Lo que quedó en el tintero

Como en cada negociación, cada parte siente que ganó algo. Sin embargo, hay cosas que no cambian, para que los que no ganan nunca sigan sin salir de perdedor.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Finalmente ayer, después de arduas negociaciones, las provincias y la Nación llegaron a un acuerdo para firmar un nuevo pacto fiscal. Fue festejado por el gobierno nacional y aceptado por las provincias, en lo que es una victoria política del espacio liderado por el presidente.
Anunciados los detalles, los economistas podrán ilustrarnos mejor sobre las cuestiones de números. Lo más interesante, para nosotros, son las consecuencias sociopolíticas.
En su estrategia habitual de anunciar reformas en condiciones leoninas para negociar en mejores términos, el gobierno dio marcha atrás respecto a las jubilaciones (con un mejor sistema de cálculo que beneficia a los pasivos) y “compró” los juicios de las provincias contra Nación emitiendo bonos a 11 años.
Además, aceptó cubrir el déficit de las cajas jubilatorias no transferidas y un nuevo reparto del Impuesto a las Ganancias. En esa negociación, el gobierno logró un trato muy beneficioso para María Eugenia Vidal, la punta de lanza para triunfar en 2019.
Sin embargo, en medio del éxtasis por los anuncios, nuevamente se puede ver que algunos temas quedaron en el tintero. Como cada vez que se debate sobre las finanzas del sector público, el empleo estatal quedó fuera de la discusión, pese a su relevancia en el exorbitante gasto público.
Por casualidad, pero no sin precisión, ayer se conoció un informe de la Universidad de Belgrano sobre el perfil del empleo en Argentina. En el mismo se puede apreciar la relevancia del estado como empleador. Como casi siempre, las tareas son de baja calificación, baja eficiencia y en rubros improductivos del sector servicios, pero siempre remunerados por encima de la media del sector privado.
Sobre alrededor de 20 millones de puestos de trabajo, el sector público aporta casi tres millones y medio, cerca del 18%. Los trabajadores de comercio representan prácticamente la misma cantidad.
El sector primario y la industria sumados aportan 3.6 millones de trabajadores.
Los defensores del estado benefactor al uso europeo del norte plantean que en aquellos países el porcentaje de empleados bajo la órbita estatal es mayor que el que presenta nuestro país. Parecen deseosos de imitar esa política, cuando harían bien de copiar sus instituciones de gobierno y control o su saludable economía.
Quizás no reparen en que tienen sistemas de salud y educación más extendidos que el nuestro. O en que su trabajo no es como el de las “poleas locas” que relataba Horacio Quiroga en su cuento, sino todo lo contrario.
Por eso, aunque todos estén celebrando el acuerdo, se saquen fotos o hagan conferencias de prensa, el destino inexorable de esas reformas –al no referirse al corazón del gasto- es convertirse en letra muerta.



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