Paradoja: un árbitro en offside

Si Baldassi optó por callar durante la última campaña, apostando a que sería mejor conocido más por sus acciones que por sus dichos, la estrategia promete desmoronarse como un castillo de naipes.

Pablo Esteban Dávila

En su sardónica columna del pasado domingo en Clarín Alejandro Borenztein se preguntaba “¿puede ser que todos los chorros sean solamente del gobierno anterior? ¿Cuándo aparecerán los nuevos?”. La inquietud del columnista radicaba en que, si no aparece algún “voluntario del oficialismo para ir en cana”, los K podrían sostener que el gobierno presiona a los jueces para perseguir a los sospechosos de siempre. Los recientes sucesos ocurridos en Secretaría de Deportes de la Nación, al amparo de una ley de autoría de Héctor “la Coneja” Baldassi, promete ofrecer al cadalso los candidatos reclamados metafóricamente por Borenztein, aunque técnicamente no pueda hablarse aquí de corrupción.
Los hechos son simples y cobraron notoriedad tras un informe de Jorge Lanata en su Periodismo Para Todos a raíz de una ya antigua denuncia del concejal Martínez Dalke de Mendiolaza. Básicamente, se trata de subsidios otorgados en el marco de la ley 27.098 de “Promoción a los Clubes de Barrio y de Pueblo” a instituciones presuntamente de ricos & famosos, de las que no se pueden presumir necesidades básicas insatisfechas. Así, clubes tales como el Yatch Club de Olivos, el Náutico de Mar del Plata, el Huarpes Polo Club de San Juan y el Córdoba Golf Club fueron beneficiados por la munificencia del organismo que conduce Carlos Mac Allister.
La inclusión del Golf Club de Villa Allende genera múltiples suspicacias, especialmente en la provincia de Córdoba. El subsidio fue tramitado por el intendente de aquella ciudad, el golfista Eduardo “Gato” Romero y entregado por el diputado Baldassi. Los lazos entre Romero y esta entidad son públicos e históricos, al punto tal que correspondería preguntarse si, amén de la naturaleza de este tipo de subsidios, ha sido realmente ética la gestión realizada en favor del club de sus amores desde su actual posición política.
Romero intentó despegarse de la sospecha mediante un reportaje en Cadena 3. Aseguró que el subsidio fue otorgado conforme a la ley y que “somos (sic) un club que cumple una función social”. La identificación de su persona con la institución trasciende, aparentemente, las limitaciones que su actual investidura pudiera recomendar.
Es, en gran medida, previsible que el “Gato” pretenda caer parado en este episodio (por algo debe gozar de semejante alias), por lo que tampoco debería sorprender que la Coneja intentara correrse a gran velocidad de la escena. También en Cadena 3 intentó hacerlo, afirmando que “yo soy el autor de la ley, no entrego los subsidios (…) y que no hago una ley pensando en su espíritu”. Supo esquivar asimismo, como si fuera el político más rancio que hubiera dado la provincia, una pregunta directa de Fernando Genesir, su entrevistador: “¿Vos hubieras dado este subsidio?” “No te lo puedo responder. Me parece que estaría en contra de lo que pasó (…) A mí me llaman los intendentes para entregar estos subsidios”.
No parecen ser expresiones de un dirigente novedoso. Históricamente los políticos han gustado mostrarse pródigos con la plata del Estado, especialmente cuando se persiguen fines socialmente relevantes. Este no es un hecho particularmente abominable. Por tal motivo la conducta del diputado oficialista, pese a sus reclamos de frescura disruptiva, no es diferente a la de los demás que, por lo menos, suelen cuidarse de ofrecer explicaciones bizarras sobre sus propias metidas de pata.
Pero Baldassi tiene un problema adicional. Amén de haber sido el autor de la ley en cuestión, avaló explícitamente el subsidio al Córdoba Golf Club. Acompañó al intendente Romero y a los funcionarios de la Secretaría de Deportes cuando se produjo la entrega del cheque por cien mil pesos, por lo cual es lícito suponer que estuvo de acuerdo con la decisión tomada por el equipo de Mac Allister pues, de lo contrario, hubiera objetado su destino. Fue un partícipe necesario de un incidente que amenaza a convertirse en un costoso papelón del gobierno.
Mauricio Macri debe estar que trina. Nadie como él hace esfuerzos ciclópeos para alejarse del estigma que el odioso progresismo argentino quiere endilgarle sobre aquello que gobierna para los ricos. Ahora resulta que sus pollos de origen deportivo otorgan fondos destinados a clubes de barrio a instituciones caracterizadas como exclusivas. Mac Allister, Romero y Baldassi, más que delfines, parecen ser los quintacolumnistas del presidente.
El referí quedó en off side, una verdadera paradoja. Puede que le cueste caro. Es el precio a pagarse por menospreciar todo el tiempo a los profesionales de la política y escudarse invariablemente detrás de un deportivismo infantilizado como sinónimo de pureza de obra y pensamiento. Si Baldassi optó por callar durante la última campaña, apostando a que sería mejor conocido más por sus acciones que por sus dichos, la estrategia promete desmoronarse como un castillo de naipes. No sólo que no se conocen exactamente sus ideas, sino que tampoco su actuar encaja exactamente con el Cambio que jura representar.
Probablemente Luis Juez sea el único que se encuentre de parabienes con el escándalo. Baldassi pinta como su alter ego dentro de Cambiemos. No estar solo ya es un progreso, especialmente luego de su desafortunado paso por el mundo de la diplomacia. Después de todo, ambos se consideran legítimos representantes de la nueva política y, como tales, inmunes al error. Si algo sale mal, la culpa siempre será de los demás. Que no me entienden, que son maledicentes, que me malinterpretan, que me sacan de contexto, todas explicaciones destinadas a mostrar que la maldad se encuentran detrás de la raya que ellos han trazado mayestáticamente.
El mundialista, al igual que Juez, está próximo a probar de su propia medicina. Hizo que el PRO nacional interviniera a su filial cordobesa sólo porque él tenía sospechas personales sobre los antecedentes de Javier Pretto, el licenciado presidente de la fuerza. Bastaron un par de rumores esparcidos en la prensa para que Baldassi se lanzara contra el ucedeísta, diciendo que él no podía estar al lado de esta clase de gente. ¿Y ahora? ¿Protestará contra el injusto trato del que, seguramente, será objeto en todos lados? ¿Se pronunciará contra el linchamiento mediático tal como lo hacen los K encerrados en Ezeiza?
Siempre podrá argumentar que el diputado no hizo nada ilegal y que no tomó ninguna decisión sobre el destino de los fondos que su ley habilitó –lo cual podría ser cierto– pero nadie con algún criterio podría haber dejado pasar por alto que el Córdoba Golf Club no era, precisamente, el arquetipo de la institución a la que el Estado nacional debía socorrer con urgencia. Esta impericia es impropia en alguien que se propone gobernar la provincia y que, en su carrera hacia el poder, no dudó en masacrar a un colega con tal de afianzar su propia posición partidaria. Más de lo mismo, que le dicen.