resultado acaso magro, a los ojos de cualquier otro mortal, pero que es lo que realmente le apetece.
Esto se puede ver claramente en el siguiente caso que describe Zurriago respecto de lo que trama, invierte y consigue el señor Gratis para entrar al teatro sin pagar:

“El billete de favor en el teatro
Uno de los mejores triunfos de nuestro héroe:
En el café ha conocido a un actor bastante malo, ajustado para hacer papeles de traidor en no sé qué teatro.
El señor Gratis formó su plan y procuró hacer conocimiento con el cómico, lo cual consiguió fácilmente mediante el pago de unas cuantas raciones de riñones, de algunos cafés y varias copas mezcladas, y un día le convidó a almorzar en su casa, y otro día a comer, y otro a cenar.
Una noche dijo al cómico que había oído hacer grandes elogios de su acierto en el desempeño de un papel terrible, en la pieza tal, y que tendría mucho gusto en ir a aplaudirle.

***

El día siguiente el traidor le envió una luneta.
¡Día feliz para el señor Gratis!
Continuó en las mejores relaciones con el artista, y tanta confianza tomó este que un día en prueba de amistad pidió al señor Gratis 50 pesos prestados para llevarlos a los baños a una bolera amita suya que padecía el baile de San Víctor.
Y nuestro hombre encontró la ocasión propicia para pedir su billete de favor, que obtuvo seguidamente, gracias a la influencia del traidor en la empresa.
No hay más sino que el cómico no ha vuelto los 50 pesos, pero nuestro héroe ha podido ir gratis al teatro, las dos semanas que tardó en tronar la empresa.”
Llama la atención –este es un plus de sus anotaciones- el modo en que Zurriago identifica al actorzuelo abordado por el señor Gratis con el carácter de los personajes que acostumbra representar, colgándole el apelativo de “traidor”.
Y otra hazaña de su personaje principal, Gratis, aporta el cronista de El Progreso al retrato. En este caso hay menos ingenio puesto en acción por él: le basta hacerse invitar a una casa de campo para pasar las vacaciones. Sin embargo, sigue en pie el evidente mal negocio monetario que esta actitud le rinde, hasta la completa necedad. Este episodio es el último que hemos encontrado hasta el momento del señor Gratis, algo realmente lamentable, ya que constituye un tipo muy para destacar en el panorama grotesco de 1870, de quien no nos cansaríamos de seguir leyendo aventuras y desatinos. No se descarta que, al proseguir la búsqueda, demos con algún otro feliz capítulo sobre su capricho y una nueva pintura de época.

“El verano del señor Gratis
Al señor Gratis le gusta el campo casi tanto como el teatro.
Cuando vd. o yo, o cualquiera queremos gozar las dulzuras de la vida campestre, alquilamos o compramos una casa en el punto más de nuestro gusto.
Pero el señor Gratis se ríe de los que tienen esa debilidad.
Él no ocupa otra casa en el campo que la de sus amigos.
Tres días aquí, cuatro allí, una semana en otra parte.
Esto es lo agradable y económico.
Eso sí, hace regalos a las seoras y señoritas de la casa, presta dinero a los amigos que le hospedan, da propina a los criados de los amigos, etcétera.
–Pero hombre, le dicen, vd. gastará un dineral con ese sistema.
–Sí señor, pero no gasto en casa propia, ni me cargan los criados, ni me pelan en las fondas: en fin, veraneo gratis.”



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