Defagot y el efecto Franco

El presidente de Instituto espera que el DT tan querido por la gente le sirva para aplacar las críticas, en medio de una inestable campaña en la B Nacional, donde el protagonismo de ascenso prometido está en deuda.

Por Federico Jelic

defagotUn fuerte y contundente golpe de timón necesitaba la dirigencia para estabilizar las aguas agitadas en Alta Córdoba. Instituto acababa de cesantear al DT que armó al tan mentado y esperado “plantel del Centenario” Gabriel Gómez y la lluvia de críticas no cesaban. No había luz en el horizonte.
Seis partidos apenas duró el comandante del equipo. De ese grupo de jugadores que, según el criterio del armado del presidente de Instituto Gastón Defagot, estaría para pelear el campeonato. Y que iba a devolver al equipo a Primera División. En mitad de tabla en la B Nacional, sin respaldo ni banca de los hinchas, con las ilusiones de ascenso por el piso, para cambiar de imagen necesitaba un efecto superlativo.
Para colmo, el básquet del club en la Liga Nacional de Básquetbol acumulaba 10 victorias al hilo y se encaminaba a clasificar al Final Four. Inédito para una humilde formación cuyo presupuesto es mucho más acotado comparado con el del fútbol. A un año de cumplir 100 años de institución, la fiesta esperada para esa fecha, con el premio de la gloria, quedaba cada vez más lejos.
Y llegó nomás esa apuesta. Que hizo sonreír a todos en redes sociales y cuyas adhesiones superaron lo imaginado. Defagot trajo al DT que todos querían por Alta Córdoba, al último que los invitó a soñar. Está Darío Franco otra vez en Instituto, señoras y señores, una movida política que busca más plafón a su gestión que seguir un proyecto deportivo con objetivo de volver a la máxima elite nacional. Pero todo vale para cambiar de página.
Por el centenario
La dirigencia tenía un plan. Defagot imaginaba una mejor consecución pero la apuesta se hizo y no está dicha la última palabra. Pero se notan esfuerzos en pos de lograr el ansiado ascenso, meta que el oficialismo pretendía e imaginaba cristalizar esta temporada, es decir, en mayo del año que viene. Porque la simbología de festejar los 100 años de vida justo en Primera División significaría la mejor fiesta posible. Políticamente representaba el golpe perfecto.
Pero para eso había que invertir. Como las mejores noticias la dirigencia las obtuvo desde Tribunales, con el concurso preventivo ya homologado y con la deuda controlada, sin riesgo de quiebra o liquidación, el alivio de no correr a contrarreloj otorgó oxígeno para otras ambiciones. Ya el panorama institucional dejó de ser una jaqueca permanente, por lo que el “permitido” en las arcas bien podía ser una apuesta, un tiro para volver a la máxima elite nacional.
Se conformó un plantel de jerarquía. Hubo esfuerzos para convencer al volante Ezequiel Videla, de Racing Club, para que enamorara a la gente como lo hizo en 2012. También se trajo a Maximiliano Correa, repatriando a un emblema del club, para la identificación grupal. Entonces llegó el arquero Lucas Hoyos, como última garantía de solvencia en el arco en los años que pasaron, después de que dejara grata imagen en su paso anterior por Alta Córdoba. Parte de la base de la campaña pasada quedó para acompañar al proyecto, sumado a valores propios de la cantera como Mateo Klimowicz y Guido Mainero. La ilusión se puso en marcha.
El DT escogido fue Gabriel Gómez, de filosofía similar al paladar del club, con paso en inferiores de Newell’s, de sobrada trayectoria en Federal A. Recomendando después de su trabajo en el cuerpo técnico de Godoy Cruz. Atributos para tenerlo de referente y de esa forma poder encolumnarse a una gran campaña.
Entonces, había que financiar el diagrama. En materia presupuestaria, creció más del 50 por ciento. Las erogaciones del departamento fútbol el año pasado fueron más austeras, producto de la situación económica de la institución: un nada despreciable 1.500.000 pesos por mes. Para la actual temporada el presupuesto anual trepó a 34 millones de pesos, es decir, 2.800.000 pesos por mes. Privilegios que solo pueden darse después del concurso aprobado.

Cambio de efecto
Las cosas no salieron. La identidad de juego nunca apareció y el respaldo a Gómez se derrumbaba fecha a fecha. Se fue después de seis partidos y más derrota en su debut ante River por goleada por Copa Argentina. Apenas siete puntos sumados de 18 posibles. La presión para la dirigencia se hizo insostenible. Y huyendo con el apoyo de las redes sociales, notaron lo políticamente incorrecto que era sostener a Gómez en su cargo, así que resolvieron su despido.
Y apoyados en el termómetro del hincha, le dieron con su gusto. No hubo que hacer mayores sondeos: una breve encuesta en internet, radio o TV daba por ganador casi por unanimidad a Darío Franco.
Y así fue nomás. Franco apareció del día a la mañana. Los recuerdos de aquel equipazo donde nació futbolísticamente la “joya” del club, Paulo Dybala, el mentor del último sueño, volvió a casa. Fue en 2011-12. Cinco años no es nada.
Claro está que después de que Ferro y San Lorenzo lo frustraran en su ambición de campeonato, la campaña siguiente no fue la mejor y tuvo que emigrar a fines de 2013. Su sueldo había crecido considerablemente de una etapa a otra, vale decirlo. Y a partir de ahí todo fue caos para la dirigencia, al punto que el presidente Juan Carlos Barrera renunció a su cargo un año y medio después, agobiado por deudas y amenazas constantes e incendiarias de Futbolistas Argentinos Agremiados.

Franco como escudo
El básquet arrolla. A punto de jugar el final entre los cuatro mejores del país, Instituto se luce. El fútbol, actividad principal de la entidad, necesitaba un aire fresco para desviar las críticas hacia una gestión que puso pleno sus fichas para el ascenso y, por ahora, figuran en la 19ª ubicación entre 25 equipos. Franco es un escudo para Degafot, un campo de fuerza, una decisión radical que todos siempre quisieron, al borde de la demagogia. Sin embargo, vaya a saber porqué se eligió a Gómez para encabezar el proyecto. Pero ahora en las filas albirrojas, la pasión y la ilusión se renuevan, con una inyección de energía. Todo eso lo consiguió Franco, y Defagot lo quiere aprovechar.
El mes pasado, la asamblea anual ordinaria del ejercicio memoria y balance del año 2015-16 fue aprobada por los socios sin objeciones. Fuera de los términos estatutarios, es cierto, pero es al menos un gesto de cumplimiento. Resta el balance del 2016-17 que está vencida pero que figura en proceso de cumplirse según manifestaron del oficialismo. El concurso luce controlado y bien administrado con una deuda que dejó de ser inquietante. Para su proceso, Defagot necesitaba un cambio, una plataforma que le asegure gobernabilidad. Y la busca consolidar en la cancha. Movimiento rápido, con cintura, para complacer al poco tolerante hincha de Instituto. Con Franco, se garantiza cierta paz, al menos en pos de calmar la ansiedad en las tribunas. Y eso no es poco.



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