Aún mal, mejoran indicadores de transparencia de Argentina

La tendencia negativa baja desde 2015 en cuanto a “desvíos de fondos públicos” y a “pagos irregulares y sobornos”. La brecha con la región se achica porque empeora la percepción en el resto de los países.

La corrupción y la falta de transparencia son –en el mundo- factores cruciales para las empresas que deciden inversiones sostenibles. Un informe de la Universidad Austral en base a estadísticas internacionales muestra que si bien en Argentina hay leves mejoras, todavía el desempeño es malo.
El trabajo “Indicadores internacionales de la corrupción en la Argentina”, coordinado por Marcelo Bermolén, docente de la Escuela de Gobierno, Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Austral, se basa en las mediciones de Transparencia Internacional, el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y la Corporación Latinbarómetro.  “El resultado global de la Argentina no es bueno”, define.
El índice de Transparencia Internacional, sobre Percepción de la Corrupción, revela que “está disminuyendo” desde el último año. Si bien en los últimos 20 años Argentina estuvo por debajo de la media de la región, en los últimos cinco cayó la diferencia entre el país y el continente. Esto se debe no tanto a una mejora de Argentina, que mantiene el promedio en los últimos cinco años (en 34), sino mayormente a un aumento en la percepción de la corrupción en las Américas”.
Transparencia Internacional también aporta cifras relacionadas con la corrupción y la ciudadanía basadas en ítems sobre la experiencia personal directa de corrupción en su vida diaria, muestra lo que experimentan las personas y cuán lejos deben llegar los países para luchar contra la corrupción. En Argentina, la policía fue el servicio en el que más sobornos hicieron los ciudadanos.
Según Latinobarómetro 2017, en Argentina un gran porcentaje de la población piensa que tiene bastantes o muchas probabilidades de sobornar a un policía, un juez y un funcionario de un ministerio, siendo los siguientes porcentajes para cada tipo de función: 41% a un policía, 40% a un funcionario público y 36% a un juez.
En los tres casos Argentina está por encima del promedio de Latinoamérica y es el cuarto país con mayor probabilidad de sobornar a un juez o funcionario de un ministerio y el quinto país con probabilidad de sobornar a un policía.
Los números del Banco Mundial reflejan que se percibe mayor control de la corrupción y un incremento en el estado de derecho, índices en los que Argentina estuvo distanciada de la región en los últimos 20 años. Al mismo tiempo se observa que, “en el último año, se redujo significativamente la diferencia entre Argentina y el promedio de la región”.
Si bien se cuenta sólo con valores desde 2011, la tendencia negativa comienza a bajar desde 2015 en cuanto a “desvíos de fondos públicos” y a “pagos irregulares y sobornos”. También comenzó a revertirse en el último año la tendencia en la “Transparencia en la formulación de políticas del Gobierno” pero no sucede lo mismo en el “Comportamiento ético de la empresa” que prácticamente no dejó de reducirse desde que están las estadísticas.
Bermolén señala que Argentina tiende a acercarse al promedio regional en todos los indicadores, superando sus propios históricos: “Parece necesario profundizar lo realizado durante el 2016 (último período evaluado, para continuar mejorando en los indicadores internacionales que miden la corrupción en el ámbito público”.
Sobre la percepción de la ciudadanía, advierte que en general, se observa que los argentinos perciben una disminución de la corrupción en el ámbito público y un mayor control o lucha contra este flagelo. “No obstante, es significativo el porcentaje de los ciudadanos argentinos que confiesan haber recurrido o estar dispuestos al soborno para acceder a servicios de prestación pública”.
“Será un gran desafío persistir en la lucha contra la corrupción para los casos más resonantes del ámbito público y extender ese combate al ámbito privado y cotidiano de la ciudadanía”, concluye.