Crónica de una tragedia anunciada

La confirmación de la explosión en ARA San Juan reveló, una vez más, que la desidia y el ocultamiento son parte central de nuestra idiosincrasia.

Por Javier Boher
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La tragedia volvió a tocar a nuestro país. Como cada vez que nos enfrentamos a una situación cuyo desenlace depende de la seriedad con la que encaramos la vida, nuevamente la improvisación y la impericia han tenido un elevado costo en vidas humanas.
Producto del abandono al que se ha sumido a las fuerzas armadas desde el retorno de la democracia, la desinversión -que inicialmente podía verse como un problema de seguridad nacional- se terminó revelando como un riesgo para sus mismos integrantes.
Una de las cosas más preocupantes que se evidenció por esta crisis es el manejo que hizo la armada de la información disponible. Sin ninguna clase de tacto, con una informalidad que contrasta con la distinción que siempre declamaron tener, las idas y vueltas en la comunicación alentaron todo tipo de interpretaciones. Se generó un exceso de expectativas que fue brutalmente demolido por la confirmación de la explosión.
Ese manejo de la información generó malestar en el ministerio encabezado por nuestro coterráneo Oscar Aguad. Tanto él como el presidente Macri han quedado expuestos al coletazo político de un evento que a todas luces pretendió ser encubierto por la cúpula de la Armada.
La actitud de los marinos remite a las prácticas del pasado de unas fuerzas armadas que aún no terminan de asumir que deben subordinarse al poder político en cuestiones que hacen a la seguridad e integridad nacional.
Parte de la preocupación por el manejo de la información, más allá del dolor de los familiares, es por el motivo que llevó a la Marina a ocultar lo que sabía.
En el caso mas probable, el ocultamiento puede haber sido motivado por el insuficiente mantenimiento y la dudosa reparación a la que fue sometido. La línea de investigación seguida por la armada norteamericana se despegó de la de la armada argentina luego de comprobar la falta de voluntad para resolver el caso.
El segundo escenario se plantea mas grave. ¿Qué pasa si la explosión registrada fue producto de un agente externo?. Algunos académicos norteamericanos deslizaron la posibilidad de una injerencia china en la región en represalia por el hundimiento de algunos barcos pesqueros el año pasado.
Si la Armada comprobó que se trataba de una situación como esa, ¿Qué se pretendía que hiciera?. Es muy difícil que un país con fuerzas armadas subequipadas pueda iniciar una escalada militar o diplomática cuando la suerte no estaría de su lado.
Este último escenario es el más escabroso, el que justificaría el despliegue de una fuerza militar occidental de tal envergadura, aunque sea también el menos probable.
Porque, lamentablemente, ya sabemos que vivimos en el país en el que nos enorgullecemos de que a todo `lo atamos con alambre`. Una actitud que llevamos también a las instituciones y a la lucha contra la corrupción, cosas de las que a la larga depende la vida de la gente.