No tan ligera

Por si todavía quedaba alguna duda sobre la trascendencia que tuvo Soda Stéreo de fronteras para afuera, la versión que hizo Coldplay de uno de sus éxitos en el Estadio Único de La Plata alcanza para dimensionar hasta dónde fueron capaces de llegar con su obra los rockeros argentinos.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Coldplay En los años setenta, la frecuencia modulada era una tecnología de punta a la que sólo podían acceder aquellos que habían conseguido comprar en el exterior algún aparato que sintonizara ese tipo de radios. De forma experimental, Radio Nacional Córdoba realizaba emisiones en FM, con un contenido netamente musical, que en su mayoría se manejaba dentro de los cánones de lo que se conoce como música clásica. Sin embargo, cada tanto el locutor le dispensaba un espacio a lo que denominaba “música ligera”, que consistía en canciones populares que no respondían a formatos como las sinfonías o las óperas, pero que no por eso dejaban de estar muy bien orquestadas.
Sin duda, aunque Gustavo Cerati no vivía en Córdoba en los setenta, debió haber escuchado muchas veces esa expresión en las emisoras porteñas, durante aquellos años en los que el rock era tan marginal que ni siquiera merecía ser mencionado como “ligero”. De un lado estaban los tangueros y folkloristas, mientras que del otro estaban los que se deleitaban con orquestas sinfónicas o de jazz. Y en la ancha avenida del medio, transitaban los géneros más comerciales (melódicos, pop y tropicales). El rocanrol local, por su talante, no encajaba en ninguna de estas categorías.
Por una cuestión generacional, a Gistavo Cerati le tocó capitanear la embestida del rock argentino post Malvinas y su entronización como el estilo favorito de esos jóvenes que celebraban la primavera democrática cantando las canciones que hoy son himnos. Como líder de Soda Stéreo, obtuvo primero la consagración nacional, para luego ponerse a la cabeza de la exportación de esa misma fórmula a toda Latinoamérica. Al renombre que adquirió el trío se plegó toda una delegación de rockeros que cantaban en español y que forzaron a la cadena estadounidense MTV a que abriera una franquicia latina.
En 1990, como muestra de la madurez que había alcanzado su propuesta, Soda Stéreo publicó el disco “Canción animal”, que los exhibía en su veta más rockera y que les proveyó de algunos de los temas que pasarían a integrar el cuadro de honor de su repertorio. El primer track del Lado B en el long play era “De música ligera”, un título que seguramente Cerati extrajo del baúl de sus recuerdos de oyente radiofónico. Y como en tantas otras de sus composiciones, apela allí a frases que conectan lo poético con lo publicitario y que tan cómodas resultan de adoptar como propias por parte del público.
Por si todavía quedaba algún cabo suelto con respecto a la trascendencia que tuvo Soda Stéreo de fronteras para afuera, las presentaciones que brindó en el Estadio Único de La Plata la banda británica Coldplay alcanzan para dimensionar hasta dónde fueron capaces de llegar con su obra los rockeros argentinos. Porque Coldplay, ante miles de fans, interpretó en vivo su propia versión del tema “De música ligera”, tal como lo habían hecho durante su show en Brasil, un país donde esa canción tuvo su propio cover en portugués a cargo de Os Paralamas.
Se podrá decir que fue un gesto demagógico, como se dijo también de “hola, culeados” de Paul McCadrtney en el estadio Kempes, pero no deja de ser sorprendente que un grupo que se encuentra entre los más taquilleros del mundo, se tome el trabajo de ensayar una canción que es por demás simbólica para sus seguidores en esta parte del planeta. Y que hayan elegido precisamente esa canción, una de las que marcó el final de los dorados ochenta y que cerró una etapa brillante del rock en Argentina, a la que no se olvida pese a toda el agua que ha pasado bajo el puente desde entonces.



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