Cupo de género, garantía de inútiles

Como sucede con cada cupo, hubo polémica. Para algunos, innecesario; para otros, esencial. Desde uno y otro lado, sin enfocarse en las causas de la desigualdad.

Por Javier Boher
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No me diga que usted no se sorprendió, amigo lector. Hasta ahora nadie me pudo decir que estaba expectante de lo que ocurriera el pasado jueves, cuando salió la paridad de género en las listas.
En una jugada que parecía más de adolescente que se escabulle para encontrarse con la novia sin que se entere el suegro, las mujeres de los distintos bloques hicieron valer su número y marcaron la cancha con una votación que venía más amañada que clásico de verano.
La nueva situación llega para agregarle un poco más de confusión a las ya clásicas rencillas de cierre de listas. Si con una de cada tres había que pelear más que para repartir a la familia en navidad y año nuevo, con esto van a arrancar las negociaciones más o menos después de la próxima venida de los reyes magos.
Cualquiera que siga las negociaciones del armado de listas sabe lo difícil de elegir a las mujeres. Basta pensar en cuántas veces hemos escuchado “Sra. de X” en una campaña. Si ese solía ser el principal valor para llegar a una lista (sin excluir a amantes / hijas / amigas / peluqueras), con el nuevo cupo van a tener que hacer casting para completarlo.
No se confunda amigo lector, que yo apoyo la lucha de las mujeres. Pero la discriminación positiva y estas medidas me parecen algo flojo. En un país en el que nos encanta ser más papistas que el papa, ya va a aparecer un mundo de cupos: mapuches, trans, coyas, rengos, ciegos, escritores de columnas de lunes o vaya a saber qué otra categoría.
Algo así hicieron en Estados Unidos y de golpe les apareció un Trump que juntó los votos de los disconformes -aunque sigan siendo mayoría- y les ganó una elección. Los cupos quedan bien con los votantes progres, pero no representan al votante común. Porque el político de poder legislativo y partido chico, enamorado de la utopía de la ley como cincel del mundo, cree que así puede cambiarlo.
Acá nos hicimos los avanzados y en 1991 fuimos los primeros en aprobar una ley de cupo femenino, pese a que en el mundo ya llevaban 30 años votando a mujeres para que fueran primeras ministras o presidentas. Suponemos que una ley, milagrosamente, le va a cambiar a la gente su forma de ver las cosas.
No quiero desilusionarlos, pero no funciona así. Aunque ayude, no alcanza. En general hay que mejorar las condiciones que las dejan afuera, porque no sé de cuánto servirán 50% de diputadas a las que todavía las acosan en la calle, las ningunean en la escuela, o les digitan la vida en su casa.
La política no se tiene que resolver atacando las consecuencias, sino más bien las causas. Esto es como insultar a los refuerzos del equipo cuando los que los trajeron fueron los dirigentes.
Nos cuesta entenderlo. Si la mitad de los cargos de responsabilidad legislativa que van a determinar nuestra vida van a estar en manos femeninas, haríamos bien en pensar en educarlas como corresponde, en absoluta igualdad con los hombres.
Porque empezamos así y en un tiempo van a pedir el 50% de los ministerios, el 50% del poder judicial, y hasta el 50% de la selección de fútbol. Si lo van a hacer, deberían poder hacerlo bien, no sólo votando según disciplina partidaria.
Igual es lindo pensar en los casos extremos, ridículos, que podrían ocurrir.
Por ejemplo, en un partido feminista en el que el 50% de la lista deba ser completada por hombres. Capaz terminan siendo como el que salió de corpiño en aquella marcha del #NiUnaMenos, que al final estaba denunciado por violencia de género, por esa extraña tendencia del progresismo a traicionar sus propias banderas.
Por esas cosas que logró imponer el kirchnerismo siguiendo la agenda de ciertos movimientos sociales, hoy tenemos una cosita llamada “Ley de identidad de género”. A todos los interesados en innovar, con sólo cambiarse el sexo en el documento podrán acceder a ciertos beneficios, como por ejemplo integrar el 50% del cupo femenino, jubilarse a los 60 o tener 90 días de licencia por maternidad. Habría que ver cuántos valientes van por ese camino.
Personalmente descreo que sólo una mujer pueda legislar para las mujeres. Después de muchas pioneras que pelearon por el feminismo, un congreso lleno de hombres aprobó en 1947 la ley para que voten y puedan ser elegidas. Con Cristina nunca salió la ley de aborto, pese a que las diputadas la propusieron muchas veces.
Nunca está de más recordar que, pese al pataleo de que somos una sociedad patriarcal, ya tuvimos dos presidentas (no se hagan los zonzos con Isabel los que la votaron para vice en el 74). Hoy hay cinco gobernadoras sobre 24 distritos. En Córdoba, casi 15% de jefas comunales o intendentas. O 45% de diputados nacionales.
No creo que la paridad por ley sea tan grave, amigo lector. Sí me parece que con esa rigidez es imposible de cumplir. Quizás con una fórmula flexible como la chilena -que establece un mínimo del 40% y un tope del 60%- se pueda alcanzar la mitad de la representación en las cámaras. Porque hace ya más de 10 años que la cantidad de mujeres en el parlamento anda en torno al 40% del total de miembros.
Personalmente, prefiero parlamentarios que ingresen por mérito, no por cupo. Para que no legislen sobre el día del cuarteto, el día de la encuesta, y el día de la destreza culinaria; ni den su beneplácito por la jornada del dolor de espalda, el día de la Pachamama en Córdoba, o por la semana del árbol.
Para eso ya tenemos un largo historial de hombres que han probado ser inútiles.
Mejor vayan por el lado de superarlos, no por el de igualarlos.



1 Comentario

  1. El cupo solo sirve a la CORPORACION POLITICA DE MUJERES. Bueno hubiese sido que también y en forma «relámpago» hubieses aprobado una ley en contra el NEPOTISMO, tal como existe en Perú,Ley 26 771 que en su ARTICULO 1º dice :» Los funcionarios de dirección y/o personal de confianza de las entidades y reparticiones públicas conformantes del Sector Público Nacional, así como de las empresas del Estado, que gozan de la facultad de nombramiento y contratación de personal, o tengan injerencia directa o indirecta en el proceso de selección se encuentran prohibidos de ejercer dicha facultad en su entidad respecto a sus parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad y por razón de matrimonio.» Ampliando en su ARTÏCULO 5º: » En los contratos que impliquen prestación de servicios en el sector público, vigentes a la fecha de promulgación de la presente Ley, si se prueba la relación de parentesco a que se refiere el Artículo 1º, no podrán ser renovados». ¿Quién NOS GARANTIZA A LOS CIUDADANOS que esta «justicia de Genero» nos reditúe beneficios en la CALIDAD INSTITUCIONAL? ¿SON SERVIDORES PUBLICOS O QUE?

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