Guerrero mítico del Rock and Roll: Esteban Kábalin

Esteban Kábalin no sólo pone su aura, su presencia escénica y su voz de trueno para brillar en los escenarios, sino que además se carga la mochila de productor y detrás de cada evento hace un laburo de hormiga con un nivel de conciencia y apuesta que no ve riesgos.

Por Santiago Pfleiderer
san.pflei@gmail.com

Fotos: Tridente – Cuero y Metal

No son muchos los que lo saben. Quienes guardan el gran secreto mantienen la sabiduría sellada bajo las siete llaves de Zión. En algunos lugares se lo comenta a modo de chiste, de ironía, pero ellos son los antimística, los descreídos, los que tienen el alma oscura y polvorienta. Sin embargo, en otros lugares se lo comenta en clave de leyenda pero sabiendo que es verdad, como en los juegos que los grandes maestros de masonería utilizan para instruir a sus aprendices.
Lo cierto, es que más allá de aburridas especulaciones, hay seres que atraviesan portales, bajan de naves, suben desde el centro de la tierra o emergen desde las profundas oscuridades de los mares. Esteban Kábalin, por ejemplo, es un luchador proveniente de la Tierra Media.
Con largas melenas, barbas tupidas, cubierto con pieles de animales exóticos y llevando como arma una espada filosa de piedras, diamantes y metales puros, Esteban Kábalin es un mensajero, un guerrero destinado a cambiar las cosas en nuestro mundo. Acá en el planeta Tierra le tocó vivir en Córdoba, pero él es proveniente de la Tierra Media, una comarca cósmica ubicada en un punto desconocido del universo donde el tiempo no existe, un país habitado por todos los personajes de nuestras fantasías y por aquellos que ni siquiera imaginamos. En el viaje estelar de Esteban Kábalin a la Tierra le tocó afeitarse un poco, cambiar sus pieles por remeras negras y camisas a cuadros, y trocar su espada de diamantes por una guitarra eléctrica. Así Kábalin recibió su sello terrestre, la marca personal que lo identificaría: Viento Eléctrico Blanco. Su misión estaba escrita y era clara: convertir la lucha en un trabajo cotidiano, largo, escombro por escombro y levantar murallas infranqueables de buena onda, de poesía comprometida con la realidad y brindar altísimas dosis de Rock & Roll.
Durante algunos años se lo supo ver detrás de la barra de un bar de barrio Alberdi, y dicen que hoy lo ven caminar tranquilo por las calles de la ciudad, de perfil bajo, y siempre con sus pelos queriendo echar a volar. Lo cierto es que Esteban Kábalin está dejando un legado indeleble: cuatro discos solistas de increíble Rock & Roll, uno con Pésame y decenas de colaboraciones, una voz privilegiada y legiones de rockernautas compartiendo un mensaje de amor y de revolución.
Sus discos son Sueños Caen En La Hora Más Salvaje (2003, independiente) y EleXión (2007, independiente), KarmaDharma (2012, independiente); este disco fue fruto de cuatro años de exploraciones sonoras. Fue grabado en La Nube Records (Villa María), y la caja del disco fue ensamblada artesanalmente por Tino Quer (escritor cordobés) y por Gisela Flores León en ATEO (Astrónomo Turco Ediciones Orientadas). Este disco es la primera parte de un concepto que tendrá continuidad, contiene siete temas en los que Kábalin se arriesga a experimentar con sonidos vinculados al folklore, canciones acústicas y toques de rock progresivo siempre de la mano del hard rock, y el disco cierra con una jugada versión de “Noche de perros” de Serú Girán. KarmaDharma expresa conceptos duales y múltiples encerrados en la unidad de las canciones. Es una búsqueda de sentido perpetua entre las acciones realizadas y lo que vendrá. Grabó el CD Esteban Kábalin Intérprete: Rock and Rolles Vol. I (2012) con clásicos rockeros argentos; además participó en diversas colaboraciones como el disco Monatributo (2011) y otras tantas.
Luego de haber participado durante casi diez años del proyecto Black Dog (tributo a Led Zeppelin), en febrero de 2014 y en el escenario de la carpa GlamNation del Cosquín Rock, Kábalin debutó con su nueva banda Pésame, integrada por Cuerda Tarnavasio en guitarra, Daniel Tita en el bajo, Coco Yannello en batería, Lucas Isaac en guitarra, Hugo Ruiz en teclados y Esteban Kábalin en la voz. La banda abrió el show de Iron Maiden en marzo de 2016 en el estadio Mario Alberto Kempes y, entre giras y shows memorables en Córdoba, el pasado fin de semana los Pésame telonearon a Walter Giardino’s Temple (junto al cantante de Rainbow, el chileno Ronnie Romero) en el XL del abasto en la noche del sábado, y el domingo fueron la backing band de Claudio Gabis en un nuevo show en Córdoba celebrando los 49 años del debut de Manal, concierto realizado en el Centro Cultural Graciela Carena. Este año el grupo lanzó su primer disco homónimo.
Kábalin, o EK como le dicen, no sólo pone su aura, su presencia escénica y su voz de truenos para brillar en los escenarios, sino que además se carga la mochila de productor y detrás de cada evento hace un laburo de hormiga con un nivel de conciencia y apuesta que no ve riesgos. Sin ir más lejos, hace un par de semanas trajo por cuarta vez a Córdoba a Gran Martell, una propuesta muy arriesgada para una plaza compleja para el rock experimental como es la Docta.
El tipo puede pasar de un estadio de miles de personas a un bar con una decena de mesas. Su aura es la misma. El tipo entrega el alma a través de su voz, y empuña su guitarra al grito de la batalla por la resistencia. EK no sabe lo que es rendirse, pero sí sabe de generosidad. Quizá por eso lo eligen Walter Giardino y Claudio Gabis en un mismo fin de semana. Quizá por eso tiene tanta gente de fierro laburando con él. Viento Eléctrico Blanco no entra en la cultura de la queja, sino en el hacer continuo.
Esteban Kábalin y su banda nos brindan paisajes sonoros que remiten a lo medieval y a lo fantástico, y poesías certeras que reflejan la realidad de una ciudad lejana a la Tierra Media y a sus espadas de diamantes.



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