Antes que nadie

La revista Rolling Stone dio a conocer cuáles son, según el criterio de sus columnistas, los mejores discos del año 2017. Allí figura, en el puesto número 3, el álbum “Songs of Experience” de U2, algo que no llamaría la atención si no fuera porque el disco sale oficialmente a la venta… mañana.

Por J.C. Maraddón
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Un par de años atrás, Cocó Muro publicaba “Diez razones por las cuales usted debe tener este libro”, un texto acerca de la obsesión de la humanidad por las listas. De hecho, los listados conforman de por sí una especie de género literario, en el que la enumeración asocia ítems, cosas y conceptos a los que el autor asocia de modo arbitrario y, por qué no, algunas veces también artístico. Una tendencia que parece haberse acentuado en lo que va de este siglo, sobre todo a partir de su proliferación en las redes sociales y su uso intensivo en los teléfonos celulares.
Desde la lista de contactos hasta la lista de aplicaciones, los smartphones despliegan un arsenal de listados ante nuestros ojos, al que nosotros vamos modificando de acuerdo a nuestra conveniencia de cada momento. A ese formato, que a priori puede ser juzgado como artificial y subjetivo, nos hemos acostumbrado gracias al intenso uso que hacemos de él y a la practicidad que posee. Sea su orden numérico, alfabético, jerárquico o temporal, esas enumeraciones tienen un fin utilitario y nos familiarizan con una práctica a la que también se le puede encontrar un sentido estético que genere un hecho artístico.
Como estrategia para captar usuarios, muchos portales web apelan a este recurso en su búsqueda insaciable de incrementar el tráfico. Puede tratarse de los consabidos tips que abarcan todos los ámbitos habidos y por haber, y que se ofrecen bajo el lema de “Cinco consejos para…”, o “Cinco maneras de…” o “Cinco cosas que no sabías de…”. Y también puede tratarse de categorías de personas: “Cinco actores que…”, o “Cinco cantantes que…” o “Cinco arqueros que”. Títulos como esos aparecen ante nuestros ojos con una frecuencia cotidiana y, según los gurúes de la web, resultan llamadores imposibles de rechazar para los navegantes.
Pero tampoco se puede decir que esta moda de las listas sea una novedad absoluta y que esta fijación se observe entre nosotros por primera vez en la historia. De hecho, en la industria musical existen desde hace décadas los charts en los que se ubican los nombres de artistas, álbumes o singles, ordenados de acuerdo a sus ventas, a sus reproducciones en la radio o (últimamente) a su figuración en los social media. Que hoy haya más rankings que antes no quiere decir que este invento no haya tenido un usufructo intenso desde hace por lo menos sesenta años.
La revista estadounidense Rolling Stone ha sido la que ha llevado más lejos este tipo de iniciativas, porque desde tiempos remotos publicaba su propio ranking musical, orientado sobre todo al pop y al rock. Después, al finalizar cada año y cada década, empezaron a practicar el ritual de enumerar los cincuenta, los cien o los quinientos mejores discos, siempre según el criterio de su propio plantel de periodistas, que suelen ser reputados como los mejores del mundo en sus conocimientos sobre estos géneros sonoros. Y si bien últimamente estos listados se han extendido hacia rubros demasiado bizarros o caprichosos, sus clásicos “lo mejor de…” siguen gozando de prestigio.
Sin embargo, parte de ese reconocimiento está siendo cuestionado en estos días, luego de que la Rolling Stone diera a conocer cuáles son, según el criterio de sus columnistas, los discos extraordinarios de 2017. Allí figura, en el puesto número 3, el álbum “Songs of Experience” de U2, algo que no llamaría la atención si no fuera porque el disco sale oficialmente a la venta… mañana. Por supuesto, seguro que un adelanto de esas canciones llegó a la redacción de la revista para facilitar la decisión. Pero la discusión gira en torno a los lectores que se encuentran con ese veredicto acerca de una obra a la que, legalmente, todavía no pueden acceder.



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