Rosalba Campra, lo dicho y la memoria

La escritora visitó Córdoba y presentó el jueves pasado su último libro de poesía: De lejanías, editado por Alción. Fue la oportunidad de entrevistarla, y de ese intercambio ha quedado editada una breve introducción a su trayectoria literaria, contada por ella misma.



Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

Una gran escritora, de Jesús María a Roma.

Nacida en Jesús María, la consagrada escritora Rosalba Campra reside en Roma desde fines de los años ’70 y desarrolló en Europa la mayor parte de su carrera literaria. Lo que sigue es el itinerario de escritura de Rosalba narrado en su propia voz, donde menciona algunas obras suyas del ensayo a la novela, del cuento, a la poesía, aun cuando su producción es más amplia que los títulos que aquí recorre.
“Mi partida a Europa fue para ir a estudiar a Francia, porque aquí estudiaba literatura francesa. Después, por esa serie de circunstancias de la vida, las cosas sentimentales, en vez de quedarme en Francia, me trasladé a Italia. Esa fue la época en que la Argentina sufrió la dictadura, entonces durante un tiempo tampoco volví. Yo no puedo decir que haya sido un exilio, me fui por decisión mía.
Quedarme allí produjo un cambio en mi vida de investigadora universitaria, porque tuve una mirada nueva sobre América Latina, y me dediqué a la literatura de América Latina en mis estudios. Italia fue generosa conmigo porque pude hacer todos los concursos universitarios y gané la cátedra de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Roma, y a eso me dediqué. Fue mi modo de seguir perteneciendo aunque yo no estuviera en casa.
En el plano de la escritura de ficción es más difícil de definir, porque ahí no hay temas obligados, pero en este libro de poesía, De lejanías, sí tiene que ver el hecho de estar afuera y seguir de todos modos con las raíces acá, porque hay poemas sobre eso, y el título mismo lo expresa. Mi interés por la literatura se ha manifestado por un lado en ensayos de corte teórico, he trabajado por ejemplo sobre la literatura fantástica y publiqué un libro sobre eso, pero también sobre la realidad latinoamericana y cómo se la puede entender a través de su literatura. Esto dio origen a mi libro América Latina, la identidad y la máscara (1987), cuya primera edición fue en italiano y luego se editó en español. Allí yo trataba de entender la cultura latinoamericana a través de la búsqueda literaria, y en particular ciertos problemas sin resolver a partir de la condición colonial y de lo que fueron las dictaduras en muchos países latinoamericanos.
En cambio, si paso a hablar de mi obra de ficción yo he escrito novelas, he escrito cuentos y eso que hoy se llama microficción, pero que cuando yo lo escribí la etiqueta no existía. Me acuerdo cuando trate de publicar por primera vez ese libro, que se llamaba Formas de la memoria, fui a ver, presentada por una persona importante del campo de las letras, a un importante editor que abrió mi original escrito a máquina –no había computadoras todavía- y me dijo ¿qué es esto? Y yo le dije, bueno, son narraciones breves, como apólogos, y me dijo ah, no. Esto no es posible porque no sabríamos ni en qué colección ubicarlo. Escriba una novela. Cualquier novela que usted me traiga, se la publico. ¿Pero esto qué voy a decir que es? Bueno, ahora uno puede decir que son microficciones ¿no es cierto? Este libro se editó finalmente en Italia y luego salió aquí en Córdoba (Mínima Mitológica, 2011).
Después de eso otra cosa que publiqué fue una novela, que salió por Ediciones de Boulevard, que se llama Los años del arcángel (1998), una especie de novela histórica muy particular. Es la historia de un arcángel a quien Dios envía en misión a la tierra y lo manda siempre a Argentina, cosa que al arcángel lo tiene harto, pero sobre todo no le da instrucciones. Y él tiene que decidir por sí solo si va a estar de parte de los indios o de los conquistadores, por ejemplo. Es también la historia de un descubrimiento de sí mismo y sobre tomar una responsabilidad. Esto se tradujo al italiano y han salido algunos capítulos en distintas publicaciones.
Otra novela que me publicó Ediciones del Boulevard hace un par de años se llama Las puertas de Casiopea (2014) que en cambio sucede en el puerto de Copenhague, en el barrio de los tatuadores, en una época que no está muy especificada. Es una novela que puede ser fantástica, porque en cierto momento se habla de sirenas, pero en realidad es el modo en que, según una antigua tradición, era el nombre que se les daba a las antiguas prostitutas.
Pero también he publicado poesía. Tal vez eso es algo que me viene de cuando era chica. Yo suelo contar que cuando yo era chica mi papá me lleva a la puerta porque estaba llegando un camioncito que traía un paquete para mí. Y en ese paquete al abrirlo estaba una bibliotequita con seis volúmenes que eran El libro de oro de los niños. Y ahí había dos cosas que marcaron mi vida como persona que escribe. Una de las secciones que se repetía en todos los libros, se llamaba La leyenda áurea de los dioses y de los héroes, y era la mitología griega. Allí descubrí que existían palabras como áurea, que no estaban en el léxico de todos los días. Y lo otro fue descubrir en una sección que se llamaba El mundo sonríe al niño, los textos poéticos de autores hispanoamericanos o de la lengua española, como García Lorca o como Martí. Allí descubro un modo de componer la poesía que no era como el de las rondas infantiles, sino creando rupturas, etc. Entonces ese fue el mundo literario en el que yo fui creciendo.
Y aquí en Córdoba se publicó un pequeño volumen que se llamó Ciudades para errantes (2007), muy bonito, con ilustraciones de Gustavo Figueroa Oroná, que publicó la Universidad Católica en un momento en que tenía una colección de poesía. Allí se alternan poemas con narraciones breves, microficciones digámosle así.
Y en este De lejanía hay poemas breves en los que me inscribo un poco en la tradición clásica de las cantigas. También hay poemas más largos, narrativos, o donde hay una línea donde se cuentan cosas, y yo diría que es un libro sobre la memoria, en un sentido referido a un pasado amplio en el que cada voz va aportando algo. Y después está eso que uno se pone a pensar cuando ya no es joven, que es el paso del tiempo. Cuánto tiempo nos queda, y para qué nos sirve ese tiempo.”



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